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Incesto es la razón por las que los reyes españoles eran feos

Un equipo de especialistas confirma que el prognatismo se debe al matrimonio entre familiares
Carlos II (Imagen: Wikicommons)

Muchos de nosotros hemos vistos los cuadros de los reyes de España de los siglos XVI y XVII. Es inevitable darse cuenta que muchos de ellos tenían una protuberante mandíbula conocida científicamente como prognatismo mandibular. Y esto se debe a los matrimonios entre parientes, cuya proximidad consanguínea se podía considerar como incesto.
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Un grupo de genetistas y cirujanos maxilofacilaes han detectado este prognatismo en 66 retratos de los reyes españoles, que se conservan en el Museo Del Prado y el Museo de Historia de Arte de Viena. Abarcando el periodo entre el reinado de Felipe I (1478-1506), pasando por Carlos V, hasta Carlos II (1661-1700), al que le decían El Hechizado por su aspecto y lamentable estado físico. Se cree que por la cercanía de las relaciones consanguíneas padecía el síndrome Klinefleter, que trae una serie de problemas de salud, como huesos y músculos débiles, poco vello y dificultades de aprendizaje.

Carlos V (Imagen: Wikicommons)

“No es solo prognatismo mandibular. Carlos II tenía la nariz muy caída, los ojos muy caídos, los pómulos muy caídos. Tenía una deficiencia del maxilar y se le caía toda la cara”, señala el investigador Francisco Ceballos.

Los padres de Carlos II fueron Felipe IV y Mariana de Asturias, que eran tío y sobrina. Pero eran generaciones de consanguinidad acumulada, por lo que la relación entre ambos, genéticamente, era como un incesto. La estrategia de los monarcas era dominar Europa emparentando con distintas casas reales, lo que implicaba relaciones sexuales entre primos o tíos y sobrinas.

Felipe IV, el padre de Carlos II (Imagen: Wikicommons)

“La consanguinidad es una puerta de entrada para conocer la arquitectura genética de un rasgo”, explica Ceballos, coautor del estudio Is the “Habsburg jaw” related to inbreeding?, publicado en Annals of Human Biology. Una persona recibe dos versiones de cada gen, es decir, de su padre y de su madre. Estas dos copias pueden ser diferentes, y se manifestará con la variante dominante, enmascarando el otro gen, al que se le conoce como recesivo. Los resultados en los Austrias sugieren que el prognatismo mandibular es un rasgo recesivo que afloró en los monarcas porque los matrimonios endogámicos y las relaciones de incesto aumentaron las probabilidades de heredar las dos copias igualmente defectuosas.

“Los reyes son un laboratorio para estudiar los efectos de la consanguinidad humana”, sostiene Ceballos, que actualmente ha ampliado sus estudios a los Borbones, la actual casa reinante de España.

Con información de El País.