En México, fingen ser sus novios para secuestrarlas

A finales de agosto y principios de septiembre empezaron a surgir casos cada vez más frecuentes de presuntos intentos de secuestro con una característica en común: el perpetrador se hace pasar por el novio de la víctima, una mujer, e intenta llevársela ante la indiferencia de testigos en lugares públicos como centros comerciales o estaciones del Metro.

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El caso de Diana ocurrió el 30 de agosto en Centro Santa Fe, al poniente de la Ciudad de México. En una publicación de Facebook, ella relató cómo, al salir de una tienda de ropa, un hombre alto y vestido de traje empezó a hablarle. La trató como si fueran pareja e intentó llevársela a la fuerza, ante los ojos de varios testigos, mientras intentaba “calmarla”.

[…] Me zafé y entonces me abrazó y me cargó mientras yo gritaba histéricamente que me soltara y pataleaba y le pegaba, mientras veía que toda la gente nos miraba y no hacía nada, pues el tipo actuaba como si me conociera.

[…] Un poli de seguridad de la plaza se acercó, adivinen a qué… Se acercó a él a preguntarle ‘¿Todo bien, caballero?’ Aún cuando yo gritaba que no lo conocía. El tipo le dijo ‘Lo siento mucho, es mi pareja y está molesta haciendo drama, pero ya salimos para que no haya problema, no se preocupe'”. 

Ella cuenta que el policía que los abordó se alejó y no fue hasta que un grupo de jóvenes la ayudó que el sujeto la dejó en paz. Sin embargo, debió salir acompañada de ellos, pues él la esperaba en el estacionamiento. Pero éste no es el único caso de presuntos delincuentes que fingen ser novios para cometer un secuestro.

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Imagen: Especial

Otro caso similar ocurrió el 10 de septiembre en las afueras del Metro Constitución de 1917, en la delegación Iztapalapa. Karina relata que salió del paradero alrededor de las 8:15 PM para tomar un taxi, pues tenía dolor de cabeza y quería llegar pronto a su casa. Fue sobre la calzada Ermita Iztapalapa que una camioneta se acercó a ella y el conductor se ofreció a llevarla.

“Se bajó un tipo de aproximadamente 25 años y 1.75 de estatura, complexión delgada, tez morena y bien vestido. Me hablaba como si yo fuera su pareja y me insistía que me subiera a la camioneta”.

Como en el caso anterior, el hombre intentó llevarla con él haciendo parecer que la situación no era más que una pelea de pareja, que eran novios. Varios transeúntes se detuvieron a mirar, pero ninguno hizo algo por ayudarla: “Toda la gente pasaba y tomaba la situación como algo normal, me ignoraban o simplemente lo tomaban con morbo.

Karina logró zafarse gracias a que un policía se acercó; no a ayudarla, sino a regañar al hombre porque estaba estacionado en un lugar prohibido. Cuando ella pidió ayuda, el policía le dijo que no era su labor “resolver problemas de novios” y que “cuando hay problemas, todas desconocen a su pareja”. ¿Y si se trata de un secuestro y no de un pleito entre novios?

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Paradero del Metro Constitución. Imagen: Google Maps

“Me siento enojada, frustrada, insegura y con un miedo inmenso”, escribió.En este país nos pueden desaparecer frente a los ojos de varios ciudadanos e incluso de las mismas autoridades y no habrá consecuencias para los agresores“.

En entrevista con Plumas Atómicas, Karina señaló que acudió al día siguiente a presentar una denuncia en el Ministerio Público. Sin embargo, le dijeron que la denuncia no procedería porque “el delito no fue consumado” y, por lo tanto, “no hay delito que perseguir”. “Lo único que podía hacer era un retrato hablado, dijo Karina. “Pero me dijeron que regresara más tarde porque todavía no llegaba ‘el que dibuja’.

Un tercer caso ocurrió en la estación Taxqueña del Metro, al sur de la Ciudad de México, cuando Joss transbordaba hacia el Tren Ligero. Ella relata en Facebook que un hombre se le acercó por detrás y le ordenó que siguiera caminando. En los andenes del transporte, el sujeto le habló como si fueran novios y estuvieran teniendo una pelea de pareja:

“Me metió a los andenes del Tren Ligero y empezó a hablar en voz alta, diciéndome ‘Ya no te enojes, mi amor, deja de hacer berrinches‘. Una señora que venía a mi lado trataba de verme la cara, pero él hizo presión en mi cuello para que mantuviera la cabeza abajo.

“[…] Cuando él me jaló empecé a decir que no lo conocía, que me soltara, y empecé a gritar. La señora me jaló hacia ella y él se bajó dos estaciones después. Le dije al policía que él me venía siguiendo desde no sé dónde y en Taxqueña empezó todo”.

Joss señaló que el hombre se la llevó seis estaciones hacia el sur desde Taxqueña. Recuerda que llevaba tenis, pantalón de mezclilla, tenía piel morena clara y medía al menos 1.75 metros. En entrevista con Vix, Joss declaró que no denunció ante las autoridades por “las malas experiencias de acoso sexual en el Metro que había tenido en el pasado”. Y ciertamente, al menos en un caso, la policía no quiso meterse en un “problema de novios” que era más bien un “intento de secuestro”.

Como se observa en este mapa, los tres casos ocurrieron en las zonas sur-poniente, sur-centro y sur-oriente de la Ciudad de México, cerca de vías rápidas de comunicación:

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Mapa de los presuntos intentos de secuestro. Imagen: Google Maps

El común denominador son los agresores y su modus operandi: hombres altos que fingen tener una relación con la víctima para que las personas alrededor se abstengan de intervenir. Mantienen la calma en todo momento mientras que las mujeres son ignoradas cuando gritan y forcejean.

De acuerdo con la psicóloga Liliana Herrera, esta forma de agresión tiene que ver con una estrategia de poder y control, que a su vez es parte de la desigualdad de género y la normalización del maltrato hacia las mujeres:

“Es una escena de poder en la que el hombre aparenta ser una persona ‘racional’ y ‘en control’. Los testigos, también llamados ‘espectadores pasivos’ no actúan porque se normaliza la creencia de que los pleitos de pareja ‘son cosa de dos’ y ‘no hay que meterse, que lo arreglen ellos’. Se tiende a imaginar situaciones ficticias de la situación: ‘Seguramente ella miente y dice que no lo conoce porque quiere alejarse'”.

No obstante, Herrera señala que ante situaciones similares hay que romper la presión social y actuar: “Si no podemos ayudar en ese momento, no hay que pasar de largo: hay que buscar la ayuda de alguien más y practicar la solidaridad como sociedad.

Por: Redacción PA.