Se acabaron los días de ‘Violola y luego matola con una pistola’

Al ritmo de una cumbia, David Alvarado toma el retorno a la altura de Metro Puebla para iniciar el camino por la historia de la noche: la Policía capitalina encontró a un menor de edad en Chimalcoyoc, Tlalpan. Primeros reportes indican que le pegaban en su hogar y huyó.

“Prefiero matarme a regresar a mi casa”, imagina como titular Juan Bermúdez, reportero del ¡Pásala!, mientras David, del mismo diario, se enfila hacia la Fiscalía Central de Investigación para la Atención de Niños, Niñas, y Adolescentes de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, en la colonia Doctores.

“Los reporteros de nota roja ya no se reúnen en el Ángel, pero las historias siguen sucediendo”.

David se estaciona. Saca su equipo fotográfico y se prepara ante la posibilidad de retratar a un niño de siete años que abandonó su hogar dos días antes de que vecinos del pueblo lo encontraran en la salida a Cuernavaca. 

Es un caso raro, pero David, quien cumple 60 años en febrero del próximo año y fue también fotógrafo para el Alarma!, ha visto y documentado todo: desde baleados y atropellados hasta colgados y descabezados.

La patrulla en la que el menor fue trasladado.

No hay suerte para la fotografía. Para cuando llega la prensa al inmueble, Leonardo, el niño, ya está acostado y dormido bajo el resguardo de las autoridades.

El reportero descubre que las autoridades se irán contra la madre de Leonardo. “Maltrato a menores”, le señalan. Se investigará el caso.

Fue alrededor de las 21:00 horas cuando Diego, un joven de Chimalcoyoc vio al niño paseando en la vía pública. Lo detuvo y le preguntó qué hacía ahí. Trataban de ayudar él y otros. El niño se enojó, se puso agresivo y hasta trató de morder. “Prefiero matarme a regresar a mi casa”, dijo.

Antes de ser hallado, Leonardo había pasado dos días solo en la calle. Robó comida para subsistir.

Tenía golpes en el rostro, señaló Diego, quien regresaba del trabajo cuando encontró a Leonardo. Al momento de responderle las preguntas a la prensa ya era la 01:30 del sábado 2 de diciembre.

Diego encontró a Leonardo cuando regresaba del trabajo.

La noche no empezó así…

“Motociclista, Z-1”, le dice el reportero Bermúdez a David, ya sobre Congreso de la Unión. Eran cerca de las 23:30 horas del 1 de diciembre.

Un muerto y dos lesionados es hacia donde se dirigen los periodistas. Un motociclista y su acompañante chocan contra un ciclista. El conductor fue quien falleció. Para cuando están cerca, ya no hay nada. Siguiente destino: Texcoco, otro muerto. Sin embargo, el dato del menor surge de entre las fuentes.

David conduce. Su ventanilla abajo y la música que le da ritmo al viaje. Conocido como “Gama”, es un hombre que dice lo que necesita decir. Habla a su manera. Lo escucha quien él quiere que lo escuche. Con su gorra y lentes mira hacia el camino y cuando dice algo lo dice en el volumen suficiente para quien lo necesite oír.

Se levanta al medio día, entra a trabajar a las 22:00 horas y termina su turno a las 06:00 del día siguiente”.

El apodo de “Gama” se lo dio un compañero. Relata que se lo ponen por ser jefe, pues es alguien que sabe qué hacer y cómo hacerlo. Pero eso fue ya que estaba entrado en la cobertura de la nota policial. David empezó hace 29 años, ya casi 30. Cuando estudiaba trabajaba en un taxi y siempre que veía un muerto se detenía a verlo. Desde siempre le llamó la atención la nota roja…

Un día un amigo suyo le pidió que lo acompañara a una cobertura y ahí empezó. Después tomó clases de periodismo en la Escuela de Periodismo Carlos Septién. Era aún joven.

Uno no pensaría que va a cumplir 60 años. Lo miras y sabes que ya ha vivido sus años, pero no hay arruga en su rostro que delate su edad. Sus labios delgados y ojos negros resaltan de entre su serio semblante, del cual sale una sonrisa y una leve carcajada cuando señala: “soy un vampiro”. Se levanta al medio día, entra a trabajar a las 22:00 horas y termina su turno a las 06:00 del día siguiente. Ve la luz del sol, pero vive de noche.

Son las 02:45 del sábado. La sala de prensa en la oficina de Comunicación Social de la Procuraduría está en silencio. El sueño pesa sobre los periodistas que aguardan al llamado de una tragedia más en la Ciudad de México, aquellos sucesos que tanto achacan a la sociedad, pero que muchos no se atreven a mirar cuando se imprimen en los medios de nota roja como el ¡Pásala!, El Gráfico o el Metro. Los repelen, sin embargo, son personas como Juan y David los que se hunden en el lodo de lo más crudo de la miseria humana para contar las historias de la Capital.

“Ahora las autoridades no facilitan el trabajo del reportero de nota roja”.

David trabajó 15 años en el Alarma!, antes de que cerrara. Ahí, su editor le decía que lo que se debía hacer era jugar con la imagen y las palabras. Es eso lo que debe de ver el lector, razón misma por la cual sacará los seis pesos de su bolsillo y pagará por leer sobre los incidentes violentos, sucesos que según las cifras, se hacen cada vez más comunes entre los ciudadanos.

Desde enero y hasta octubre de este año, se reportaron 905 homicidios dolosos, 17% más casos que en el mismo lapso del 2016. Esta cifra se da con el mes más violento a nivel nacional en los últimos 20 años.

“Como el Alarma! ya no habrá otro”, dice. “Ya se acabaron los días de ‘Violola y luego matola… Con una pistola'”. Hoy los reporteros de nota roja ya no se reúnen en el Ángel de la Independencia, aunque siguen jalando juntos desde otras partes, a veces avisando de lo que trae uno o el otro. Además, relata el fotógrafo, ya los policías no son los mismos.

Antes se conocían y los mismos les llegaban a abrir paso a los periodistas y a la gente le decían: “vienen a hacer su trabajo”, cuando ésta se agitaba ante los flashazos para retratar a los muertos. Ahora los agentes incluso acordonan desde la esquina y dejan totalmente ajenos de la información a los fotógrafos y reporteros.

Pero se acercan otros tiempos.

“Puro balaceado”, advierte un reportero en la sala de prensa. Es diciembre, la época de la Navidad y las reuniones familiares, la época de las compras y los anticipados aguinaldos… temporada abierta para el crimen en la Ciudad de México.

Tan sólo el martes pasado un presunto ladrón fue linchado en Tláhuac por quitarle su aguinaldo a un adulto mayor.

“Mientras todos duermen, ellos documentan tragedias”.

Hoy no hay muertos, al menos no para el ojo de David.

Entre la información que llega a los que quedan en la sala de prensa a las 05:35, se da a conocer un Z-1. Una mujer de 71 años murió. Se ahogó, dice el periodista que le avisa a David, quien al recibir la información se endereza, como siempre le hace para escuchar, listo para salir al lugar de los hechos. Sin embargo, el hallazgo del cadáver fue a la 01:00. “Nos la pelamos”, dice David. Todos regresan a la espera.

Fue una noche relativamente tranquila para la Ciudad de México. Mientras todos dormían, los reporteros y fotógrafos andaban por las calles para documentar las tragedias: heridos, muertos… El informe de un posible prensado por un accidente vial sería el último caso de la madrugada. Al llegar a la escena, el conductor estaba en buen estado. Sólo había chocado. Ya pronto amanecería.