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¿Por qué sí hay que responder el discurso de odio de Mauricio Clark?

¿Por qué sí responder el discurso de odio de Mauricio Clark? (Imagen: Especial)

Con cada vez más insitencia y de forma más ruidosa, Mauricio Clark, exreportero, se vale de Twitter y espacios en medios de comunicación de alcance nacional, para impulsar una teoría de la conspiración que ni es nueva ni original en América Latina.

Más que ‘cancelarlo’ o decir que no vale la pena porque “busca atención”, es necesario analizar por qué es más urgente hacer justo lo contrario: desarticular sus “argumentos”.

Mauricio Clark es una fuente constante de indignación en redes sociales: sus comentarios homofóbicos y el impulso que da a las teorías conspiracionistas como la “ideología de género”.

La respuesta en redes sociales a sus múltiples comentarios siempre es o burla o “cancelarlo” a través de denunciar sus tuits o bloquear su cuenta.

Y sí, una medida ante personajes que propagan odio es silenciarlos, sin embargo, los dichos de Clark tienen un público y conectan con gente que busca una justificación externa para validar sus prejuicios dañinos y violentos.

Mauricio, como otros propagandistas como Agustín Laje, se dice víctima de una “dictadura ideológica”, de “lo políticamente correcto” y de otras autoridades etéreas (e inexistentes): sus dichos no llegan a mucha gente o son bloqueados en Twitter no por violentos, sino porque “no cuadran” con la forma como otros piensan.

Lo curioso es que, de hecho, como piensa Clark o los libros de Laje son pensamientos hegemónicos en los países latinoamericanos, donde la lucha por los derechos LGBT sigue y un buen porcentaje de la población, de acuerdo a la ENADIS 2018, rechaza abiertamente a la comunidad LGBT.

Su última justificación para sus comentarios es que el busca “defender” a la comunidad “de la que formaba parte” de “políticos corruptos” y una cábala de poderosos de ser utilizados con fines tan macabros como “eliminar a tres cuartos de la población mundial”.

Tuit homofóbico de Mauricio Clark que se convirtió en meme (Imagen: Twitter)

Para esto, Laje, Clark y otros homófobos basan en cifras verídicas (algunas, otras desactualizadas y otras abiertamente falsas) sus conclusiones falaces e hirientes para buena parte de la comunidad LGBT: el alto índice de suicidios, la incidencia de enfermedades sexuales y la “tasa de adicciones”.

El suicidio en la comunidad LGBT es tan alto que, por ejemplo, la esperanza de vida de una persona trans es 30 años menos que el de una cisgénero, sin embargo, como demuestran múltiples estudios, no se trata de un problema inherente a la comunidad, sino al aislamiento y rechazo de familia, comunidad y sociedad.

Clark dice que él tiene libertad de expresar sus opiniones, sin embargo cae en una falacia usada hasta el cansancio por grupos de ultraderecha: no es lo mismo la libertad de expresión que el discurso de odio.

Vamos por partes: ¿qué es el discurso de odio? Su definición más sencilla podría ser, como escribe Gustavo Kaufman, “toda expresión altamente negativa que daña el cuerpo social al humillar a sus integrantes más vulnerables y que provocan su discriminación y exclusión de la sociedad”. (Vía: Odium Dicta. Libertad de expresión y protección de grupos vulnerables en Internet)

En pocas palabras: el discurso de odio son los dichos y expresiones que refuerzan o amenazan con afectar la integridad de grupos vulnerables.

Clark no está salvando a nadie, no está ayudando a nadie ni está develando una maquinaria secreta que quiere acabar con la humanidad. Simplemente está repitiendo falacias desmentidas hasta el cansancio que afectan a quienes dice “amar” y de quienes dice “preocuparse”.

Es necesario y urgente responder y no solo ‘cancelar’ el discurso de odio de Clark porque hay gente que cree igual que él, que cree que lo que él dice legitima su odio. Y eso no hay forma de cancelarlo más que confrontándolo.