¿Cómo prevenir la violencia feminicida?

De enero a octubre de 2020, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad registró dos mil 384 asesinatos de mujeres
(Imagen: Pixabay)

México sufre el aumento exponencial de la violencia feminicida. Este mal social ya quita la vida a 10 mujeres cada día. De enero a octubre de 2020, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad registró dos mil 384 asesinatos de mujeres, comparados con los mil 735 sucedidos durante todo 2015.

Y no sólo preocupa la cantidad de vidas perdidas, también los nuevos factores a considerar en crímenes contra las mujeres, derivados de la violencia armada. Ahora el uso de armas de fuego y las muertes en la vía pública son comunes.

En el informe Claves para entender y prevenir los asesinatos de mujeres en México, de la organización Data Cívica y del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), se indica que, desde 2018, seis de cada diez mujeres son ultimadas a disparos y que, desde 2009, los feminicidios dejaron de registrarse principalmente al interior de las viviendas para ser cometidos en público.

A pesar de que la mayoría de los crímenes contra las mujeres siguen ocurriendo en un contexto de violencia familiar, sobre todo a manos de la pareja, hoy la calle es el lugar de mayor riesgo para la vida de las mujeres sin importar su lugar de origen o residencia ni su nivel socioeconómico o educativo ni su estado civil, preferencia sexual, creencias, ocupación o edad.

(Imagen: Plumas Atómicas)

Llama la atención que de los más de dos mil casos de mujeres asesinadas sólo 777 sean investigados como feminicidios, en un país donde más de la mitad de sus entidades federativas, 19 de las 32 para ser exactos, cuentan con la alerta de género.

Si bien la crisis de inseguridad en México pone en riesgo la vida de hombres y mujeres, a ellas se les mata de formas significativamente distintas y por razones particulares. En general, los hombres asesinan a las mujeres por machismo, por discriminación, explotación y misoginia.

Ante un escenario tan desalentador para las mujeres mexicanas, donde el gobierno y las instituciones no hacen eco a sus demandas de seguridad y justicia, o al menos cuya respuesta no ha sido suficiente, se necesita buscar otro tipo de soluciones a la violencia de género.

Plumas Atómicas recurrió a expertos en la conducta humana para indagar si es posible prevenir y/o erradicar la violencia feminicida de una vez por todas. Y de ser así, cómo hacerlo.

De acuerdo con los especialistas el machismo y la violencia se aprenden. El macho no nace, se hace.

César Romero Rebollar, doctor en neurociencias, nos dijo que la violencia feminicida:

“Tiene que ver con la exposición a estos patrones, a estas ideas que ya existen de una cultura muy sesgada hacia el machismo, muy sesgada a la aceptación de que el hombre tiene derecho a maltratar a la mujer, el hombre tiene derecho a violentarla sexualmente. Si tú lo aceptas y si tú te expones constantemente a esto es muy probable que generes este tipo de asociaciones y que sean la motivación como tal, que sean el origen de este tipo de actos (feminicidas)”.

Por su parte, Karla Díaz Galván, igualmente especialista en neurociencias de la conducta, menciona que:

“También son importantes los estilos de crianza desde el punto de vista de los papás, de cómo educan a sus hijos. Estilos parentales en los que son negligentes y en el que no se atienden ninguna de las necesidades del niño, hacen que ese niño no tenga brújula ni conozca un límite ni tampoco aprenda a desarrollar adecuadamente emociones como la empatía”.

Es entonces el aprendizaje, en el seno familiar, de la idea de poder y de derecho de los hombres sobre las mujeres, aunado al desarrollo de las personas en comunidades donde la violencia es aceptada y es el medio para conseguir lo que se desea. Esto ha creado el caldo de cultivo más adecuado para la generación de la violencia feminicida.

La neurociencia afirma que los rasgos violentos en sí son detectables a temprana edad y, por ende, es posible identificar a tiempo a un potencial feminicida. Si bien la detección requiere estudios especializados personalizados, se debe poner atención en la presencia de focos rojos durante las distintas etapas de la vida de un hombre.

(Imagen: Plumas Atómicas)

“Desde niños, a partir de los 4, 5, 6 años, tú los puedes detectar. Tienen muy facilitado este tipo de aprendizaje social de lo malo, aprenden lo malo como dicen los papás. Tienes a los niños insensibles que a lo mejor son un tanto desafiantes, que no les gustan las reglas”, en palabras de César Romero, quien también nos comentó que existen indicadores durante la adolescencia.

“Conductualmente son muy disruptivos y realmente desafían a los papás o a los maestros. Cuando están en esa onda de establecer primeras citas, empiezan a tener relaciones conflictivas, empiezan a abusar de la persona, a gritarle, un golpecito, la obligan a tener relaciones o prácticas (sexuales), etcétera. Y conductas de stalker, de acoso, de amedrentar, ser muy bully con la pareja pero ya con ese afán de obtener algo a partir de usar la violencia. Esperan, de una forma muy distorsionada, como un reconocimiento social a partir de utilizar la violencia contra alguien más vulnerable”.

Niños y adolescentes con estas características seguramente serán adultos agresores de mujeres que, incluso, podrían convertirse en feminicidas.

Según los especialistas, un agresor de mujeres es un hombre con una conducta violenta en todos los ámbitos de su vida, sin embargo es posible corregir las personalidades violentas, tanto en niños como en adultos.

En México han existido programas sanitarios donde los hombres denunciados por violentar a mujeres son enviados a terapias grupales, tipo AA, como la Atención re-educativa a hombres que ejercen violencia del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), o el Programa de reeducación para víctimas y agresores de violencia de pareja del antiguo Instituto Nacional de Salud Pública, aunque éstos no han dado los resultados deseados. Y el doctor César Romero nos explicó por qué:

“Ir a platicar de tus experiencias funciona como para bajar el estrés, para bajar a lo mejor la preocupación, pero no hay una estrategia de reevaluación de lo que estás haciendo. Eso nada más (se logra) con un entrenamiento cognitivo que te da una terapia.

“Es importante ir con una persona que sí tenga entrenamiento en este tipo de terapias, que haga primero una evaluación, haga un plan de sesiones, y haga sobre todo estas intervenciones cognitivo conductuales que sí te llevan a regular la violencia. Y no son tan tardadas en tiempo, hay protocolos que van desde 12 semanas hasta un año”.

Las terapias cognitivo conductuales son una solución que parten de la voluntad de los individuos pero que, por fuerza, deberán ir acompañadas, sí de políticas públicas y de castigo a los delitos, pero también de la reestructuración de las relaciones entre hombres y mujeres. Se trata de eliminar el machismo desde el aprendizaje de lo social, desde los procesos educativos y culturales.

Así lo planteó a Plumas Atómicas la especialista en conducta, Karla Díaz:

“Ahí está la clave de todo, en la prevención. En la psicoeducación a los papás porque creo que los papás tampoco tienen conciencia de cómo están criando a sus hijos. A las niñas, específicamente, lo que hay que fomentarles es que tengan una autoestima fuerte, que sean independientes, que les enseñen cómo solucionar problemas y a fomentar sanas relaciones con los demás. Obviamente todo eso ayuda a prevenir que se involucren en una relación así (violenta).

“En la escuela (se debe fomentar) el respeto mutuo, el respeto no nada más entre ellos como niños sino hacia otras criaturas vivas, los animales. Incrementar la empatía en los niños hacia las niñas. Todo esto es muy importante no nada más desde casa, sino también en la escuela”.

La posibilidad de detectar y tratar a tiempo la violencia en hombres, ofrece a la sociedad mexicana un panorama esperanzador, uno que nos hace pensar que la erradicación de la violencia feminicida, tan urgente, es posible.

Quizá la próxima Navidad sea una buena ocasión para regalarle a tu padre, a tu pareja o a tu mejor amigo una terapia cognitivo conductual para tratar sus violencias machistas.

Por Paola E. González

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