‘Era un día normal’: Una crónica de la matanza de El Paso

'La comunidad paseña descubrió que las balas no piden papeles'
Banderas en el memorial de las 22 víctimas del tiroteo de El Paso. Imagen: Gil Arellano/ Plumas Atómicas

Flores, cartas, consignas y fotografías inundaron el memorial con 22 cruces afuera de la propiedad de Wal-Mart en Cielo Vista, El Paso. Mientras algunos lloraban, otros predicaban en nombre de Cristo o de Dios, ya fuera en inglés o español. Si bien la barrera del lenguaje podría parecer una señal de división, en esta parte de Estados Unidos es un símbolo de su identidad.

Al interior de la propiedad, a cuatro kilómetros de la frontera con Ciudad Juárez, más de una docena de carros lucían abandonados. Mientras algunos serán reclamados por sus dueños, otros nunca serán recuperados.

Paseños frente a las 22 cruces colocadas en el memorial a las víctimas del tiroteo masivo. Imagen: Esteban González de León/ Plumas Atómicas

Este estacionamiento es parte de la escena del crimen, donde un hombre armado con un AK-47 atentó contra la identidad toda una comunidad.

El 3 de agosto, Patrick Crusius, de 21 años, entró al Wal-Mart de Cielo Vista. Asesinó a 17 personas en ese mismo lugar. Cinco personas más fallecieron en los dos hospitales a los que fueron trasladados, el Del Sol y el Universitario de El Paso. Otras veinticuatro personas fueron internadas por herida de bala.

“El sábado empezó como lo que parecía ser un día regular para nosotros. De hecho parecía un poco callado. Nos enteramos que se notificó sobre la situación de un tirador activo ocurriendo en la ciudad”, nos dijo el director de traumatología del Centro Médico Del Sol, el doctor Stephen Flaherty.

Al poco tiempo de las alertas del tirador activo en El Paso, el Centro Médico Del Sol recibió a once heridos. Dos de ellos fallecieron por las lesiones.

Estacionamiento del Wal-Mart donde el tirador asesinó a 17 personas y cinco más murieron más tarde por sus heridas. Imagen: Esteban González/ Plumas Atómicas

Mientras algunos de los pacientes siguen siendo atendidos y otros ya fueron dados de alta, el equipo del doctor Flaherty parece llevar la situación de manera normal. Pero constantemente, en medio de una conversación, los trabajadores en el hospital tienen que batallar con las lágrimas. Algo similar se puede ver en toda la gente con la que hablamos en El Paso.

De la tragedia a las heridas

Irene Espino se encontraba en Guadalajara cuando su madre le informó que hubo una balacera en El Paso. Le dijeron que el hermano de su cuñada, Mario de Alba, su esposa, Olivia, y su hija de 10 años, Érika, estaban heridos.

Mario recibió un balazo en la espalda. El proyectil lastimó su vaso, su intestino, su páncreas, dejándolo en estado grave. Otra bala lesionó a Olivia en la mano y el pecho; la niña tenía una bala en la pierna.

“Cuando estaban adentro [del Wal-Mart], empezaron a escuchar los balazos. Entonces, por lo que cuenta la niña, ella no más recuerda que su papá les dijo: ‘Corran, escóndanse’ y los trató de cubrir y entonces ya, ella platica, ya que cuando la levantaron, ella veía sangre por todos lados, que había personas muertas…”, relató Irene, residente de Ciudad Juárez.

Mario sigue en cuidado intensivo. Sin embargo, toda esta familia parece haber superado el peligro, aunque su salud psicológica será otro tema.

El tirador en cámaras de seguridad del Wal-Mart. Imagen: Especial

El Paso es una ciudad de aproximadamente 800 mil habitantes y, de acuerdo a los censos oficiales, más del 80% de la población es de ascendencia latina. Esta urbe, en conjunto con Ciudad Juárez, es una de las zonas metropolitanas transfronterizas más importantes entre México y Estados Unidos.

Por esta razón –y tomando en cuenta que en 2019 se han registrado más de 250 tiroteos masivos en Estados Unidos–, cuando Crusius abrió fuego contra la comunidad latina y los mexicanos que visitaban el Wal-Mart, se volvió mucho más que un número que se agregaría a las estadísticas.

“Nunca esperamos que llegara alguien de otro lugar a venir a atacarnos aquí a nuestro propio hogar”, comentó Leslie González durante la manifestación El Paso Strong el 7 de agosto.

Leslie, nacida en Ciudad Juárez y criada en El Paso, nos dio esta declaración en medio de la manifestación convocada por los locales para protestar contra el supremacismo blanco y la violencia por armas de fuego. Como ella, eran los mismos sentimientos de todos aquellos en la manifestación y en otros puntos que visitamos en la ciudad.

Manifestantes llevaron pancartas contra el presidente Trump. Imagen: Peter Kronish/ Plumas Atómicas

“Siempre había sentido que El Paso es una comunidad que abraza a todos, a todas las culturas, todas las razas, todas las religiones. Ya no siento eso. Hemos sido atacados porque somos mexicanos”, nos dijo Patsy Terrazas, otra residente.

Para Ron Stalwarth, marido de Patsy, este evento es una mancha para El Paso, una marca oscura, pero no esto no definirá a la comunidad.

“Somos mejor que eso, somos más fuertes. Tenemos mucho orgullo y esto sólo fue una alerta en el radar, tristemente una alerta horrible, pero es lo que es”, aseguró Ron.

Esta pareja, así como policías de la ciudad y el resto de la gente con la que pudimos hablar, sienten que esto, lejos de dividirlos, los unificará. La retórica señalada como racista que Trump ha alimentado –que viene desde hace décadas en Estados Unidos– no los afectará.

Un agente de El Paso en el operativo de seguridad por la visita de Trump a la ciudad. Imagen: Peter Kronish/ Plumas Atómicas

Miedo y armas

Estados Unidos tiene la segunda enmienda en su constitución. Esto representa una parte importante para la identidad de una parte del país, especialmente en Texas, especialmente en la frontera.

Eso es lo que nos dijo Adam Pierce, un joven simpatizante de Trump afuera del Centro Médico Universitario de El Paso durante la visita de su presidente a los sobrevivientes, familiares de víctimas y primeros respondientes, el pasado 7 de agosto.

“Tienes el derecho de tener y portar armas y tienes el derecho a defenderte. No quieres pasar una ley que castigue a ciudadanos que cumplen la ley al decirles qué pueden y qué no pueden tener”, declaró Adam.

Simpatizantes de Trump afuera del hospital que visitó el presidente durante su visita a El Paso. Imagen: Esteban González de León/ Plumas Atómicas

Él estaba dentro de un contingente de simpatizantes de Trump, justo a lado de un contingente oponiéndose a la visita del presidente. En este hospital rodeado por granaderos, así como en la manifestación El Paso Strong, culparon a Trump por el ataque de Patrick Crusius, quien en su manifiesto deslindó al presidente de esa responsabilidad.

“Siempre todo mundo lo ha sentido, suavecito, sigiloso, pero ya lo que tenemos realmente es el racismo abierto, legitimizado por el Estado y creo que esa violencia que viene a partir de Trump, realmente, o que se ha agudizado, llega con el Ejército. ¿A quién le pones el Ejército?”, nos comentó en entrevista Carlos Spector, abogado paseño en materia migratoria desde hace más de 30 años.
“Se ha legitimizado esa violencia contra la comunidad mexicana (…). Ese es el peligro que existe y que realmente ahorita siente y reconoce la comunidad paseña en el sentido de que todo el mundo se dio cuenta que las balas no piden papeles”.

Esa es la confrontación que se siente en El Paso sobre Trump. E igual de opuesta es la opinión sobre el debate de las armas. Mientras gente como Adam apoyan políticas como las de Texas –donde puedes hacerte de un arsenal con facilidad–, residentes y organizaciones desestiman estas medidas.

Beto O’Rourke, aspirante presidencial demócrata, durante manifestación contra armas y supremacismo. Imagen: Peter Kronish/ Plumas Atómicas

Tras la masacre de 17 jóvenes en una preparatoria de Parkland, Florida, en febrero de 2018, estudiantes solicitaron regular la portación de armas. Así pasó con todos los demás tiroteos masivos previos y así sigue el debate tras el ataque en El Paso.

“Muchísima gente no entendemos por qué hay este tipo de armas a la venta al público, que son diseñadas para el combate, zonas de conflicto, de guerra”, nos dijo en entrevista Mario Porras, director de asuntos binacionales para El Paso Community Foundation.

Porras aseguró que sintió que este ataque –al cual le siguió otra balacera en Dayton, Ohio– provocó la expresión de un mayor hartazgo, más cobertura. Quizá sí, incluso en las cámaras legislativas se comenzó a revisar una ley de control de armas y hasta Trump expresó su preocupación por este fenómeno.

Un paseño ante el memorial de las 22 víctimas del tiroteo. Imagen: Peter Kronish/ Plumas Atómicas

Sin embargo, desde estos hechos, medios han reportado que la comunidad latina ha comenzado a tomar clases para usar armas de fuego y su venta se ha disparado, como informó The Guardian. Esto, debido al temor que el manifiesto publicado en internet y las acciones de Crusius han provocado entre la comunidad hispana. En verdad, señalan, sienten miedo.

La esperanza de que esta situación no se repita, que la comunidad no se divida, sigue. Mario Porras cree que lo que sigue es un proceso de sanación y que la misma comunidad paseña, así como la de Ciudad Juárez, encontrarán el modo de salir adelante.