Rappi: deudas, explotación y cobros injustificados

Tienes antojo y flojera, está lloviendo y no quieres salir de tu casa. Desde tu teléfono pides una hamburguesa, unas papas y un pay de manzana al McDonald’s que te queda caminando; llega antes de 35 minutos, pagaste un poco más pero estás cómodo, seco y se te va a quitar la poquita hambre. Mientras, el repartido, “rappitendero” para la app, tiene que cumplir otros 6 o 7 pedidos: retiros del cajero, pasta de dientes, hasta bañar un perro, si quiere terminar la quincena… y si la app recuerda depositarle sus ganancias.

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El pasado 27 de septiembre, cientos de “rappitenderos” se manifestaron frente a las oficinas de la Ciudad de México de la app, en el número 57 del Boulevard Miguel de Cervantes Saavedra, en la colonia Granada, para denunciar que fueron notificados de adeudos: desde 1 peso hasta 40 mil sin explicación alguna.

Cuando pidieron una explicación, la empresa simplemente les dijo que había ocurrido un “error en los depósitos” y las deudas desaparecieron, así, como llegaron.

Rappi, fundada por dos colombianos, Simón Borerro y Felipe Villamín, en Bogotá en el 2015, llegó al año siguiente a México. Actualmente, tiene 18 mil mensajeros, más de un millón de mexicanos lo usan y al día se realizan más de 50 mil pedidos en CDMX, el Estado de México, Guadalajara, Querétaro, Monterrey, Puebla y Guadalajara. (Vía: Animal Político)

Este particular tipo de aplicaciones, han crecido en México 25.8% en 2018 y tiene un valor total de mil millones de dólares. Rappi, específicamente, ha recibido inversiones de varias compañías financieras “incubadoras”, como DST Global, que le “inyectó” 220 millones de dólares para expandir su operación en los países en los que ya trabaja y Brasil. (Vía: iProfesional)

Sin prestaciones, sin seguro y sin ninguna responsabilidad de la empresa por su bienestar, los “RappiTenderos” se enfrentan solos contra el mundo: usuarios, restaurantes y los mismos procesos engorrosos y burocráticos para hacerse del dinero que ya ganaron pero que no les es entregado.

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Plumas Atómicas platicó con un exrepartidor de Rappi, quien pidió mantener en el anonimato su identidad, ya que los obligan a firmar, nos dijo, un acuerdo de privacidad cuando se suman a su fuerza laboral.

Él trabajó por varios meses en 2016, cuando la aplicación utilizaba una complicada plataforma bancaria para sus pagos:

“nosotros siempre pagábamos el pedido a través de una tarjeta de débito en la que se nos depositaba el monto de la orden, el restaurante se quedaba con una parte y Rappi con un porcentaje. No siempre caía el dinero, así que tenía que pagarlo con mi dinero, porque si no llegaba el pedido, nos penalizaban”, dijo el ex”RappiTendero” a Plumas Atómicas.

Los repartidores tienen que gastar constantemente en el mantenimiento de sus bicicletas y motocicletas, en las pilas externas y el plan de datos; ya ni hablar del esfuerzo físico y mental que implica desplazarse por toda la ciudad en horas pico en una ciudad que no respeta al ciclista.

¿Cómo es que una aplicación como esta (o como las otras, como Uber Eats, Postmates y Sin Delantal) pueden atraer repartidores? Emiliano Gullo, periodista y RappiTendero argentino por diez días, narró su experiencia en la revista Anfibia, de la Universidad Nacional de San Martín y así lo explicó:

Rappi se alimenta, por un lado, de dos debilidades muy concretas y complementarias: la necesidad del inmigrante y la desesperación del desempleado. Por el otro, de la fetichización de la inmediatez. No importa cuan lejos se encuentre el restaurante. Toco la pantalla y lo obtengo. Rappi, entonces, rompe con el concepto de delivery tradicional que implicaba cercanía y hasta conocimiento de los repartidores, que muchas veces se peleaban por llevarle la comida al cliente con fama de generoso“. (Vía: Anfibia)

Si bien las tasas de desempleo de México no se parecen, ni de cerca, a las de Argentina, eso no significa que para un mexicano desempleado en la Ciudad de México las cosas sean menos complicadas. Es por ello que aplicaciones de la “shared economy” han funcionado tan bien en ciudades como CDMX, Monterrey, Puebla y Guadalajara: consumen fuerza laboral desechable para satisfacer servicios suntuarios de una clase media (o al menos ‘laboralmente estable’).

George Ciccariello-Maher, académico y activista de Philadelphia, fue golpeado directamente por la inestabilidad de este tipo de aplicaciones: su amigo y compañero de muchos años, Pablo Avendaño, murió atropellado por un auto en medio de una entrega para Caviar, una app similar a Rappi; tras su muerte (que, obviamente, no tuvo responsabilidad legal, laboral o jurídica para Caviar), escribió en The Nation:

Ahora ‘elegimos’ si vendemos o no nuestro trabajo, pero también ‘elegimos’ cuándo hacerlo, qué chambas aceptamos y cuáles no, si queremos trabajar desde casa o no. Pero seguimos sin poder elegir las condiciones en las que esas elecciones son tomadas. Al contrario, hemos naturalizado estas condiciones. Así son las cosas: tu casa es un hotel, tu coche es un taxi y tu bicicleta ya no es para divertirte“. (Vía: The Nation)

Sin prestaciones, sin derecho a reclamar nada porque, “eligieron” este trabajo que, como dice en tono irónico Gullo, es en realidad “emprendedurismo” según la misma compañía, y con trabajos saliendo “tablas” cada mes, ¿hay una forma de salir de esta economía “compartida”, o necesitamos regulaciones claras ante escenarios para los que ninguna ley laboral previó?

Eso sí, tu hamburguesa, tus papas y tu pay llegaron calientitos y a tiempo.

Plumas Atómicas trató de contactar con Rappi para una respuesta a las denuncias de sus “RappiTenderos”, sin embargo, hasta el momento del cierre de esta nota no obtuvimos respuesta.

Por: Redacción PA.