#OrgullosamenteIndio: cuando combates la discriminación discriminando

Hoy, Cerveza Indio lanzó una campaña que, por decir lo menos, ha sido vapuleada en redes sociales: a través del hashtag #orgullosamenteindio, decenas de “influencers” y gente mayoritariamente blanca (y a veces hasta extranjeros) subieron fotos de estudio portando una playera con la leyenda Pinche orgullosamente indio”. Las burlas, memes y chistes no han faltado y todas giran alrededor de dos temas: la pésima idea detrás de la campaña y el hecho de que la gran mayoría de los modelos fotografiados son blancos y, por lo mismo, nunca han sido discriminados y mucho menos agredidos por “indios” en un país mayoritariamente moreno pero aspiracionalmente blanco.

La discriminación en México por motivos de raza es real, no importa cuánto y cómo se ha invisibilizado a través de múltiples y muy complejos procesos históricos, sociales, políticos y hasta lingüísticos, tal como lo explica Federico Navarrete en la primera entrada de su “Diccionario racista”, publicado en Horizontal:

En nuestro México racista, diría cualquier publicista que se respete, ser “aspiracional” significa en primer lugar ser blanco. Sólo las personas con aspecto europeo merecen ser asociadas con todo lo bueno de la vida, como los seres etéreos y sublimes que aparece en los anuncios de Liverpool o del Palacio de Hierro“.

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No es sólo una cuestión de teoría o interpretaciones: la última edición de la Encuesta Nacional Sobre Discriminación, publicada en conjunto por Conapred, UNAM, CNDH, INEGI y CONACYT, deja ver una situación grave que (quizá) fue la idea germen de esta campaña tan mal ejecutada: 75.6% de los indígenas consideran que son poco valorados por el resto del país, 49.3% considera que sus derechos son poco o nada respetados y 40.3% han sufrido algún acto de discriminación en los últimos cinco años. (Vía: Enadis 2017)

Las marginación y desigualdad en las comunidades indígenas se reafirman con las estadísticas de educación: mientras que la media nacional de analfabetismo es del 5.5% de la población mayor de 15 años, la población hablante de idiomas indígenas es del 27.3% (la cifra se dispara hasta 66.9% para los mayores de 75 años). Mientras la escolaridad promedio en México es de 9 años, las comunidades indígenas no rebasan los 5. (Vía: Discriminación estructural y desigualdad social, Patricio Solís)

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La falacia del mestizaje

¿Todo el mensaje de la campaña de Indio es culpa de la agencia de marketing? No necesariamente, México tiene una larga y complicada historia con la palabra y el concepto racial y social de “indio”, desde los ilustrados mexicanos del siglo XVIII que dieron el sustento ideológico a los insurgentes hasta José Vasconcelos y su “raza cósmica”.

La conformación castal de la sociedad novohispana sobrevivió casi intacta todos los movimientos sociales de la historia del país: no le afectaron luchas de independencia, revolucionarias, liberales, federalistas o imperios porque, desde sus fundamentos se partió de una mentira genial: el mestizaje.

Ojo: no estamos diciendo que el mestizaje no haya existido, que social, cultural y lingüísticamente no haya existido una hibridación y que de esta hayan surgido fenómenos tan dispares como los chiles en nogada, los festejos barriales del “Niño Pan” en Xochimilco y los XV años, sino que, como concepto unificador y homogenizador de múltiples identidades ideológicas, ha servido para que un único grupo social haya mantenido el poder político y económico en México gracias a su autoidentificación como “mestizos”.

En este sentido, que un muy nutrido grupo de hombres y mujeres blancas se identifiquen como “indios” no es tanto un ejemplo directo de “apropiación cultural” sino una identificación política e ideológica con la identidad mexicana completa. A pesar de que la blanquitud (o la blanquitud que se identifica a sí misma como tal) apenas rebasa el 20% de la población, ellos tienen todo el derecho, entonces, de representar a un país que, en términos meramente estadísticos, no representan. (Vía: Enadis 2017)

¿Se vale apropiar un insulto?

Así como “puto”, “puta” y “nigger” han sido apropiados y resignificados por las comunidades LGBT+, el feminismo y la comunidad afroestadounidense, la desarticulación de un insulto en una cuestión de identidad y complicidad necesita, forzosamente que su carga peyorativa e insultante sea reconocida por la sociedad ajena a ese grupo identitario, pero también requiere, forzosamente, que la comunidad afectada lo desarticule y se apropie de él… no un grupo de mexicanos y extranjeros blancos que se dicen (por muchas razones más allá de una campaña publicitaria), “indios”.

La agencia publicitaria que se le ocurrió esta creativísima campaña, Coloürs (LOL), no dudó un momento en el contexto, en la historia de la palabra y en la nula representatividad de su campaña: la lógica, finalmente, fue la de cualquier otra campaña que busca sumarse a una “buena intención” y lo hace desde una visión no sólo parcial sino acrítica y desarticulada de la realidad de su público real: ya lo hizo Coca Cola, ya lo hizo Hershey’s, ¿por qué no una cerveza como Indio?

En una de esas, el terrible ejercicio publicitario de #OrgullosamenteIndio no es más que un burdo intento de viralizar por todas las malas razones, una marca, como lo hiciera hace no mucho Victoria con un mensaje muy semejante del mestizaje y lo “chingón” que es ser mexicano. En una de esas, las agencias de marketing se dan cuenta que sus públicos son mucho más críticos y no perdonan ya esa clase de errores.

Raúl Cruz V. ⎢ @rcteseida

Por: Redacción PA.