Shadows from the Walls of Death: el libro que mata sólo con hojearlo

Sólo quedan dos ejemplares en el mundo
(Imagen: National Library Medicine)

Cuando pensamos en libros venenosos, seguramente lo primero que se nos venga a la mente sea “En el nombre de la rosa“, la afamada novela de Umberto Ecco que inspiró una película homónima. Sin embargo, aprovechando que hoy es el Día Internacional del Libro, recordamos Shadows from the Walls of Death,  el libro que mata sólo con hojearlo.

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Shadows from the Walls of Death, fue impreso en 1874 y es obra del Dr. Robert M. Kedzie, un cirujano de la Unión durante la Guerra Civil Americana, queluego profesor de química. Cuando llegó a servir en la Junta de Salud de Michigan en la década de 1870, se propuso crear conciencia sobre los peligros del papel tapiz pigmentado con arsénico. Aunque es una toxina letal, el arsénico puede mezclarse con cobre y convertirse en hermosas pinturas y pigmentos que se usaban en los tapices.

(Imagen: National Library Medicine)

Los victorianos sabían que el arsénico era venenoso cuando se consumía, por supuesto, se había ganado la reputación de ser un “polvo de herencia” que podría usarse, por ejemplo, para acabar con parientes con grandes fortunas, pero la mayoría vio poco riesgo en usaron en sus hogares. Kedzie argumentó (correctamente, ahora lo sabemos) que los tapices con arsénico arrojan partículas microscópicas de polvo que pueden inhalarse o ingerirse.

En el prefacio de Shadows from the Walls of Death, advierte que el arsénico puede matar no sólo por “destrucción repentina y violenta de la vida”, sino por envenenamiento lento y crónico, una enfermedad misteriosa y persistente que podría desconcertar tanto al paciente como al médico. Escribió sobre mujeres que se enfermaron y se retiraron a sus habitaciones tapizadas para recuperarse, sin saber que todo el tiempo estaban inhalando “un aire cargado del aliento de la muerte”.

(Imagen: National Library Medicine)

Como parte de su campaña para crear conciencia sobre los tapices con arsénico, Kedzie produjo 100 copias de Shadows from the Walls of Death y las envió a bibliotecas públicas de todo Michigan. Cada uno era un volumen delgado, que contiene pocas palabras:  una página de título, un breve prefacio y una nota de la Junta de Salud que explica el propósito del libro y aconseja a los bibliotecarios que no dejen que los niños lo manejen. La página de título macabra reproduce una cita del libro bíblico de Levítico (14:34-45). Las páginas restantes, 86 en total, consisten en muestras de papel tapiz tomadas de comerciantes comunes.

De las 100 copias originales, solo quedan cuatro. La mayoría de las bibliotecas, preocupadas por envenenar a la gente, destruyeron sus volúmenes. Dos de los libros sobrevivientes permanecen en Michigan, uno en MSU y el otro en la Universidad de Michigan.

Así que si alguien desea consultar Shadows from the Walls of Death, no debe de hacerlo sin guantes.