¿Por qué en Bélgica quieren quitar todas las estatuas de Leopoldo II?

Al rey se le acusa de genocidio en el Congo y algunos lo comparan con Hitler
(Imagen: Wikicommons)

Los activistas en Bélgica han atacado las estatuas del rey Leopoldo II en varias ciudades como parte del movimiento de protesta Black Lives Matters que se extiende desde los Estados Unidos al resto del mundo. Asimismo, piden que se quiten las estatuas. ¿Por qué? Está relacionado con el imperialismo y el Congo.

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Bélgica no es el primer país europeo que se nos viene a la mente cuando pensamos en genocidio o tiranía. Históricamente, elpaís siempre ha sido más famoso por la cerveza que por los crímenes cometidos contra la humanidad.

Sin embargo, en la cima del imperialismo europeo en África, el rey Leopoldo II de Bélgica dirigió un imperio personal tan vasto y cruel que rivalizó, e incluso superó, los crímenes de algunos de los peores dictadores del siglo XX.

Leopoldo II y e Imperialismo

Leopoldo II ascendió al trono en 1865 y como el resto de los monarcas y gobernantes europeos de su tiempo, presionó al Senado en su ambición de involucrar a Bélgica en la construcción de un imperio en el extranjero como lo hicieron otras naciones.

(Imagen: Wikicommons)

Esto se convirtió en una obsesión para Leopoldo II. Estaba convencido, como la mayoría de los estadistas de su tiempo, de que la grandeza de una nación era directamente proporcional a la cantidad de lucro que podía extraer de las colonias ecuatoriales, y quería que Bélgica se hiciera de una gran cantidad de territorios.

Primero, en 1866, trató de obtener Filipinas de la Reina Isabel II de España. Sin embargo, sus negociaciones colapsaron cuando Isabel fue derrocada en 1868. Fue entonces cuando comenzó a hablar sobre África.

El Congo

En 1878, Henry Stanley presumió encontrarse con el Dr. Livingstone en las profundidades de la selva tropical del Congo. La prensa internacional convirtió a ambos hombres en héroes: exploradores audaces en el corazón de la África “más oscura”. Lo que no se dijo fue lo que estaban haciendo en el Congo en primer lugar.

Unos años antes de que las dos expediciones se reunieran, Leopoldo II había formado la Sociedad Internacional Africana para organizar y financiar la exploración del continente. Oficialmente, este fue el preludio de una especie de empresa filantrópica internacional, en la que el rey “benevolente” les daría a los nativos las bendiciones del cristianismo y las máquinas de vapor.

La fundación del Estado Libre del Congo (Imagen: Wikicommons)

Las expediciones de Stanley y Livingstone constituyeron una parte importante de la apertura de la selva tropical a los agentes del rey de Bélgica. Esta artimaña de que el rey Leopoldo II estaba trabajando para llevar a los africanos al cielo, funcionó y el reclamo del rey al irónicamente llamado “Estado Libre del Congo” fue reconocido formalmente en el Congreso de Berlín en 1885.

El gobierno belga le prestó a Leopoldo II el capital necesario para este proyecto “humanitario”, y después de que pagó esa deuda, todas, absolutamente todas las ganancias fueron directamente a él. El Congo no era una colonia belga: pertenecía a un hombre, y Leopoldo estuvo decidido a exprimir cada gota de su feudo durante el resto de sus días.

Genocidio y brutalidad

Durante los 25 años que existió el Estado Libre del Congo, Leopoldo II estableció un nuevo estándar de crueldad que horrorizó incluso a las otras potencias imperiales de Europa.

Leopoldo reorganizó a sus mercenarios, tras deshacerse de cualquier amenaza para su régimen, en un grupo despiadado de ocupantes llamado Force Publique (Fuerza Pública) y los obligó a hacer cumplir su voluntad en toda la colonia.

Todos los distritos tenían cuotas para producir marfil, oro, diamantes, caucho y cualquier otra cosa que la tierra tuviera que ofrecer. Leopoldo II eligió a los gobernadores, a cada uno de los cuales les dio poderes dictatoriales sobre sus territorios. A cada funcionario se le pagaba en su totalidad por comisión, y por lo tanto tenía un gran incentivo para el saqueo de recursos naturales.

Leopoldo II y su codicia (Imagen: Wikicommons)

Los gobernadores presionaron a un gran número de nativos del Congo para que trabajaran en la agricultura. Forzaron a un número desconocido de congoleños para que trabajaran en las minas hasta la muerte.

También mataron a elefantes por el marfil de sus colmillos en cacerías masivas, así como otros animales, lo que tuvo un fuerte impacto en el ecosistema del Congo, ya que bajo el reinado de Leopoldo II, la vida silvestre del Congo era un ejercicio de matanza deportiva de casi cualquier cazador que pudiera reservar pasajes y pagar una licencia de caza.

Para ahorrar tiempo y dinero, los agentes del rey despoblaron rutinariamente las aldeas, donde ya se había realizado la mayor parte del trabajo de limpieza, para dar cabida al cultivo comercial que quería  Leopoldo II. A fines de la década de 1890, cuando la producción económica de caucho se trasladó a India e Indonesia, las aldeas destruidas simplemente fueron abandonadas, y sus pocos habitantes sobrevivientes se quedaron solos o se dirigieron a otra aldea más profunda en el bosque.

(Imagen: Wikicommons)

La avaricia de los jefes supremos del Congo no conocía límites. Leopoldo II impuso cuotas a cada hombre en su reino para la producción de materias primas. Aquello que no lograron cumplir con su cuota de marfil y oro, se enfrentarían a la mutilación, siendo las manos y los pies los sitios más populares para la amputación. Si no se podía atrapar al hombre, o si necesitaba ambas manos para trabajar, los hombres de Forces Publique le cortarían las manos a su esposa o hijos.

Un padre viendo las manos mutiladas de su hija (Imagen: Wikicommons)

Las historias de terror que se desarrollaron en el Estado Libre del  Congo llegaron al mundo. Las personas protestaron contra las prácticas en los Estados Unidos, Gran Bretaña y los Países Bajos, que también poseían grandes colonias productoras de caucho y, por lo tanto, competían con Leopoldo II por las ganancias.

Las mutilaciones eran comunes en el Congo bajo el dominio de Leopoldo II (Imagen: Wikicommons)

Para 1908, Leopoldo II no tuvo más remedio que ceder sus tierras al gobierno belga. El gobierno introdujo algunas reformas de inmediato: se volvió técnicamente ilegal matar al azar a civiles congoleños y los administradores pasaron de un sistema de cuotas y comisiones a uno en el que recibían pago sólo cuando su trabajo fuera juzgado como “satisfactorio”. El gobierno también cambió el nombre de la colonia al Congo Belga.

Los azotes y las mutilaciones continuaron durante años en el Congo, y cada centavo en ganancias se desvió a Bélgica hasta la independencia en 1971.

Es por eso que la petición de un niño de 14 años ha cobrado tanta fuerza en Bélgica, ya que las nuevas generaciones se avergüenzan de las acciones de Leopoldo II en Bélgica.