Entre el mito y la historia: El asesinato de Julio César

Uno de los principales conspiradores ha caído en el olvido
(Imgen: Wikicommons)

Durante siglos, hemos escuchado la historia que dos senadores romanos llamados Bruto y Casio planearon el complot del asesinato de Julio César, quien nació un 13 de julio del año 100 a.C. ¿Pero es esa toda la historia? ¿Hay otros nombres que han sido dejados de lado? ¿Pudo ser otro el traidor? 

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El 15 de marzo de 44 a. C., un grupo de senadores romanos asesinó a Julio César mientras estaba  en una reunión del Senado. El dictador sangró hasta la muerte por las 23 puñaladas que le propinaron. Eran las últimas horas de la República romana. ¿

Este incidente inspiró a William Shakespeare a escribir una obra de teatro, en la que Julio César moribundo se volvió hacia uno de los asesinos y lo condenó con su último alient: Marco Junio Bruto.

¿Et tu Brute?” (“¿Tú también Bruto?”). Sin embargo, parece que  César nunca dijo estas palabras. Y Bruto  no era su mejor amigo ni su mayor traidor. 

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El peor traidor fue otro: Décimo Junio Bruto Albino. Décimo era un primo lejano de Marco Bruto. Debido a que Shakespeare casi lo deja fuera de la historia, Décimo es el asesino olvidado. De hecho, jugó un rol fundamental en el asesinato de Julio César.

A diferencia de Bruto y Casio, Décimo era hombre de confianza de Julio César. En la guerra civil entre César y el general romano Pompeyo (49–45 a. C.), Bruto y Casio apoyaron a Pompeyo y luego cambiaron de bando. Por el contrario, Décimo respaldó a César de principio a fin. Durante el conflicto, César nombró a Décimo como su lugarteniente para gobernar la Galia en su ausencia. Al final de la guerra en el 45 a. C., Décimo dejó la Galia y regresó a Roma con César.

Entonces las cosas entre ambos empezaron a complicarse. Entre septiembre 45 a. C. y marzo 44 a. C. Décimo cambió de opinión sobre Julio César. No sabemos por qué, pero probablemente tenía más que ver con distintos puntos de vista. Las cartas de Décimo a Cicerón revelan un hombre de acción educado y conciso con un agudo sentido del honor, intuición para la traición y una sed de venganza.

Quizás lo que conmovió a Décimo fuerondos desfiles triunfales en Roma en el otoño de 45 a. C. que César permitió a sus lugartenientes en España celebrar, contra toda costumbre. Julio César, sin embargo, no otorgó un privilegio similar a Décimo por su victoria sobre una feroz tribu gálica.

O tal vez fue el nombramiento de César de su sobrino nieto Octavio (como entonces se conocía a Augusto) como su segundo al mando en una nueva guerra en el 44 a. C. contra Partia (aproximadamente, el antiguo Irán), el rival de Roma en el Mediterráneo oriental. Mientras tanto, Décimo tuvo que quedarse atrás y gobernar la Galia italiana.

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Cualesquiera que fueran sus motivos, una vez que se volvió contra Julio César, Décimo era indispensable. Era el jefe de seguridad de los conspiradores y su principal espía. Como el único conspirador en el círculo íntimo de César, Décimo era capaz de informar sobre lo que Julio César estaba pensando. Además, Décimo controlaba una compañía de gladiadores, que desempeñaba un papel clave en la conspiración.

Se cree que Casio podría haber ideado el plan para sorprender a Julio César en el Senado. Sin embargo, fue Décimo quien logró que éste se ejecutara. De todos los conspiradores sólo él tenía la confianza de César. César incluso tuvo a Décimo a su lado en una cena la noche anterior a su asesinato.

En la mañana del asesinato, Julio César decidió repentinamente que no iría a la reunión del Senado, probablemente debido a los rumores de conspiración.

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Cuando se enteraron de que Julio César se quedaba en casa, los conspiradores enviaron a Décimo para convencerlo de asistir a la reunión del Senado, después de todo. Décimo hizo su trabajo. Lo convenció y Julio César fue a la reunión, donde fue asesinado.

Posteriormente, Décimo proporcionó seguridad a los asesinos. Su compañía de gladiadores era como una especie de policía privada. Escoltaron a los asesinos a un lugar seguro  y vigilaron el perímetro durante los días tensos que siguieron.

Al principio, el pueblo romano apoyó a los asesinos como defensores de la libertad constitucional, pero cambiaron de opinión cuando vieron la fuerza de los partidarios de César. Décimo recibió duras críticas porque su cercanía con Julio César hizo que su traición pareciera peor.

Décimo no tardó en abandonar Roma para liderar un ejército en el norte de Italia y defender lo que vio como la causa de la república. Aunque comenzó fuerte, fue superado por Octavio. Nombrado como el heredero de César y su hijo adoptivo en el testamento de César, Octavio primero se alió con Décimo y luego se volvió contra él.

Un año y medio después del asesinato de Julio César, Décimo fue abandonado por sus soldados, capturado por sus enemigos y ejecutado. Por su parte, Bruto y Casio perdieron una batalla y se suicidaron. Octavio, por el contrario, continuó en su sangrienta ascensión al poder, y finalmente terminó como el primer emperador de Roma, con el nombre de Augusto.