¿Quieres recibir notificaciones de nuestro sitio web?

Los gatos, las mujeres y su relación tortuosa

La relación entre gatos y mujeres se remonta al antiguo Egipto y continúa hasta nuestros días
La relación de los gatos y las mujeres se remonta al antiguo Egipto.

La relación entre gatos y mujeres sobrepasa los estereotipos de “solterona”. De hecho, su relación se remonta a las semejanzas históricas entre ambos grupos que ha creado un vínculo de sobrevivencia entre ellos.

La historia de los gatos se remonta a Egipto, donde eran venerados como dioses. Fueron los egipcios los que domesticaron a los gatos en el 3,000 AC. Estos animales no sólo protegían las cosechas, sino que también se convirtieron en los que protegían a los difuntos de las presencias malignas. En las pinturas, se colocaban gatos bajo los asientos de las mujeres como símbolo protector. 

Bastet, diosa del antiguo Egipto de la protección y la armonía. (Imagen: Pinterest)

Durante años, los gatos se utilizaron para proteger la mercancía de los roedores. En la Edad Media, con el auge de los textiles, los felinos se convirtieron en la mascota ideal de los comerciantes, que cuidaban a un promedio de 20. Sin embargo, llegaron a proliferar tanto que se generó un odio social, especialmente porque los maullidos impedían que los obreros pudieran dormir. 

El odio fue tan grande que en el siglo XVIII se realizó en Francia la gran matanza de gatos, según relata Robert Darnton. Esta sucedió cuando los obreros, celosos del trato que recibían los gatos, imitaron maullidos directamente sobre el techo de su patrón. El jefe, entonces, ordenó matar a todos los gatos, excepto a los de su esposa.

La gran matanza de gatos. (Imagen de William Hogart)

Los obreros disfrutaron persiguiendo y matando a todos los gatos de la comunidad, empezando por la gata favorita de la esposa del patrón. No sólo mataron a los gatos, sino también realizaron juicios falsos en los que juzgaban a los gatos y se burlaban del sistema jurídico de la época. Gozaron tanto de los juicios falsos que la matanza duró días enteros.

Algo similar ocurrió en Bélgica, en Ypres. Los asesinatos de gatos se convirtieron en ritual, que ocurría los “miércoles de gatos” en la segunda semana de Cuaresma. Los gatos se empezaron a asociar con todos los males y matarlos suponía un cambio positivo en la fortuna.

La práctica medieval continuó hasta 1817 y fue en 1938 que se organizó el primer desfile con gatos de juguete, a los que se lanzaba desde la torre del campanario. Hasta el día de hoy, cada tres años en el segundo domingo de Cuaresma, se celebra el festival del gato en Ypres, con enormes gatos de cartón y gente disfrazada de felinos. (Vía: Destino Infinito)

Festival Kattenstoet en Bélgica. (Imagen: Destino Infinito)

El asesinato de gatos se ligó al asesinato de mujeres durante el periodo de la Inquisición. Se creía que las brujas se transformaban en gatos. Generalmente se golpeaba a los gatos y si una mujer tenía algún moretón, eso comprobaba que era bruja que se había transformado. (Vía: Algarabía)

La quema de brujas se acompañaba de quemas de gatos, ambas en hogueras. De este modo, se evitaba la presencia de fuerzas demoniacas en los poblados. Estos “rituales mágicos” fueron responsables del asesinato de cientos de miles de mujeres (el número es incierto, ya que los pocos registros que quedan no muestran información detallada) y dieron pie a la Peste Negra por la proliferación de roedores. 

Pintura de Niklaus Stöcklin “El callejón del Rin”.

La relación femenina-felina va más allá de una “crazy-cat-lady” o el estereotipo de solterona con gatos. Ambos grupos han sido maltratados debido a creencias locales y supersticiones. El maltrato de ambos también ha logrado que las mujeres y los gatos tengan una relación afectiva más allá de las conexiones históricas que las han reunido, ya que los gatos han sido compañeros de la mujer desde su vinculación en los asesinatos indiscriminados.

El uso que se le daba a los gatos durante la Edad Media, cuando protegían la ropa de los daños hechos por los roedores todavía se lee en las labores domésticas que realiza la mujer día con día. Destinados a cuidar la ropa, gato y mujer se entrelazan en significante.

La propia sexualidad femenina se ha aludido siempre en términos felinos, desde el nombre de la inglés para vagina hasta el uso de “gata” como despectivo. La desconfianza que producen los gatos, por libres y misteriosos, es la misma por la que se ha castigado a toda mujer que no cumpla con las imposiciones sociales y no se someta ante el hombre.

Hay un cierto orgullo en ser la loca de los gatos, la rebelde, la no sumisa, la que incomoda. Ese orgullo carga con la relación histórica de mujer y felino. Ese orgullo sobrevivió a quemas injustificadas, acoso callejero y maltrato doméstico.

Ese orgullo también se encuentra en un gatito.