¿Qué tienen que ver los rebeldes del PAN y Raúl Cervantes con la remoción de Santiago Nieto?

La remoción de Santiago Nieto de la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales (Fepade) está siendo… digamos “analizada” en el Senado. Sólo ese cuerpo legislativo tiene la capacidad de impedir su despido y mantenerlo en el cargo.

Ya que su “despido” vino en un momento por lo menos sospechoso, luego de que denunciara que Emilio Lozoya lo presionó para declararlo inocente y pedirle disculpas por la investigación que la Fepade realizaba sobre él y el caso Odebrecht, esta decisión de la Procuraduría General de la República (PGR) ha sido duramente criticada por todos los partidos de oposición  y, también (hay que decirlo) ha servido de bandera política para el Frente Ciudadano y hasta para Morena.

El caso de la remoción Santiago Nieto es uno de esos en los que todo se suma para crear el desmadre perfecto: los “rebeldes” del PAN, la renuncia de Raúl Cervantes, los tiempos electorales, los acuerdos entre la oposición (y entre el partido en el poder) y, algo que se les olvida a muchos con frecuencia, la Constitución. (Vía: Animal Político)

La renuncia de Raúl Cervantes dejó sin cabeza a la PGR. Su renuncia llegó luego de meses de presión de la sociedad civil (y unos colados en el Frente Ciudadano) para impedir el “pase directo” del “fiscal carnal” cuando ocurra el paso de la PGR a la Fiscalía General. Sin titular, se nombró a Alberto Elías Beltrán como “encargado de despacho” en lo que el Senado nombra a otro Procurador. (Vía: La Jornada)

Spoiler alert: va a haber un problema, y grave, con el nombramiento de Elías Beltrán…

Destitución de Nieto. Ya como titular de facto de la PGR, Elías Beltrán decide remover del cargo a Santiago Nieto un día después de que éste revelara las presiones que recibió su oficina de Emilio Lozoya. La PGR justificó el despido (pero no los tiempos) diciendo que el exfiscal violó el Código de conducta de la PGR no sólo en ese caso, sino en muchos otros, por lo que la remoción era ya cosa cantada.

Entran los “rebeldes del PAN”. La actual Mesa Directiva del Senado está dirigida por Ernesto Cordero, quien fue impuesto (sí, esa es la palabra) por el PRI, sus satélites y otros cuatro cuates panistas. Cuando Cordero asumió la presidencia, tal como ocurrió con su amigo Calderón, lo hizo sin legitimidad alguna, repudiado, incluso, por la mayoría de sus compañeros de bancada. Desde entonces, Cordero y los RBD se han mostrado cercanos al PRI y a sus decisiones en la Cámara Alta. (Vía: El Financiero)

El Senado es el único cuerpo que podría frenar la remoción de Nieto, sin embargo, la votación tiene que ser llamada por el presidente de la Cámara (¡pum! Cordero de nuevo) quien, apenas ayer 24 de octubre, decidió que había que votarlo, sí, pero en “voto secreto”, por “las presiones” que ha recibido el Senado ante el tema tan controversial… ajá.

¿Recuerdan que habría problemas con Elías Beltrán? Bueno, pues resulta que para poder dirigir la PGR, ya sea como Procurador definitivo o interino, hay que tener, por lo menos, diez años ejerciendo como abogado: Elías Beltrán tiene 6. Esto invalidaría, constitucionalmente, cualquier decisión tomada por el encargado de despacho desde la salida de Cervantes. (Vía: Proceso)

El caso de la destitución de Nieto tiene al Senado, al mismo tiempo, unido y separado: la oposición está más unida que nunca en mantenerlo, pero el aparato político del PRI y los RBD-PAN están tratando, con todo lo que tienen, imponer la decisión de un encargado de despacho que no tiene autoridad para comprar papel de baño.

Todo, pero todo el desmadre, está enmarcado en pleno proceso electoral y tiene  como protagonista a la principal arma del Estado contra el abuso de los partidos: la Fepade. Esa misma Fepade que logró órdenes de aprehensión contra dos Duartes y Borge.

Para la oposición, y para muchos “sospechosistas” la decisión de remover a Nieto vino directamente de Los Pinos: una acción tan mal orquestada, de la que dependían muchos elementos que no se habían “asegurado” aún y en medio de una investigación que toca de cerca al círculo cercano del presidente Peña Nieto. En pocas palabras: empezaron el circo sin terminar de montar el escenario.