En 1836, veinticinco años después de que se firmara la Independencia de México, España y su anterior colonia firmaron un tratado de “paz y amistad”. En medio de la polémica por la carta de López Obrador exigiendo una disculpa de España por la conquista, este tratado ha sido mencionado, pero ¿de verdad es de amistad y paz?
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La Independencia de México fue un proceso largo y complejo, como todo evento histórico. Si bien celebramos que la “consumación” de la Independencia se firmó en Córdoba el 21 de septiembre de 1821, la realidad es que las tensiones entre México y España duraron mucho más.
El fuerte de San Juan de Ulúa, frente a las costas veracruzanas, fue el último bastión de la Corona española en territorio ya mexicano. La fortaleza cayó luego de un largo sitio por la armada mexicana: desde agosto hasta la toma final, el 23 de noviembre de 1825 (justo por esa toma, de hecho, es que se celebra cada 23 de noviembre el día de la Armada).

Un segundo intento fallido y definitivo se dio en la batalla de Tampico, ocurrida entre el 26 de julio y el 11 de septiembre de 1829, cuando alrededor de tres mil quinientos soldados salieron de Cuba para retomar la que insistían en llamarle Nueva España.
Por esos intentos, organizados y pagados por la Corona, de 1825 hasta 1836, México y España no tuvieron relaciones diplomáticas, comerciales o institucionales. De hecho, España ni siquiera reconocía la independencia de lo que fuera la mayor colonia americana. (Vía: Las Ciudades y la Guerra, 1750-1898, Broseta, Corona, et al.)

Mientras que México buscaba consolidarse como una nación independiente, retomar lazos comerciales y rehacer mucho de lo dañado por la guerra de independencia, España tenía sus propios problemas: una guerra civil y una sucesión, además de la pérdida casi al mismo tiempo, de las colonias americanas, sumió a la ex metrópoli en una crisis de la que sólo podría salir si “jugaba inteligentemente”.
La reina regenta, María Cristina de Borbón, a nombre de Isabel II (entonces una niña), acordó la firma de varios tratados “de paz y amistad” con las naciones americanas.
Ahora, ¿neta sí es de amistad?
Piensa en el nombre de este acuerdo como las “solicitudes de amistad” de Facebook: ¿por hacerle click ya eres amigo de la persona que te lo está mandando? Algo así ocurre con este tipo de tratados, que recurren a una retórica diplomática específica que no significa lo mismo a lo que estás acostumbrado (además, claro, de que han pasado casi 200 años y el lenguaje cambia).
El acuerdo, en pocas palabras, hace a España reconocer a México como un territorio soberano del cual renuncia cualquier propiedad o derecho territorial (artículo I); garantiza una amnistía general tanto de españoles en México como de mexicanos en España (artículo II), y, finalmente, garantiza la reactivación de acuerdos comerciales en los artículos restantes. (Vía: SRE)

Más que un tratado de amistad, es un armisticio definitivo: a España y a México les urgía una vía para reponer los acuerdos comerciales y, en el lenguaje mercantilista y diplomático de la época, esto significaba una “amistad”, pero ello está muy lejos de ser una disculpa pública de las atrocidades cometidas durante la Conquista; menos aún de las ocurridas durante la guerra de Independencia.
