Cuando Eduardo VIII, el tío abuelo de Harry, renunció a la corona de Inglaterra

El tío de Elizabeth II dejó el trono de Inglaterra por amor a una mujer
(Imagen: Getty Images)

La familia real de Inglaterra se vio sacudida hoy cuando Harry y Meghan Markle decidieron separarse de sus funciones como representantes de la corona. Sin embargo, no es la primera vez que esto ocurre. Uno de los casos más sonados y recordados es cuando Eduardo VIII abdicó al trono y dejó de ser rey por amor a una mujer, Wallis Simpson.

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“Después de que esté muerto, el muchacho se arruinará en 12 meses”. Eso comentó el rey Jorge V al primer ministro Stanley Baldwin sobre su hijo y sucesor, el futuro Eduardo VIII.

Eduardo ya no era un muchacho. Tenía 41 años cuando llegó al trono en enero de 1936, pero su padre tuvo voz de profeta: el reinado de Eduardo VIII duró solo 324 días antes de abdicar para casarse con la mujer que amaba. Fue la mayor crisis constitucional para la corona e Inglaterra en el siglo XX (ningún otro monarca ha abandonado voluntariamente el trono) y una que ha dado forma a las actitudes reales desde entonces. A los ojos de la familia, David, el nombre con el que lo conocían, había eludido su deber. La evidencia sugiere que la mayoría de sus compatriotas también lo creían.

David se convierte en Eduardo VIII

Cuando sucedió a su padre, Eduardo VIII era una figura popular que había estado en el ojo público durante muchos años. Se le consideraba relajado, encantador y sin pretensiones.

Cuando era joven, Edward surgió como uno de los miembros más populares de la familia real. Había servido en la Gran Guerra, aunque fuera de las líneas del frente, y realizó extensos recorridos por la Commonwealth en nombre de la corona de Inglaterra. También encarnaba la personalidad de un príncipe carismático y guapo, y disfrutaba de la vida social y sexual junto con los privilegios de ser miembro de la realeza.

(Imagen; Wikicommons)

Pero los políticos de alto rango de Inglaterra y muchos de los que le sirvieron como funcionarios ya tenían preocupaciones.Lo consideraban perezoso y errático, con una actitud negligente hacia sus deberes, opiniones que sólo se reforzaron cuando se convirtió en rey. No atendía sus deberes, no leía documentos, llegaba tarde a eventos y era descortés.

Además, tenía fama de mujeriego. Durante las dos décadas anteriores había tenido numerosas amantes. No obstante, fue una mujer estadounidense Bessiewallis, mejor conocida como Wallis Simpson, quien ya estaba en su segundo matrimonio, la que conquistó al Rey de Inglaterra.

Eduardo y Wallis

El príncipe conoció a Simpson en la casa de amigos a principios de 1931. Unos años después de su divorcio del piloto de la Marina de los Estados Unidos, Earl Winfield Spencer, se había mudado a Londres con su segundo esposo, el empresario marítimo Ernest Simpson.

Si bien Simpson no se consideraba una belleza “estándar”, tenía un ingenio rápido y un magnetismo innegable, y Eduardo se obsesionó con una mujer mundana que no tenía miedo de desafiar sus caprichos. Pero, sobre todo su independencia fue lo que terminó por enamorar al entonces príncipe de Gales.

Eduardo y Wallis Simpson (Imagen: Getty Images)

En 1934, después de que la amante regular del príncipe partiera en un viaje prolongado, Eduardo comenzó a frecuentar a Wallis sin tener los cuidados habituales con respecto a su relación. Salían de vacaciones juntos y para 1935, Wallis comenzó a acompañar al príncipe a los eventos reales.

Jorge V no estaba contento con la presencia de “esa mujer”, como Simpson era conocdia por la familia real, pero prácticamente todos los que estaban conectados con el príncipe parecían creer que su enamoramiento eventualmente pasaría, sin darse cuenta de que estaba decidido a convertirla en su esposa.

Abdicación

Jorge V, murió en Sandringham House, Norfolk, el 20 de enero de 1936. El príncipe de Gales era ahora el rey Eduardo VIII. Desde el principio, el nuevo rey mostró desprecio por ciertos protocolos de la corte y costumbres del monarca reinante. El día después de la muerte de su padre, por ejemplo, con Simpson a su lado, rompió con la tradición al ver la proclamación de su propia ascención al trono desde una ventana del Palacio de St James.

Como temían los ayudantes reales, Edward mostró poco interés en sus deberes como rey de Inglaterra. Estaba principalmente preocupado por casarse con Wallis Simpson.

(Imagen; Wikicommons)

El 16 de noviembre, Edward invitó al entonces primer ministro Stanley Baldwin al Palacio de Buckingham para expresar su deseo de contraer nupcias con Wallis una vez que concluyera su proceso de divorcio con Ernest Simpson. Badlwin informó al rey que su gabinete y la iglesia se opondrían al matrimonio. Esto no fue sólo porque era política y socialmente inaceptable que una futura consorte reina tuviera dos ex maridos vivos, sino también por el estatus de Eduardo VIII como jefe titular de la Iglesia de Inglaterra, la cual no aprobaba segundas o terceras nupcias si era una ex pareja de alguno de los cónyuges seguía con vida.

Eduardo VIII propuso un matrimonio morganático, que significaba que Wallis no recibiría un título real, pero este también fue rechazado. También lo fue la solicitud del rey de presentar su caso a sus súbditos a través de una mensaje de radio.

Dándose cuenta que tenía que elegir entre el trono y el amor, Eduardo informó a Baldwin el 5 de diciembre de 1936 que abdicaría a favor de su hermano, que ascendería como Jorge VI. El 10 de diciembre se presentó un proyecto de ley en la Cámara de los Comunes, y dos días después entró en vigencia la Ley de Declaración de Abdicación, liberando formalmente al ex rey para poder estar con la mujer de su elección.

El 3 de junio de 1937, Edward y Simpson se casaron en el Château de Candé, en el Valle del Loira de Francia, gracias al único capellán que aceptó realizar el servicio.

Las consecuencias de una abdicación

Conocidos como el duque y la duquesa de Windsor, Eduardo y Wallis Simpson pasaron una buena parte de sus vidas en Francia, alejados de la familia real británica. Fueron enviados a servir como gobernador y primera dama de las Bahamas durante la Segunda Guerra Mundial, evitando así ser capturados por agentes nazis.

Cuando Jorge VI comenzó a manifestar problemas serios de salud a fines de la década de 1940, los miembros de la realeza real idearon un plan para reinstalar a Eduardo como regente sobre la joven heredera, la hija de George, Elizabeth (sí, la reina actual), si el rey no se recuperaba. Sin embargo, el otrora rey nuevamente mostró poco interés para reclamar el trono. Asistió a los funerales de su hermano en 1952 y de su madre en 1953, pero fue relegado a ver la coronación de su sobrina como Elizabeth II en junio de 1953 por televisión, y esperó 12 años más hasta obtener una invitación para otra ceremonia real.

Boda de Eduardo VIII y Wallis Simpson (Imagen: Bellmans Auctioneers)

Además de albergar resentimiento hacia la familia de su esposo, se decía que Simpson había centrado su ira en Eduardo, el hombre que la alejó de su feliz vida en Londres y la convirtió en un objeto de desprecio. Pero permanecieron juntos y vivieron sus vidas como celebridades menores hasta que Eduardo falleció en 1972. Simpson murió en 1986.

Ahora, en pleno siglo XXI, Harry decide hacerse a un lado de los deberes de un miembro de la familia real para privilegiar el bienestar de su familia.