La comedia está hecha para incomodar a la gente en el poder, por eso triunfó Michelle Wolf

Frente a un gobierno que no para de mentir, de atacar a las minorías y de ser, simple y sencillamente, un bully, la comedia es una de las mejores armas. El ejemplo perfecto de esto es la presentación de Michelle Wolf el domingo pasado y la respuesta, ofendidísima, de toda la administración de Trump a sus chistes.

Como cada año, el último domingo de abril se celebra la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca, un evento que era (hasta la llegada de Trump) un espacio para que el presidente se relajara y contara chistes, mientras que uno o dos comediantes lo ‘quemaban’ con una rutina cómica a él y su administración.

Trump no sabe recibir un chiste, no entiende de humor si no es agresivo con alguien y si no es una excusa (casi) perfecta para discriminar. Por eso mismo no ha ido en las dos últimas ocasiones y, también por eso, sus defensores y trolles no dejan de defenderlo, curiosamente, utilizando los argumentos de lo ‘políticamente correcto’ (ajá, esa misma bandera que dicen que quieren romper), para atacar los chistes y la comedia que, este año, hizo Wolf.

Toda el performance de Wolf fue, desde el principio, incómodo: un salón lleno de periodistas, políticos y celebridades que sabían que podrían ser señalados y objeto de burlas, como le ocurrió al  mismo Trump en 2011 (según varios, esos chistes fueron los que lo llevaron a iniciar su carrera política); sin embargo, hizo un trabajo increíble pues no sólo incomodó a la Casa Blanca, sino también a los medios que no han hecho las preguntas necesarias a una administración que no para de mentir.

El chiste que ‘desató’ los ataques contra Wolf (o que, más bien, los ‘justificó’) fue dirigido a Sarah Huckabee Sanders, actual secretaria de Prensa de la Casa Blanca:

“No, pero de verdad, admiro a Sarah: ella es capaz de quemar hechos y convertirlos en esas sombras ahumadas perfectas que siempre tiene. No sé si sea genética u otra cosa.”

A propósito, los que critican a Wolf escucharon “fat” (grasa) en lugar de “facts” (hechos), y, desde la noche del domingo, pareciera que, ahora sí, la Casa Blanca se preocupa por el lenguaje ‘agresivo’ contra la apariencia de las personas.

Incluso los organizadores del evento (quienes la contrataron directamente) pusieron distancia de ‘los comentarios de la comediante’ a través de un comunicado.

Sin embargo, pareciera que nadie de ese lado recuerda todas las veces que el presidente de los Estados Unidos ha atacado directamente a cientos de mujeres por su apariencia. Antes de tomar posesión y después, Trump no ha parado de criticar los cuerpos y los rostros de las mujeres en medios, en su círculo cercano y hasta en la diplomacia que simplemente no se le hacen lindos. Siempre, sus defensores han salido a decir que ‘claramente’ son chistes y que no deberían de tomarse en serio.

La comedia y el periodismo son dos cosas que no deberían de ser cómodas ni de hacer ni de consumir. Wolf lo recordó y, al ser incómoda frente a millones de ojos, hizo el mejor periodismo que se ha hecho en los Estados Unidos desde hace mucho tiempo. Y esa, justa esa, será su victoria definitiva: golpear para arriba, no escupir hacia abajo.