Crecen solicitudes de asilo en México de migrantes centroamericanos

“Nadie deja su casa a menos que la casa te escupa fuego bajo tus pies.” A diario cientos de personas abandonan sus países de origen, sus trabajos, sus escuelas y a su familia; no les queda opción, la otra alternativa implica ser asesinados, aguantar la delincuencia y la incapacidad de sus gobiernos por brindarles protección.

Eligen, entre perderlo todo o perderlo todo camino a un mejor futuro. Cada día llegan a México cientos de migrantes que buscan hacer de un país completamente desconocido, un segundo hogar, porque el primero, pese al fuego que les pudo haber escupido su país, siempre será su hogar de origen.

El número de solicitudes de estatus de refugiado que recibió México pasó de 3 mil 424 solicitudes en 2015, a 8 mil 794 en 2016. En lo que va de este año las cifras anteriores ya fueron superadas con al rededor de 5 mil 464 solo entre enero y mayo.La mayoría de las solicitudes son de migrantes que provienen del llamado Triángulo Norte de Centroamérica, donde las pandillas aterrorizan a la población y las tasas de asesinato están entre las más altas del mundo, fuera de las zonas de guerra. (Vía: Reforma)

 

Un segundo hogar

La agencia de noticias Associated Press publicó el pasado 5 de julio el viacrucis por el que tienen que atravesar familias enteras tras salir de país después de ser amenazadas o haber perdido algún familiar a manos de pandilleros, algunos buscan llegar a Estados Unidos, otros optan por no arriesgarse a ser deportados desde el norte, pues las medidas son mucho más severas. La historia de Laura María es un ejemplo de superviviencia.

Laura María Cruz Martínez, madre soltera y responsable de nueve niños, vivía en una casa al norte de Honduras, hasta que en otoño del año pasado llegaron a su barrio pandilleros en motocicletas, armados y enmascarados, advirtiendo que tenían que dejar la ciudad en 24 horas. El barrio se llama Chamelecón, un suburbio hondureño de San Pedro Sula, que está entre las cinco ciudades más peligrosas del mundo.

Martínez, de 40 años, dijo que la amenaza en contra de su hogar llegó tan sólo tres horas después de que ella reportara a la policía que los pandilleros estaban acosando a su sobrina de 16 años. Laura María y sus nueve niños de inmediato llenaron bolsas con ropa y objetos personales y salieron rumbo a la frontera antes del amanecer, dejando su casa abandonada con los muebles y electrodomésticos.

A las cinco de la madrugada del 7 de octubre, con ayuda de dinero reunido por el Pastor de su barrio, Laura María y familia subieron a un autobús desde Honduras a Guatemala. Pasaron un mes retenidos en instalaciones para inmigrantes en Tabasco, donde autoridades mexicanas les hablaron de la posibilidad de pedir asilo. Posteriormente se les trasladó a un albergue para inmigrantes en Tenosique, y en una semana se mudaron a un apartamento con asistencia de ACNUR.

Laura María Cruz Martínez

Actualmente viven en un apartamento sencillo de dos habitaciones el cual comparten con una mujer de El Salvador y su pequeña hija, quienes también obtuvieron estatus de refugiadas. Las dos niñas mayores cuidan a los más pequeños y se aseguran de que la cena esté lista cuando Cruz llega de trabajar.

En 2016, el Instituto Nacional de Migración (INM) detuvo a 188.595 personas migrantes en situación irregular, 81% procedían de Centroamérica; deportó a 147.370 a sus países de origen. El 97% de las personas deportadas eran centroamericanas.

Los procedimientos del INM están diseñados para cumplir la ley mexicana sobre migración, en la que se estipula que se debe informar a las personas migrantes sobre su derecho a pedir protección. Sin embargo, en la práctica, estas normas a menudo no se cumplen. Numerosos solicitantes de asilo en México dijeron a Amnistía Internacional que habían sido devueltos en varias ocasiones a sus países y que los agentes del INM no les habían informado en ningún momento de su derecho a pedir asilo. (Vía: Amnistía Internacional)

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