RESEÑA Fyre: cuando lo ‘real’ de Instagram se vuelve desastre

Reseña. Fyre: la fiesta que nunca fue

Se suponía que sería la fiesta del milenio; se suponía que sería todo lo que las Instagram Stories de las celebridades viven a diario, pero terminó siendo un fraude, un campo de refugiados y una fábrica de memes. En Fyre: The Greatest Party That Never Happened, Chris Smith explora un fenómeno que no hubiera ocurrido sin influencers.

¿Qué pasa cuando tienes un “emprendedor” que ha construido su fama y fortuna por fraudes, una ciega confianza en el éxito y suficiente dinero para pagar posts de celebridades de Instagram? Fácil: tienes la expectativa de “la mayor fiesta del siglo”.

Un fraude del tamaño de Fyre no hubiera ocurrido sin la aparentemente sencilla pero sumamente complicada cultura de los influencers; es decir, no hubiera ocurrido sin Instagram.

Publicación usada para promocionar Fyre, desde cuentas de Bella Hadid.

Para anunciar un festival de ensueño, que ocurriría en una isla de las Bahamas “propiedad de Pablo Escobar” y sería exclusiva y llenas de lujos, fue necesario grabar lo que todos los involucrados entendieron que era el verdadero Fyre: un comercial de perfume durante tres días en el Caribe, mientras que modelos e influencers posteaban selfies y videos sobre ese mismo comercial.

Es fácil (muy, pero muy fácil) burlarse de los miles de defraudados: jóvenes ricos o medianamente acomodados que gastaron miles de dólares en algo que nunca ocurrió y por lo que siguen peleando en cortes la devolución de su dinero; pero, de hecho, burlarse de ellos es burlarse de toda una socialización en y de la que participamos.

Tu cuenta de Instagram, tu Facebook, tu Twitter, todas tus redes sociales son construcciones ficcionales de ti mismo. Desde elementos tan obvios como los filtros y el límite de 280 caracteres, hasta lo que decidimos publicar y lo que no, todo construye un personaje de ti.

Y exactamente igual (quizá más masificado) ocurre con los influencers: el problema, es que esas ficciones se venden como reales; pero el peor problema es que, como dice el mismo nombre que tanto odiamos, son una influencia en la gente que consume su contenido.

Post de Kylie Jenner sobre Fyre. Le pagaron 250 mil por publicarlo

Sólo de esa forma se puede entender que haya habido gente que pagara tres mil dólares por un boleto a un festival imposible, o que compañías fraudulentas sigan vendiendo tés “desintoxicantes”.

Lo más duro del documental de Smith no es tanto el organizador, Billy McFarland, y sus múltiples fraudes y problemas legales, o la entrega de los que trabajaron con él para lograr nada; lo más terrible es que retrata de cuerpo completo lo fácil que caemos en una dinámica de simulacros en la que no sabemos distinguir entre lo real y lo ficticio.

Y no, ficticio no es falso, como no es falsa la literatura o el cine; aquí, ficticio es “irreal”, es la lógica y la política del neoliberalismo: aspirar a algo que jamás se conseguirá, lo ficticio es el camino hacia lo irreal.