Narcos: México, cuando la ficción del narco se vuelve ficción espectacular

Luego de tres temporadas de narrar la consolidación del narcotráfico en Colombia y establecer a la DEA (Agencia para el Control de Drogas, por sus siglas en inglés) como una agencia con buenos motivos pero personal y acciones, cuando menos, cuestionables, Narcos llegó a México para narrar la creación del Cártel de Guadalajara.

Colombia y México: 30 años de cárteles

Tal como ocurrió con las tres temporadas de la serie El Chapo, para el público mexicano, todavía en el centro de la narrativa de la “Guerra contra el narco”,los operativos espectaculares y la militarización rampante del país, lo que narran estas series no es ficción, sino realidad: son un testimonio fidedigno de los últimos 30 años del país.

Colombia, sus instituciones y su sociedad ha tenido esos mismos 30 años para procesar, juzgar, sanar y reconvertir lo peor de su “Guerra contra el narco”. En esos años, si bien no todo ha sido resarcido (quedó claro, por ejemplo, con el referéndum sobre las FARC), han habido avances en la reconstrucción del tejido social: Medellín, por ejemplo.

¿Cómo se ve gráficamente la red de influencia del líder de un cártel en México?

Al contrario, en México seguimos inmersos en el discurso, la mediatización y la ideología impuesta por la Guerra contra el Narco, relanzara por Felipe Calderón, en 2006. En ese sentido, Narcos: México no narra la fundación de un solo Cártel, sino que es una lectura del momento actual de México: no es interpretado como ficción, sino como documento histórico.

En Los Cárteles No Existen, Oswaldo Zavala historiza y problematiza los términos en los que se ha presentado (y narrado) esta Guerra contra el Narco: no existen organizaciones ni federaciones monolíticas, y los capos no son CEOs. Todo forma parte de una narrativa oficialista: lo único que sí existe es el mercado de drogas, quienes lo explotan y quienes laboran en él.

Ficción e historia

Ahora bien, ¿a qué viene todo esto sobre los cárteles, el lenguaje, Calderón y Colombia con una serie de Netflix? Pues importa porque todo esto afecta la forma como, como mexicanos, interpretamos una ficción.

Cualquier hecho “real”, al ser convertido en una ficción se convierte en eso: una ficción. Es una mentira verosímil que se ancla en las ficciones con las que interpretamos y asimilamos la realidad inasible en la que vivimos.

Felix Gallardo, Don Neto y Caro Quintero al momento de su captura
Felix Gallardo, Don Neto y Caro Quintero al momento de su captura

Ni el Chapo, ni Caro Quintero, ni la DEA, ni Calderón ni García Luna son los personajes que creemos conocer, y mucho menos son los personajes que hemos visto representados por actores en Netflix.

Sin embargo, por la cercanía, por todo lo que no ha reparado y la constante impunidad en México, “nos queda claro” a través de esas series que lo que vemos es lo que pasó. Y así, simplemente, es imposible juzgar un trabajo por su fotografía, sus actuaciones o su peso cultural: son documentos.

Por eso mismo, la forma como ha sido recibida la cuarta temporada de Narcos en el mundo choca con cómo la recibimos en México: el excepcional trabajo de Diego Luna como Miguel Félix Gallardo, la construcción narrativa y el desarrollo emocional de su personaje nos suena más a glorificación (y, por tanto, vanalización) del narco que un trabajo actoral.

Esta “narcocultura” es complicada, compleja y tan variada como las distancias que hay entre una película de los hermanos Almada y Aquí no es Miami, de Fernanda Melchor o Heli, de Amat Escalante. Narcos: México está en medio, en un lugar difícil de definir y casi imposible de criticar. Lo único que queda claro es que mientras exista una Guerra contra el narco, seguirá existiendo cine, series, música y literatura sobre el narco.

por Raúl Cruz V. (@rcteseida)

Por: Redacción PA.