#PuroIris: el disco rock de este año está en japonés

¿Cuándo sabes que estás ante un disco perfecto? ¿Te esperas hasta el final, cuando puedes poner a juicio lo que acabas de oír; o, por el contrario, es más una sensación que empieza con el primer track y solo va creciendo conforme pasan las canciones? Esa es una de las principales preguntas que me dejó Haru Nemuri (春ねむり), una cantante, productora y rapera japonesa, nacida en Yokohama en 1995, que lanzó este año su primer disco, Haru to Shura, una odisea de guitarras lo-fi, veloces rimas en japonés y momentos de dream pop y vapor wave.

Cuando has lanzado varios sencillos contundentes y llevas un tiempo en la escena, lanzar un disco debut es más una responsabilidad que una recompensa. Haru Nemuri ya había causado amplias expectativas en el circuito rock japonés por una combinación extravagante de sintetizadores vaporosos que rozaban el j pop  además de una cualidad sobresaliente para rimar sobre afilados acordes de Fender. 

Por supuesto, hasta hace 3 semanas yo ignoraba por completo que Haru Nemuri es todo un fenómeno en el siempre discreto y casi marginal circuito del rock japonés. Pero el fervor está 100% justificado. Eso lo supe desde la abridora “MAKE MORE NOISE OF YOU”, un golpe de guitarras envueltas en la mejor clase de juventud: la conflictuada, la que conspira y reclama, la que ya está perdida.

Haru to Shura (algo así como La batalla de los jóvenes en español, según mis intérpretes) captura a la perfección mucha de la soledad furiosa que ocurre frente a pantallas; por lo que pude entender gracias a mis intérpretes, las letras de Haru Nemuri serían la versión maximalista (y sin ombliguismos) de los circunloquios Alt Lit que hicieron famoso hace unos años al novelista Tao Lin (ojo: no se dejen llevar por los apellidos; él es gringo y aburrido).

Pero aunque sus letras sean inaccesibles en Occidente, su música sí que es bien digerida sin necesidad de intérpretes o diccionarios. Haru Nemuri misma ha declarado que se dio cuenta de que su música estaba siendo bien atendida del otro lado del Pacífico cuando vio llenarse su buzón de mensajes directos en Twitter con preguntas en inglés.

Y es que su música está en un punto medio entre el exotismo teconógico y la familiaridad del rock que ocurre en el garage de a lado. Acaso el mérito de Haru Nemuri es haber probado esa fórmula tan sobada en Occidente (guitarras indie más sintes pop) con resultados completamente personales e inauditos. Su rock suena profundamente novedoso aunque sus mecanismos y trucos sean más que conocidos.

Desde que escuché los primeros diez segundos de Haru to Shura, supe que estaba ante un disco de 5 estrellas, rotundo, redondo y ruidoso. El paso de los tracks solo fue confirmando mi primera impresión. El gusto y la fascinación pueden ser emociones complejas; ocurren muchos antes de ser entendidas. Uno puede pasar años admirando un disco o un libro sin saber por qué; como es mi caso, uno puede desear escribir una reseña para conocer los motivos de la admiración.

De ahí que cuando alguien afirma que “no entiende” un obra, quiera decir ante todo que no pudo conectarse a nivel emocional y que busca escudarse en un nivel intelectual. ¿Quién entiende lo que aprecia a la primera? Mi novia, por ejemplo, pasó días repasando su gramática del japonés para entender por qué le gustaban las letras de Haru Nemuri, de las cuales comprendía retazos inconexos. Aún no sabía a la perfección que oía, pero ya sabía que lo amaba. La traducción al español de La batalla de los jóvenes solo era una confirmación. Tal vez las cosas que amamos siempre son una lengua extranjera.

Por @edegortari

Por: Redacción PA.