¿Por qué la RAE no acepta palabras extranjeras?

El rechazo a los extranjerismos supone una negación de la globalización en la que nos encontramos
En un trabajo prescriptivo y no descriptivo, la RAE niega el uso de palabras extranjeras

Desde que Antonio de Nebrija publicara la primera gramática castellana en 1492, la Academia Española de la Lengua se ha alimentado de su relación con otras lenguas. Desde el árabe hasta el náhuatl, el idioma español ha adaptado influencias externas a su propio desarrollo.

El estudio de la lengua se convierte en un estudio descriptivo y no prescriptivo, en el que se busca privilegiar la relación entre palabra y persona en lugar de la imposición de reglas específicas. Según el lingüista Milton M. Azevedo, el estudio de la lengua pertenece también a un estudio de las condiciones de sus hablantes, por lo que negar su evolución sería negar también el desarrollo social en el que se da dicha evolución.

Sin embargo, pareciera que la Real Academia Española rechaza la adaptación de la lengua al contexto social en el que se encuentra al solicitar que se mantenga estática. Mediante el rechazo a los extranjerismos y al lenguaje inclusivo busca detener la evolución progresiva de cualquier lengua. 

La intención de adaptar todos los extranjerismos al español, como “yutuber” y “guasap” supone una hipercorrección del lenguaje, con la idea de obtener la “variante más culta”. Aunque existen las equivalencias entre idiomas, cada palabra está cargada de un contexto específico, por lo que no toda traducción supone una igualdad de significados. Para el traductor Damien Tissot, ya que no todas las culturas comparten significados universales, las traducciones no pueden buscar ser igualitarias ni impositivas.

La gran mayoría de palabras que la RAE recomienda cambiar por su equivalente español, son palabras en inglés, producto de la globalización. “Jet lag” y “check-in” son extranjerismos utilizados alrededor del mundo, negar su presencia sería negar también la posición del idioma español respecto al resto del mundo.

Llama también la atención que la RAE niegue las distintas acepciones extranjeras, al tiempo que posibilita variaciones en el lenguaje español. ¿El cambio sólo es válido cuando es dentro de la propia lengua? Que se pueda escribir mahonesa, pero no se pueda decir “crush” supone un retorno a valores antiguos de la lengua por sobre su crecimiento integral.

El lenguaje es la herramienta mediante la cual moldeamos al mundo. Wittgenstein afirmaba que “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo“, porque nombrar es comprender. Al negar las palabras extranjeras, estamos también negando su presencia en el mundo y, por lo tanto, quedamos distanciados de la realidad en la que vivimos.