Entre el mito y la historia: ¿En verdad existieron las amazonas?

¿Las amazonas fueron guerreras reales o sólo un mito más?
(Imagen: Flickr)

Durante mucho tiempo se ha creído que las amazonas, las guerreras feroces y temibles de Grecia, eran sólo un mito más. Pero curiosamente,  historias del antiguo Egipto, Persia, Oriente Medio, Asia Central, India y China también presentaban a mujeres guerreras amazónicas. Y las amazonas fueron descritas en relatos históricos antiguos, no solo en mitos. ¿Quiénes eran las verdaderas guerreras conocidas como amazonas?

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Se creía que las verdaderas amazonas eran puramente imaginarias. Eran las mujeres guerreras míticas que eran los archienemigos de los antiguos griegos. Todo héroe o campeón griego, desde Hércules hasta Teseo y Aquiles, tuvo que demostrar su valía luchando contra una poderosa reina guerrera.

Amazonas en un vaso griego (Imagen: Wikicommons)

Conocemos los nombres de algunas amazonas (y no, no nos referimos a Diana también conocida como la Mujer Maravilla): Hipólita, Antiope, Tesalia. Pero durante mucho tiempo se pensó que eran sólo cuentos producto de la imaginación narrativa griega.

Las amazonas y Atenas

El siglo VIII a. C. Homero fue el primero en mencionar la existencia de las amazonas. En La Ilíada, que se establece 500 años antes, durante la Edad de Bronce o Heroica, Homero se refirió a ellas como Amazonas antianeirai, un término ambiguo que ha dado como resultado muchas traducciones diferentes, desde “antagonista a los hombres” a “la igualdad de hombres.” En cualquier caso, estas mujeres eran consideradas oponentes lo suficientemente dignas para que los personajes masculinos de Homero pudieran jactarse de matarlas, sin parecer cobardes matones.

Las futuras generaciones de poetas fueron más allá y le dieron a las amazonas un papel de lucha en la caída de Troya, del lado de los troyanos. Arktinos de Mileto agregó un romance condenado, describiendo cómo Aquiles mató a la reina amazónica Pentesilea en un combate cuerpo a cuerpo, sólo para enamorarse instantáneamente de ella cuando su casco se deslizó para revelar su hermoso rostro. A partir de entonces, las amazonas desempeñaron un papel indispensable en las leyendas de la fundación de Atenas. Por ejemplo, cuando Hércules cumple su noveno trabajo al robar el cinturón de la reina amazona Hipólita.

Aquiles y Pentelesia (Imagen: Flickr)

A mediados del siglo VI a.C., la fundación de Atenas y la derrota de las amazonas se habían vinculado de manera inextricable, al igual que la noción de democracia y la subyugación de las mujeres. El mito de Hércules contra las amazonas fue adaptado para incluir a Teseo, a quien los atenienses veneraban como el unificador de la antigua Grecia.

En la nueva versión, las amazonas persiguieron a Teseo luego que éste las atacara y secuestrara a su reina. Según el historiador griego Plutarco —del siglo I d. C.—, las amazonas no fueron una empresa trivial para Teseo. Sin embargo, como siempre, la valentía ateniense bastó para imponerse tras una cruenta lucha.

Las primeras representaciones pictóricas de héroes griegos que luchan contra amazonas escasamente vestidas comenzaron a aparecer en la cerámica alrededor del siglo VI a.C..

Cuanto más importantes fueron las amazonas para la identidad nacional ateniense, más buscaron los griegos pruebas de su enemigo vencido. El siglo V a.C. el historiador Herodoto hizo todo lo posible para llenar los vacíos faltantes. El “padre de la historia”, como se le conoce, localizó la capital amazónica como Temiscira, una ciudad fortificada a orillas del río Terme, cerca de la costa del Mar Negro, en lo que ahora es el norte de Turquía. Las mujeres dividieron su tiempo entre expediciones saqueadoras tan lejanas como Persia y, más cerca de casa, fundaron ciudades tan famosas como Esmirna, Éfeso, Sinope y Pafos. La procreación se limitó a un evento anual con una tribu vecina. Los varones eran enviados a sus padres, mientras que las niñas fueron entrenadas para convertirse en guerreras. Un encuentro con los griegos en la batalla de Terme puso fin a esta idílica existencia. Tres barcos cargados de amazonas capturadas encallaron cerca de Escitia, en la costa sur del Mar Negro.

Batalla entre atenienses y amazonas (Imagen: Wikicommons)

Al principio, las amazonas y los escitas se prepararon para luchar entre sí. Pero los dos grupos eventualmente se unieron. Sus descendientes se convirtieron en nómadas y caminaron hacia el noreste por las estepas, donde fundaron una nueva raza de escitas llamada sauromatianos.

Las amazonas y la arqueología

Aquí perdemos el rastro de las amazonas y por siglos ha continuado el debate de su existieron más allá de las páginas de la mitología griega. Pero nueva evidencia arqueológica parece comprobar que hay mucha de realidad dentro del mito.

La historiadora Adrienne Mayor sostiene que las tumbas de cuatro mujeres guerreras, enterradas juntas con sus armas encontradas en Rusia, corresponden a la inspiración que dio luz al mito de las amazonas.

Amazonas contra griegos (Imagen: Wikicommons)

Mayor, en su libro The Amazons: Lives and Legends of Warrior Women across the Ancient World, explica que los escitas como la fuente más probable de la leyenda de las amazonas. Pueblos nómadas originarios de Irán que emigraron al sur de Rusia y Ucrania alrededor del siglo VIII a. C., las mujeres escitas eran famosas por sus habilidades para montar a caballo y cazar, y su participación en la guerra. A lo largo de las estepas de Eurasia, los arqueólogos han excavado kurgans escitas (tumbas) que contienen los esqueletos de mujeres escitas con cicatrices de batalla junto con colecciones de armas, equipos de caza y herramientas.

Claro, las mujeres escitas no poseen todos  los atributos míticos de las amazonas. No vivían, por ejemplo, en comunidades totalmente femeninas ni se quitaban los senos para disparar mejor una flecha, entre otra cosas.

Sin embargo, su existencia hace miles de años no sólo sugiere una inspiración para el mito de las amazonas, sino que también demuestra cómo funcionan los mitos, leyendas y cuentos de hadas. Es decir, los aspectos más sobresalientes o extraordinarios de tales narraciones a veces contienen un ápice —o más— de una verdad a partir de la que se construye,  elabora, altera y sensacionaliza para convertirse en una historia épica o emocionante.

Las amazonas tal vez no existieron como nos lo cuentan los griegos, pero hay evidencias que comprueban que sí existieron mujeres que no dudaron en tomar las armas y ser autosuficientes.  Ahora sólo nos queda esperar que los expertos logren desentrañar la maraña que mezcla el mito con la historia.