Si vives en zonas del país donde, desde el 2006 (o antes), el Ejército o la Marina han realizado labores policiacas (desde confrontar a los cárteles del narcotráfico hasta dirigir el tráfico y responder a denuncias de violencia doméstica), entonces quizá ya tengas una idea de lo que sería, para todo el país, vivir en el esquema que propone la Ley de Seguridad Interior que, en estos momentos, está discutiéndose en 4 comisiones del Senado de la República.

Al menos, desde hace unas semanas, se ha estado discutiendo los alcances de ésta: los posibles conflictos constitucionales, los poderes que le otorgaría al Ejecutivo federal y a los jefes de las fuerzas armadas… Sin embargo, ha quedado lejos una explicación de cómo la Ley de Seguridad Interior (LSI) podría afectarte en la vida cotidiana, ya sea continuando una política de ocupación, como ha ocurrido en estados como Guerrero, Chihuahua, Tamaulipas o Veracruz, o instaurando una policía militarizada (por primera vez) en zonas que no la conocían, como el centro del país y el sureste.

Una ley para el Ejército y Marina, no para los ciudadanos

Según el sitio oficial del Senado de la República, la LSI tiene por objeto: “regular la función del Estado para preservar la seguridad interior, así como establecer las bases, procedimientos y modalidades de coordinación entre los Poderes de la Unión, las entidades federativas y los municipios en la materia” (Vía: Senado)

En este sentido, la LSI cumple las expectativas que desde hace más de un año han estado “solicitando” (*presionando*) para “regular” la actuación del Ejército y la Marina Armada de México en las funciones de seguridad pública (ajá: dijimos “seguridad pública”, y en un ratito regresaremos a eso). En varios medios y ante sus propios elementos, el general Cienfuegos y el Almirante Soberón insistieron en la urgencia de un marco legal que les diera “certeza constitucional” a sus soldados y marinos.

Tras 11 años de estar fuera de los cuarteles, tras los hechos de Tlatlaya, Iguala, Tepic y Palmarito, el desgaste de las dos instituciones frente a la sociedad era innegable. En algún momento, incluso, Cienfuegos confesó que “no habían estudiado para detener ladrones”… y tenía toda la razón del mundo.

Sin embargo, la LSI no es una enmienda constitucional, sino una ley “más” que va a regular cada acción policiaco-militar sin dejar en claro nada: ni los protocolos de actuación, ni la jurisdicción policial o castrense, ni los “derechos humanos” que respetará…

Periodistas de a Pie – Cadena de mando, obediencia ciega en la milicia- 01/09/ 2016 from Rompeviento Tv on Vimeo.

¿Cómo sería una vida bajo la LSI?

Digamos que eres un joven de 20 años que, tras varios eventos lamentables (como la desaparición de 43 normalistas o el incremento de más de 40% del precio de las gasolinas de un día para el otro), sale a manifestarse junto con otros miles a las calles de la Ciudad de México.

Estás acostumbrado que en la CDMX (con todo y la violencia “en el fuero común”, como feminicidios, asaltos y asesinatos) nunca ha habido otra fuerza además de la policía que restrinja una manifestación: miles de marchan han salido de cientos de puntos de la ciudad… Otra vez marchas, seguro de que tu derecho a la reunión, expresión y manifestación estará asegurado.

Como pasa en muchas, pero muchas marchas, hay un grupo violento que rompe cristales, mobiliario urbano y se enfrenta a la policía… bueno, a la policía militar que ha sido dispuesta a lo largo de las calles para “proteger” tu manifestación.

Los militares con equipamiento antimotines que “vigilaban” tu marcha rodean no sólo al contingente violento, sino a todos los manifestantes y la marcha se frena y se convierte, pronto y de repente, en una confrontación directa. Detenidos, heridos, gases lacrimógenos y nada más que ruido está a tu alrededor. No sabes cómo, pero logras huir, tomar el metro y llegar a tu casa, aún entre convoyes y patrullas que parecen dispuestas a encontrar y arrestar a todos los manifestantes.

Una ley sin definiciones, sólo con amenazas

Según la redacción que está “analizándose” en estos momentos en las comisiones del Senado, todo lo que acaba de ocurrirte es completamente legal: no hubo violación de derechos humanos ni del debido proceso aunque tú no hayas participado de la violencia. El ejército, dice el dictamen de la LSI, no intervendrá en ninguna manifestación siempre y cuando no constituya una amenaza a la integridad de las instituciones nacionales.

No hay ninguna aclaración sobre lo que constituye la amenaza, sobre quién interpretará que tal elemento sea una amenaza, más que unos apartados del artículo 5º de la Ley de Seguridad Nacional, escrito en el 2014:

III. Actos que impidan a las autoridades actuar contra la delincuencia organizada;
IV. Actos tendentes a quebrantar la unidad de las partes integrantes de la Federación, señaladas en el artículo 43 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos;
V. Actos tendentes a obstaculizar o bloquear operaciones militares o navales contra la delincuencia organizada (Vía: Ley de Seguridad Nacional)

En este sentido, para las Fuerzas Armadas, tanto las Organizaciones de Derechos Humanos como los colectivos de búsqueda de desaparecidos y el narcotráfico ocupan la misma posición en su Atlas de Amenazas.

Llegas a tu casa, te comunicas por Facebook con tus amigos para ver quién fue detenido, sabes de tres. A la semana, en camino a tu casa, eres detenido por la policía militar: habían estado espiando tus comunicaciones. Tu defensa no puede acceder a la información que recopiló la Sedena, pues está resguardada como “confidencial”.

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Posted by Tercera Vía on Sunday, 3 December 2017

¿Qué podemos hacer?

En buena medida, todo esto es ya la vida cotidiana de millones de mexicanos: activistas, luchadores de Derechos Humanos, familiares de víctimas y habitantes de zonas de conflicto. Sin embargo, podían demandar, levantar quejas ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, acusar al Estado mexicano y sentarlo en el banquillo de acusado.

La propuesta legaliza lo que, hasta el momento, eran violaciones directas a la Constitución mexicana y los tratados internacionales firmados por México; apuesta por la continuación de una estrategia de confrontación que, tras 11 años no ha dado resultados y ha dejado cientos de miles de víctimas, millones desplazados y un país herido.

¿Quieres hacer algo? Estás a tiempo. Visita www.seguridadsinguerra.org para saber cómo ejercer presión para frenar la LSI.