Ricardo Becerra, el recién nombrado Comisionado para la Reconstrución de la Ciudad de México, llegó en evite estado de ebriedad a una reunión con los damnificados del edificio en Zapata 252 en la colonia Santa Cruz Atoyac.

 

Como muchos otros damnificados, los vecinos de Zapata 252 han vivido en la calle, bajo tiendas de campaña y toldos desde el 19 de septiembre. Como otros, se han organizado para ejercer presión contra las autoridades capitalinas y contra los responsables de aprobar la construcción de un edificio que, con menos de un año de antigüedad, se derrumbó parcialmente.

Becerra había aceptado asistir a una reunión con los vecinos para informarles la situación del dictamen y las medidas que tomará la CDMX para garantizar su patrimonio. Sin embargo, llegó en evidente estado de ebriedad, lo que fue señalado por uno de ellos, luego de que el comisionado “se equivocara” de dictamen y les informara, de la forma más casual, que su edificio sería demolido y su terreno expropiado. (Vía: Reforma)

El enojo de los vecinos se manifestó en palabras de uno que, a lado del comisionado, explotó contra él por llegar alcoholizado, con reportes equivocados y “sin el menor respeto”:

“Le pido, por favor, que cuando venga, venga en condiciones [óptimas]: sí apesta a alcohol, y la verdad es que ya estuvo, no somos unos malditos [grita]. No es un espectáculo: están en la calle, están viviendo en la calle… [otra persona añade: somos 126 familias]. Yo, honestamente, me quedo para pelearme, pero no voy a ser [inaudible] de una persona que viene borracha” (Vía: Excélsior)

Hasta el momento ni Becerra ni la comisión ni el gobierno de Miguel Ángel Mancera se han posicionado respecto a lo ocurrido el día de ayer. En un punto entre el cinismo y la “transparencia”, el comisionado publicó en redes sociales una foto en la reunión y otro par más en los que, dice, acudió a dos reuniones más (posiblemente ya crudo… o en la creda).

Lo mejor, quizá, sea la justificación del comisionado: venía de una reunión con los vecinos damnificados de Tláhuac, quienes le habían ofrecido “un mezcal”… A menos que ese “mezcal” fuera de a litro, no entendemos cómo una sola copa hubiera generado ese impacto en la salud de Ricardo Becerra.

¿Ha hecho tan buen trabajo que ya hasta le ofrecen de beber en las reuniones con vecinos?, ¿no hay algo parecido a un reglamento para los funcionarios públicos que les impida beber en horario de trabajo?