Ucrania removió mil 320 estatuas de Lenin, ¿es comparable con las estatuas de Robert Lee?

El gobierno de Ucrania inició una política de desmantelamiento de todos los monumentos comunistas; la instrucción es retirar, de todas las ciudades y pueblos, las estatuas relacionadas a los tiempos de la Unión Soviética. Hasta el momento han retirado mil 320 estatuas del revolucionario y dictador soviético V. I. Lenin, así como mil 69 monumentos con simbología socialista.

Estas acciones son parte de la política anti soviética tomada por Kiev desde la llegada del presidente Petro Peroshenko, quien sucedió al presidente pro ruso Viktor Yanukovych. Esa política no solo ha retirado monumentos de la época soviética, sino que también ha cambiado los nombres de las calles y plazas que referían a algún personaje de esa época.

De tal forma, el desmantelamiento de la simbología soviética en Ucrania busca desvincular a la historia de ese país con la de Rusia. Recordemos que las regiones pro rusas conservan esas reliquias soviéticas ya que son símbolo del vínculo que se tiene con Rusia, sin embargo, para muchos ucranianos son símbolo de la dominación histórica, tanto política, como cultural, de Rusia sobre su país. (Vía: The Independent)

Más allá de todo esto ¿es importante mantener monumentos de un personaje como Lenin en los espacios públicos o sucede lo mismo que en los casos de otros personajes como el general confederado Robert Lee? evidentemente el esclavismo y el socialismo son movimientos sociales y políticos completamente distintos y, por supuesto antagónicos, uno de ellos busca oprimir, mientras que el otro, en apariencia, busca “liberar al hombre de sus cadenas”, privilegiando la igualdad entre los seres humanos.

Sin embargo, en los hechos, hemos podido constatar que en nombre del “pueblo”, del proletariado y de la igualdad también se han perpetrado las peores masacres y los crímenes más atroces contra la humanidad. Los regímenes socialistas son el ejemplo fehaciente de esto, solo pensemos en lo que derivó el triunfo de los bolcheviques en Rusia, la revolución cultural en China o los Jemeres rojos en Camboya.

Bajo la apariencia de defender una supuesta causa justa, bajo la promesa de traer el paraíso a la tierra, los gobiernos socialistas han cometido crímenes sistemáticos contra aquellos que son considerados “enemigos de la revolución” y, por tanto, “enemigos del pueblo” (lo que sea que eso signifique). Estos han tomado distintas formas: en Rusia fueron los zaristas, los mencheviques, los judíos y los cosacos; en China eran los intelectuales y los disidentes del gobierno.

En el caso de Lenin, el llamado “Terror rojo” es el ejemplo de la brutalidad con la que gobernó en nombre del proletariado, sobre todo a través de “La Cheka” la cual era la policía política del régimen y de los campos de trabajo forzado (GULAGS). Solo durante los primeros años de su gobierno, Lenin instauró un campo de concentración por provincia, de 1919 a 1921, los reclusos aumentaron de 16 mil a 70 mil, es decir se cuadriplicó la población en solo 2 años.

Asimismo, reprimió alrededor de 140 revueltas causadas por la colectivización forzada y las levas para el Ejército Rojo. En ese contexto, Lenin autorizó las ejecuciones sumarias, contra los que el régimen consideraba: “enemigos de clase”, bajo esa instrucción fueron asesinados desde campesinos y obreros, hasta pequeños propietarios y comerciantes; solo en 1918 “La Cheka” ejecutó a 15 mil personas. (Vía: El Mundo)

Asimismo, Lenin ordenó un genocidio sistemático contra la población cosaca, conocida también como “descosaquización”, dicha política duró de 1917 a 1933. Se estima que fueron asesinados casi medio millón de cosacos en ese periodo, de una población total de alrededor de 3 millones. (Stéphane Courtois, El Libro Negro del Comunismo)

Como podemos ver, el socialismo tiene una historia relacionada al odio, solo que este se desprende de la ortodoxia ideológica, de la negación de las diferencias de pensamiento, las cuales también absurdamente han sido asociadas a condiciones étnicas, religiosas y de género. En ese sentido, Lenin también representa odio y terror, solo que justificado en un pensamiento utópico que nunca se volvió realidad.

Pero el tema aquí es, ¿tirar o remover las estatuas cambia en algo la historia? ¿más que ocultar y desaparecer la historia no deberíamos mejor conocerla para evitar repetirla? Comprender la historia a partir de la dicotomía buenos y malos no lleva a ningún lado debido ya que ese criterio es altamente subjetivo; por el contrario si comprendemos estos fenómenos como procesos sociales, políticos y económicos altamente complejos, podríamos llegar a conclusiones mucho más interesantes y productivas.