Sí, existe el Día Internacional del Hombre (y sí, fue en respuesta al 8M)

Cada año, el 8M hace que millones busquen si existe el Día Internacional del Hombre... y pues sí existe, pero no le importa a casi nadie
Foto de portada del sitio web del Día Internacional del Hombre

Cada 8M, las redes se llenan de búsquedas por el Día Internacional del Hombre… Algunos lo hacen con sincera curiosidad: ¿por qué se “celebra” (aunque no sea “celebración”, sino una reivindicación) un día de la Mujer y no uno del Hombre? El problema es que ese día sí existe, pero como que a nadie le importa mucho.

El día internacional del hombre (DIH) existe, sí, es real y se “celebra” el 19 de noviembre. Sí, a alguien se le hizo necesario, “tuvo sentido” que si las mujeres tienen un día, lo tengan también los hombres. El objetivo, dice su página oficial (sí, también hay una página oficial) es crear consciencia de los problemas que, estadísticamente, afectan más directamente a los hombres: suicidio, encarcelamiento, desgaste laboral, enfermedades cardiovasculares.

El otro propósito, supuestamente, también es buscar una excusa para que lo hombres se relacionen “sanamente”, y aparece en su página una fotografía de un grupo multicultural de hombres riendo, listos para lo que podría pensarse un domingo de deportes o preparar el asador o cualquier imagen “común” dentro del imaginario masculino.

Foto de portada del sitio web del Día Internacional del Hombre

Con sólo ver la fotografía aparecen dos motivos: camaradería y masculinidad, dos “valores” que por sí mismos no tendrían nada de malo, incluso el primero es algo que habría que fomentar en una sociedad constantemente alienada de su alrededor. El problema, el grave problema, está en cómo piensa la página oficial de este día que debería de pensarse la masculinidad, o, más bien para qué debería de pensarse una “buena” masculinidad:

La masculinidad es la base de la paternidad. Hombres buenos hacen padres buenos. Los niños y las familias son las beneficiadas. La Fatherhood Foundation [la organización, aparentemente, detrás del día internacional del hombre] ha construido una red con otras asociaciones masculinas y de padres para promover un punto de vista positivo de la masculinidad y para promover políticas familiares que apoyen a los hombres”. (Vía: internationalmensday.com)

Lo que hace “bueno” a un hombre no se explica qué pueda ser, lo que hace “bueno” a un padre, ¿de verdad es cómo se piensa hombre?, definitivamente es parte de una forma particular de entender e interpretar los roles y relaciones de poder que dentro de la familia existen, pero el proceso para observar y ser crítico de los privilegios que por ser hombre se tienen no forman parte, al menos en el discurso de la página, de ese “buen” hombre.

Esta “celebración” se articula desde varios elementos que, conforme se van sumando, empiezan a ser problemáticos: la salud y bienestar de hombres y niños, la paternidad, reducir las familias sin un padre, promover la “equidad de género”, reconocer la discriminación contra los hombres (sí, también) y las contribuciones que han hecho “los hombres” a sus comunidades, lugares de trabajo…

Ante lo que parecería obvio, que este día es una reacción al Día Internacional de la Mujer, la página dice que no (y ya, hay que tomar por sentado que no lo es), que es una oportunidad de pensar las “inequidades” por las que pasa el hombre. ¿Qué se entiende, desde esta retórica, por “igualdad de género”, por “discriminación contra los hombres”, si, sin decirlo, se coloca en una posición de víctima, de un sistema que se le ha opuesto?

Es un giro irónico que algo como el “día internacional del hombre” se valga del discurso feminista (travestido) para argumentar la necesidad de la fecha: por un lado se reconoce que hay algo que ha permitido - hasta impuesto - , hasta este momento que algo esté “desfasado” en la forma como los hombres se relacionan entre ellos y con la sociedad de la que forman parte; algo que regula y moldea la forma como el mismo hombre se piensa.

Por otra parte, este “día internacional del hombre” es un ejercicio que, de no ser “real”, podría pensarse como toda una parodia: el tercer sábado de cada noviembre, para que “todos” lo hombres puedan celebrarlo - ¿y los que trabajan fines de semana?, ¿y los que no trabajan?, ¿y los padres de casa? - para que todos disfruten “un día para ellos”, como si el hombre, como sexo y como género, no pueda tomar control, posesión y dominio de cualquier espacio, público o privado, de cualquier tiempo, de cualquier conversación, de cualquier lucha - hasta la feminista.