Reflexiones sobre el día Mundial de los Océanos, un texto de Josefa González Ortiz Mena

Hoy celebramos el Día Mundial de los Océanos y, por supuesto, estamos de fiesta porque México está rodeado de mares llenos de biodiversidad. Existe una gran responsabilidad global por conservar esta riqueza para las futuras generaciones; por ello, existen un sinnúmero de iniciativas multilaterales que promueven su incorporación a modelos de desarrollo sustentables.

Los océanos son también nuestras fronteras: es donde inicia nuestro territorio y hasta dónde llega nuestra soberanía.

Por ello, las zonas costeras, los océanos y los territorios insulares deben ser una prioridad para los gobiernos que tienen la fortuna de contar con mares, pues son clave para la seguridad nacional.

En México, los principales retos ambientales que enfrentamos como país para proteger nuestros océanos son la contaminación costera y marina, el cambio climático, la extinción de especies por sobre explotación o por introducción de especies exóticas invasoras, el incremento del comercio marítimo, que aumenta los riesgos de daños asociados con accidentes (arrecifes dañados, colisión con ballenas, contaminación con hidrocarburos), la extracción de hidrocarburos en aguas someras y profundas que pueden representar riesgos para la vida marina sino se hacen de manera correcta, la minería submarina (que ha sido propuesta en más de una ocasión en aguas del Pacífico norte mexicano ricas en biodiversidad), la generación de energía eólica “offshore” en zonas con poblaciones de aves pelágicas (como los albatros que pueden perder poblaciones enteras sino se toman las medidas preventivas adecuadas), y el turismo no sustentable que en muchos lugares es el principal problema de nuestras costas, mares e islas (como se ha visto con el caso de Holbox).

El olvido en que hemos mantenido a los Territorios Insulares de México (islas, cayos y arrecifes) es preocupante: poco más del 70% de las extinciones de vertebrados en México ha sido en estos territorios.

Ante esta situación, México debe y puede actuar oportunamente para revertir la degradación de los ecosistemas costeros, marinos e insulares.

Frenar la contaminación costera y marina, con regulación, monitoreo y vigilancia efectiva es una necesidad urgente. La terrible contaminación de los océanos por plásticos es un asunto global que urge atender.

En este sentido, los desafíos para las autoridades ambientales en la próxima administración son muy grandes.

Por una parte, existe un déficit presupuestal en el sector que dificulta la vigilancia del cumplimiento de las leyes. Además, falta incorporar procesos participativos en la construcción de las decisiones en los procesos de planeación y gobierno de políticas costeras, marinas e insulares.

Por ello, es necesario generar estrategias y modelos de participación que involucren a todos los actores relacionados con los mares.

Algunos de estos problemas, rebasan de la escala nacional y son problemas globales, que implican cooperación internacional. La pérdida de biodiversidad y el cambio climático son dos ejemplos de ello; concretamente la alteración de corrientes marinas, y su impacto en los patrones de migración y reproducción de múltiples especies, así como la pérdida de territorio debido a las futuras inundaciones en la zona costera.

Sabemos que no podemos resolver estos grandes retos en solitario. Por ello, pugnaremos para que México encabece la discusión y la implementación de la agenda ambiental internacional; en particular la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo del Milenio, el Acuerdo de París referente al Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, y las Metas de Aichi del Convenio sobre la Diversidad Biológica. Adicionalmente, lucharemos para que las decisiones sobre los asuntos del mar involucren a toda la sociedad interesada o afectada por ellas. Sólo sumando esfuerzos, internacionales y locales, se podrán enfrentar estos retos complejos.

Por último, es importante tomar en cuenta que la población más pobre también es la más vulnerable ante los desastres naturales y frente el cambio climático, igualmente, lo son quienes viven en las costas y en los territorios insulares de México.

Por ello, sin duda alguna, la próxima administración federal deberá voltear la mirada al mar y promover acciones a corto y mediano plazo –alineadas a los acuerdos internacionales–, mediante procesos de gobernanza democrática que garanticen océanos limpios, sanos y productivos para las presentes y futuras generaciones.