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El problema no es el Reggaetón, es tu clasismo

Al reggaetón se le ha juzgado de machista, misógino, discriminatorio, sucio, inmoral, tonto y hasta de ser solo “para simios”. Sin embargo, sigue ahí y se escucha en todos lados: camiones, taxis, celulares, cafeterías y hasta aeropuertos (aunque te enojes, Aleks Syntek).

El género ha sido visto como el pulular de todo un discurso que promueve la promiscuidad y valores que no concuerdan con la sociedad actual, o que son parte de una patología social encerrada en un beat de 4/4 con un contra tiempo, porque el reggaetón es, finalmente, eso: música y por tanto puede ser escrita como toda la demás.

Una cosa es cierta: el reggaetón ha tenido expresiones machistas, misóginas y discriminatorias, pero no podemos juzgar a una expresión cultural a través de un juicio moral. La música y todos sus géneros son expresiones y construcciones culturales que van más allá de sus intérpretes; no existe música que sea “buena” o “mala” moralmente.

Sería el equivalente a juzgar al metal como se le hizo en los años ochenta: como un género satánico, de herejes y de malas personas; o al rock n’ roll en sus orígenes, cuando Elvis Presley era el símbolo inequívoco de la decadencia moral de la sociedad cada que hacía un movimiento de cadera en el escenario.

Basta recordar que un género musical es solo eso: música que puede ser expresada a través de una estructura, por tanto es reconocible a través del mismo lenguaje que rock, rap, reggae, jazz, metal y cualquier forma musical comparten (sí, en efecto, las bases de J Balvin se entienden de la misma forma que los riffs de Eddie Van Halen).

Por otro lado, las expresiones culturales nunca vienen solas. Son, en todos los casos, el reflejo de las personas que lo consumen. El rock n’ roll fue la muestra de que la juventud de ese momento buscada desafinarse de una moralidad tradicional bastante rigurosa; el ska fue la música que acompañó la independencia jamaiquina en los años sesenta y la conformación de una identidad afro-anglosajona-caribeña; el grunge el grito angustioso de la Generación X, que buscaba ser más que un término de mercado.

Así mismo el reggaetón representa algo, no solo los prejuicios con los que es visto. Tampoco es gratuito que sea tan popular y que sea aceptado por una generación que es vista, de muchas formas, a través de los mismos prejuicios que este género.

El fenómeno de masas que representa es, posiblemente, el primero dentro de la cultura digital de Internet en relación con la música. Por eso mismo, la cantidad de exponentes del género pasó de ser cerrado, como en la Invasión Británica, Madchester, la explosión de reggae en los 90’s o el new wave en los 80’s, a ser completamente global.

Los prejuicios para demeritar el reggaetón son casi siempre los mismos: se habla de su machismo, de sus expresiones misóginas, que reducen a la mujer a un objeto y que reproducen la masculinidad de manera tóxica bajo figuras arcaicas de ver la relación entre hombre y mujer desde la heterosexualidad.

Estos argumentos, aunque ciertos (pero mal generalizados como casi toda generalización), no parecen empatar con el desprecio que existe al género y la escena que lo integra. ¿Por qué? Simplemente porque bajo ese enfoque tendríamos que despreciar todo género musical hecho desde que se integraron letras a las melodías.

Existen canciones de The Rolling Stones, Bob Dylan, Guns n’ Roses, Luis Miguel, Cuca, José José y demás que comparten interpretaciones, lenguaje y discurso discriminatorio (desde racismo y xenofobia hasta la evidente misoginia y el sexismo), pero que no son juzgadas de la misma forma que el reggaetón.

Parece que este argumento es meramente un pretexto para pasar a juzgar al género y su entorno desde la discriminación de clase. Este género nació en comunidades de clase media baja y su popularización se dio en esas mismas, como un producto de baja complejidad musical y lírica.

Sus temas y aspiraciones fueron similares a las del rap en los 90’s, por lo tanto su forma y tratamiento también, solo que adecuadas al contexto latinoamericano. Al igual que este otro género, fue adoptado por la clases bajas y, por tanto, encontró representación y repercusión en este mismo sector poblacional.

Al reggaetón se le critica por sus letras machistas pero bajo el crisol de ser un grupo de personas que no tiene derecho a serlo por su condición de clase, que involucra un prejuicio de baja educación y bajo nivel socioeconómico.

Sin embargo esto no es nuevo y, por supuesto, le pasó al rock, punk, metal y cualquier género que tuvo impacto social a este nivel, como fenómeno global.

También se les tachó de inmorales y es que, aunque nos cueste afrontarlo, la carga erótica (para algunos, pornográfica) que lleva el reggaetón forma parte de la liberación sexual y de la posibilidad de hablar de ello sin un contexto que involucre moralidades religiosas, sino una nueva moralidad adecuada a su época (en este momento es donde tu tíx se sienta).

El género ha rebasado a sus exponentes y conformó una escena, que vive por sí misma y no solo de los cantantes y agrupaciones populares que, ya sabemos, pueden cantar un “Despacito” y ostentar las listas de éxitos. Pero también hay un fenómeno cultural que se mueve por escenarios más pequeños llevando estas premisas a cabo con nombres como Tomasa del Real, Ms Nina, Kaydy Cain, entre otros que abanderan un movimiento.

Es cierto que existen letras machistas o discriminatoria como las hay en muchos otros géneros. Sin embargo, resulta ridículo querer tipificar la música como “buena” o “mala” según las decisiones creativas de individuos particulares. Así mismo, que una canción no tenga estos elementos no es una categoría estética.

El reggaetón provoca molestia porque está modificando estructuras de pensamiento conservadoras a través de un discurso y una narrativa emanada desde la simpleza de la rima y un lenguaje directo entendible para casi cualquier persona. Por eso Alex Syntek se enoja, porque lo pueden escuchar y entender sus hijos, bien educados y que van a misa, no porque realmente considere que esto los vaya a convertir en simios.

Y, tranquilo, no te pedimos que perrees y dejes de escuchar a Radiohead, pero claro que es una invitación a que revises, en dado caso, todo aquello que escuchas en la misma dimensión y se comprendan las diferencias de cada género y su escena.

Por Freddy Campos | @Freddorific