La pseudociencia podría apoderarse de la NASA

Una historia verdaderamente absurda, y sí, es de Donald Trump, quien propuso al congresista republicano Jim Bridenstine, para ocupar el cargo de administrador de la NASA. El problema es que Bridenstein es un escéptico del cambio climático, de hecho, abiertamente ha aceptado que no cree que el calentamiento global sea producto de la actividad humana.

Es decir, de ser ratificado por el senado estadounidense, tendríamos como cabeza de una de las agencias de investigación científica más importantes del mundo y, que, específicamente destina cuantiosos recursos para la investigación del cambio climático, a un personaje cuyas creencias son pseudocientíficas. Sin duda estamos ante algo inédito, sería como si se nombrara de Papa a un personaje que niegue la existencia de dios. (Vía: Sin Embargo)

Si bien, la crítica es una de los elementos más importantes de la operatividad de la ciencia, esta no puede estar fundamentada con cualquier argumento. Esto significa que no cualquier cuestionamiento al consenso es válido por sí mismo, ya que debe contar con ciertos elementos que entren en el criterio de demarcación de la ciencia, el cual no es otra cosa que una discriminación que le permite al sistema científico diferenciarse de otras formas de conocimiento no científicas.

En ese sentido, podríamos decir que las argumentaciones que sostienen que el cambio climático no es causado por la actividad del ser humano se encuentran fuera del criterio de demarcación científica, la razón: que sus argumentos no cuentan con criterios teóricos y metodológicos capaces de generar evidencias empíricas capaces de falsear las teorías que hasta este momento son catalogadas como válidas.

Es decir, los negacionistas del cambio climático no parten de observaciones y procedimientos propiamente científicos para sustentar su argumentación, simplemente apelan a creencias y conjeturas sin referente alguno, es decir, son creencias que podemos calificar como pseudocientíficas.

Evidentemente, que una persona cuyas creencias son pseudocientíficas llegue a la administración de una institución científica como la NASA, no cambia la codificación operativa de verdad/no verdad con la que opera el sistema científico, es decir, no puede influir en lo que de hecho es considerado por el sistema como verdad. Sin embargo, lo que sí puede hacer es obstaculizar, como acoplamiento estructural, el flujo de investigaciones hacia un área en particular, en este caso, respecto al cambio climático.

De tal manera, Jim Bridenstine, no va a cambiar la referencia codificada a lo verdadero en relación al cambio climático, pero sí, puede retirar presupuesto hacia esas tematizaciones con el fin de limitarlas, lo cual impacta no solo al conocimiento científico respecto a ese tema, sino también, en las soluciones tecnológicas a este problema que derivan de dichas investigaciones científicas.

El bloqueo de las tematizaciones respecto al cambio climático en realidad no afecta la operatividad del sistema de la ciencia en su conjunto, ya que es probable que solo se limiten las operaciones comunicativas relacionadas a este tema en esa institución en particular.

Sin embargo, esto no quiere decir que el bloqueo de las comunicaciones tematizadas respecto al cambio climático no tenga daños colaterales o consecuencias no deseadas, de hecho, las tiene son bastante riesgosas, ya que estamos hablando de un fenómeno que tiene impactos en los sistemas complejos que convergen en el planeta.

Para decirlo de manera más concreta, el cambio climático afecta tanto a los ecosistemas, como al sistema social, por tanto, frenar los avances sobre su conocimiento en realidad pone en riesgo el entorno social y natural.

Además, en términos de la competencia en el campo de lo científico, esta decisión podría rezagar a Estados Unidos en el conocimiento de ese campo en particular, así como en el desarrollo tecnológico derivado de esto, que tiene que ver con temas que van desde la transición energética, hasta tecnologías de producción más eficientes.

Estamos ante gobernantes que no han entendido que, por una parte, el desarrollo científico y tecnológico ha sido una de las principales palancas de desarrollo y, por otra parte, y aún más importante, que los avances en la investigación científica y tecnológica pueden ayudar a evitar el punto de quiebre de los ecosistemas, lo que les guste o no, afecta directamente a nuestra especie.