¿Por qué el próximo presidente debe tener una agenda de innovación?

Más allá de las inversiones, el capital o el trabajo, es la innovación el verdadero motor de toda economía, es decir, no hay forma de transformar una economía para bien si no es a través de procesos de innovación.

De ahí la importancia de que el próximo gobierno impulse una agenda para la innovación que trate de apoyar el desarrollo científico en las universidades y que también logre facilitar que las personas puedan echar a andar proyectos que aprovechen los avances tecnológicos y aporten ideas al desarrollo y la transformación de los mercados.

El contexto económico global ha puesto el acento en la importancia de implementar una agenda de innovación a dos dimensiones: la primera relacionada al impulso de investigaciones científicas enfocadas en el desarrollo de nuevas tecnologías; y la segunda enfocada en lo económico, es decir, en las innovaciones que se dan en las propias dinámicas de mercado.

Evidentemente ambas dimensiones están relacionadas en términos prácticos, pero no en términos de política pública, ya que responden a necesidades distintas. En el caso del desarrollo científico, se necesita mayor inversión pública, así como facilidades para impulsar proyectos con la iniciativa privada.

Por otro lado, las necesidades de la dimensión económica tienen que ver con cuestiones como el acceso a créditos, a menos trámites burocráticos para echar a andar un negocio, acceso a créditos y a incentivos fiscales para detonar el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas, dicho de otra forma, facilitar que los emprendedores materialicen sus ideas.

El problema es que hasta el momento no hay un aspirante a la presidencia que tenga un programa estructurado relacionado a la innovación, al contrario, algunos de ellos aceptan abiertamente que no les interesa el tema tecnológico y de inversión en innovación. El tema solo ha sido tocado positivamente (pero sin detalles) por Ricardo Anaya, ya que en algunas ocasiones ha señalado la importancia de la innovación y del desarrollo tecnológico para la resolución de distintos problemas sociales y económicos.

Dicho de forma sencilla: es imposible ser competitivo en el mercado global si no hay desarrollo e innovación tecnológica. Pensemos solo en el sector energético: el futuro no está en la construcción de nuevas refinerías y en la recuperación de la propiedad estatal de los hidrocarburos, o, simplemente en la apertura a los mercados como proponen otros, no, aquí el tema es la transición hacia otras formas de energía que detonen no solo en mayor sustentabilidad, sino, en una mayor diversificación económica y, eso solo es posible a través del desarrollo y la innovación tecnológica.

Finalmente, los beneficios de la innovación no solo se reflejan en la lejana macroeconomía, sino que también transforman el empleo, los salarios y la calidad de vida de las personas debido a que esta es un detonador del crecimiento económico.