Elon Musk se está convirtiendo poco a poco en Hank Scorpio

Elon Musk presenta los avances y productos de sus empresas con el modelo de conferencias que Steve Jobs consolidó como firma de Apple. Salvo que la actitud y la imagen del sudafricano (sí, es sudafricano) recuerdan más a Tony Stark.

El presidente y dueño de Tesla poco a poco ha ido asentando su imagen dentro de la cultura popular, como un empresario exitoso, pero también como un niño curioso que quiere descubrir todo lo que no entiende.

Las pretensiones con las que comenzó a llamar la atención fueron simples y ambiciosas: descubrir el espacio y automóviles eléctricos. Dos promesas incumplidas de la modernidad que Musk lleva como bandera financiera y tecnológica.

Sin embargo, sus aspiraciones siempre han sido ambiciosas y pasó de eso a querer comenzar una industria de lanzallamas y el desarrollo de tecnología para interpretar pensamientos a través de algoritmos computacionales. (Vía: The Verge)

Tesla, Space X, Neuralink y todas las empresas que dependen de Musk como su líder y propietario, pasaron rápidamente de ser la ilusión de un niño con dinero e inteligencia, al plan villanezco de este empresario para la dominación del todo.

Su imagen, en vez de verse afectada, comenzó a tomar la forma de mito. Ya no era el relevo de Steve Jobs, sino la encarnación de Hank Scorpio, el excéntrico jefe de Homero Simpson que cargaba azúcar y leche evaporada en las bolsas de su chaqueta, al mismo tiempo que combatía con servicios de la defensa estadounidense con un lanzallamas.

Como figura de la cultura popular no ha escatimado en alimentar su mito, con declaraciones como que estamos viviendo en una simulación (oh, La Matrix), que la Inteligencia Artificial es más peligrosa que las bombas nucleares (hola, ¿está Isaac Asimoc aquí?) o que estaba diseñando su propio traje de Iron Man (la referencia ya es ociosa).

https://www.youtube.com/watch?v=neG-LL2XZHQ

Musk no es ajeno a todo lo que representa, incluso él alimenta el mito a diario, siendo cada vez menos conciliador y cada vez más provocador, asumiéndose encima de todos sus detractores, como poseedor de una visión inequívoca que no alcanzamos a comprender porque no estamos a su nivel.

Quedó demostrado hace poco, cuando se confrontó con un ex trabajador de la empresa, a quien acusó de saboteador y de querer atacar la fábrica de baterías de Tesla, la más grande del mundo en ese rubro.

Acusó de manera pública a Martin Tripp de haber robado información sobre la seguridad de los autos eléctricos, que además dijo que era falsa. Tripp, por su parte, expresó que su único interés era hacer del conocimiento del público las fallas de seguridad que tienen los automóviles.

Después, Tesla reviró con una denuncia sobre Tripp, en la que hizo público su miedo de que él atacaría la fábrica, aunque la policía estadounidense determinó que esa acusación era falsa y no existían motivos de alarma algunos, de la misma forma que Tripp se deslindó de tales intenciones. (Vía: C Net)

El conflicto escaló, y Elon Musk ya no se fue contra su extrabajador, sino contra los medios. Volvió a defenderse, como poseedor único del conocimiento universal, señalando a todos los medios como mecanismos de dominación al servicio de intereses, que en este caso buscan desbancarlo y quitarle al mundo todo lo que él le puede dar.

El problema es que los periodistas están bajo presión constante para obtener un número importante de clics, y con ellos ganar una buena cantidad de dinero. De no hacerlo se juegan su trabajo.  (Vía: The Washington Post)

Entre la evidente crisis energética que puede significar que las reservas y la extracción de combustibles fósiles decaiga, Musk dijo tener la respuesta para que los medios funcionen como debe ser… es decir, como él quiere.

El gran problema, según el empresario sudafricano, es que existen noticias falsas, tales como las que lo atacan, aunque fue comprobado que sus declaraciones en contra de Tripp fueron falsas e infundadas, así como que los reportes de seguridad filtrados sí pertenecían a las pruebas de Tesla.

Se trata de una situación compleja, ya que Tesla no se anuncia, pero las compañías de combustibles fósiles y las compañías de automóviles de gasolina se encuentran entre los mayores anunciantes del mundo. (Vía: The Washington Post)

Musk vive en el entendido de que lo que él diga tiene que ser exactamente de esa forma. Eso es parte de su mito, sus palabras sobre la industria y cómo funciona son misa, pues él tiene la respuesta, porque ha retado a todo el mundo con su visión revolucionaria, que desde el punto de vista de el marketing puede ser cierto, pero que se aleja de la realidad cada que da declaraciones.

La figura que ha adoptado no solo es compleja y excéntrica, sino también dañina en términos de innovación y desarrollo científico y tecnológico. Que a través de sus empresas busque encausar el desarrollo, como sea que él lo entienda, puede causar un estancamiento, al asignarse el monopolio de lo que significa innovar.

Sí, la carrera espacial, los automóviles autónomos y de energía limpia, las ciudades subaterráneas y los chips para leer mentes son grandes pretensiones, pero es un panorama que nos acerca más a Blade Runner que al mundo moderno y tecnológico que plantea.

Sus peleas, así como la alimentación del mito, como un eterno joven emprendedor, genio inclasificable, condensan el riesgo que Tony Stark no termina por cumplir en los cómics de Marvel porque es un superhéroe y no un villano.

Su avance, cada vez mayor, a controlar todo lo que toca, lo llevan más a estar en el equipo de los villanos de James Bond y los líderes distópicos, no a los genios de heroicidad ficcionaria como Black Panter, Hank Pim, Bruce Lanner o Tony Stark.

Por Freddy Campos | @Freddorific