Crónicas de cómo es ser maestro en México

Tomar clases no es para nada igual a impartirlas. En México, la profesión docente está bastante demeritada, sin embargo, a diario los profesores salen al paredón del salón de clases a buscar cumplir con su responsabilidad en la formación educativa del país.

Plumas Atómicas platicó con algunos profesores, para que nos contaran su experiencia en la docencia y no te quedes solo con la visión desde la banca con chicles debajo de la paleta. Ah, claro, y para que entiendas un poco más su día a día.

Rubén Darío Vázquez

Hace unos años apliqué un extraordinario sobre metodología de la investigación en comunicación. El examen consistía en entregar un análisis de contenido de acuerdo con las especificaciones del temario. Un alumno me preguntó personalmente los requisitos y se los expliqué.

Unos días más tarde, ese chico llegó a entregarme el trabajo con un par de horas de retraso, sin embargo, lo acepté porque #buenaonda. Pensé que era un análisis complicado y extenso, quizá unas 30 cuartillas, y como empezaría a leer un día después, no le vi mayor problema.

Una vez que inicié con la lectura, me percaté que se trataba de un ensayo y no del trabajo que había solicitado. Eso implicaba que el chico ya había reprobado, pero tenía curiosidad porque era sobre la “Generación X”, tema que retomé varias veces en clase, así que seguí leyendo. No avancé mucho en la lectura para darme cuenta que prácticamente todo el ensayo era una mezcla de diferentes textos encontrados en Internet.

Sin embargo, al avanzar en la lectura, el texto me pareció muy familiar, demasiado familiar. Abrí el archivo de mi tesis de licenciatura y me encontré con que prácticamente la mitad del primer capítulo había sido copiado en su totalidad.

Seguramente el fulano pensó que era buena idea entregarme un trabajo sobre la Generación X, ya que en clase varias toqué el tema. Así que googleó y pegó los textos que le iban apareciendo.

No se dio cuenta que entró al catálogo de tesis de la UNAM y que copió la mía. Mucho menos que me la estaba entregando como un trabajo suyo. Un par de días después, el alumno fue a reclamarme por su calificación y cuando le expliqué la situación y el por qué estaba reprobado, me preguntó “¿entonces reprobé?”, y se fue muy molesto, sin entender claramente porqué no aprobó la materia.

Alma Rosa Andrade Soria

Goya, hace tiempo que deje de pensar que la UNAM lo era todo. Dejé la carrera de medicina (aunque no dejó de gustarme, claro está) para poder seguir trabajando en el magisterio.

Al principio, la opción era ser estudiante y la otra ser empleado asalariado; sin embargo, lo que me llevó a definirme fue la oportunidad de sostenerme por cuenta propia.

Miré hacia abajo y miré hermanos pequeños con necesidades qué cubrir. También miré que el presente me permitiría tener una trinchera para seguir intentando cambiar el mundo, desde la mirada de la educación, ya no como estudiante ahora como docente.

Esa sigue siendo mi bandera, aunque sean pocos los logros conseguidos en ese sentido. Lo que sí cambió fui yo, pues a partir de esta forma de vida (casi 27 años, más de la mitad de mi existencia), formé una familia que adoro y valoro: de los hijos que hoy estudian espero sepan enfrentar la vida que están forjando.

La educación no la da un maestro, ni unos padres, ni tampoco la escuela. La vida forma maestros día a día con experiencias y aprendizajes propios. Ser maestro es revolucionar y compartirlo con ustedes de todas las formas posible. Compartir es la mayor aportación a la vida.

Crónicas de cómo es ser maestro en México

Miguel Acosta Valverde

En mis años de profesor hago muchas preguntas a mis alumnos sobre los temas que vemos en clase y siento que estamos en un juego de Maratón. Un juego de mesa en el cual los competidores avanzaban a partir de responder preguntas sobre diversos conocimientos, y en el que juega la ignorancia si no se responde la pregunta.

Nos hemos llegado a divertir tratando que no nos gane la ignorancia, ¡lo que a veces llega a suceder! A veces pienso en ilustrar mis clases con mapas que den idea de alguna región del mundo y ahí me explico porque me dediqué a las ciencias sociales: dibujo los continentes, pensemos Europa, el mar Mediterráneo, África, de tal manera que los recreo y reinvento.

Lo bueno es que los alumnos tienen idea de la región geográfica, bueno, ¡eso creo! Dar clases a jóvenes no siempre es fácil. Entre que son grupos muy numerosos y los temas tratados, a veces no es sencillo mantener el orden.

Cuando llega el momento en que alguien me distrae continuamente, detengo mi exposición o la de un alumno y me quedo viendo fíjamente a quien está hablando. Se hace un silencio en el salón, pero como está distraído ¡siempre es el último que se da cuenta! Lo que sí, dar clases me ha permitido darme cuenta lo que se siente ser actor de una obra de teatro y estar en frente del público.

No me gusta dar clases sentado, si no que estoy de pie y explico los temas de tal manera que siento que estoy actuando y me he llegado a emocionar. Aunque haya dado un clase varios años, siento que cada clase es nueva e inédita.

Disagree Season 3 GIF by Black Sails - Find & Share on GIPHY

Raúl Cruz Villanueva

Como todo profesor, tengo historias de sobra: desde juntas con padres que no entendí jamás hasta monjas que me veían horrible porque no me hincaba en la consagración de la hostia cuando tenía que llevar a mis alumnos a misa (ajá: di clases mil veces en escuelas de monjas y ni yo entendí nunca por qué). Sin embargo, hasta el momento nada le ha ganado a la vez que tuve un jaguar en el salón. Sí. Un jaguar en el salón.

Daba clases en cierta universidad de cierto valle de cierto país a alumnos de Veterinaria. Como tenían que llevar animalitos como mascota, llegamos al acuerdo de que las bestiecitas podían correr libres por el salón mientras se comportaran y el alumno responsable limpiara cuando hiciera sus gracias.

The Hangover Running GIF - Find & Share on GIPHY

Un día, uno de ellos me dice que dejó ‘al hermano mayor’ en su coche y si podía ir por él. Acepté y, cuando le pidió ayuda a otro compañero entré en pánico: iba a ser un gran danés o un san bernardo. Ni modo, dije que sí y me fregué.

Llegan con una transportadora gigante, cubierta y evidentemente pesada, la dejan al fondo del salón y me piden permiso para abrirla. Lo doy. Y salió el animal más hermoso que he visto: un jaguar cachorro de seis meses, ojos miel y caminaba hacia mí.

No pasó nada pero perdí la clase y perdí al alumno dueño del jaguar porque la Profepa inició una investigación en su contra.

Por: Redacción PA.