Seis años de #YoSoy132: la protesta que revivió unas elecciones perdidas

Hace seis años, Enrique Peña Nieto conoció a profundidad los baños de la Universidad Iberoamericana, luego de que fuera abucheado y sacado del auditorio donde iría a dar, según su equipo de campaña, un discurso tranquilo, con público a modo y preparado para las fotos, los abrazos y una que otra selfie. Lo que se encontró, en cambio, fue la simiente de un movimiento al que “el nuevo PRI” no estaba acostumbrado.

Las pifias del entonces candidato se sumaron a su mediocre trabajo como gobernador del Estado de México, la represión en Atenco, la corrupción de sus compañeros de partido y sus mentores y padrinos, además de la amenaza abierta del regreso de un régimen autoritario que (creíamos) había muerto con la alternancia en el año 2000. A lo que se enfrentó Enrique Peña Nieto desde esa tarde del 11 de mayo del 2012 sería un botón de muestra de la resistencia social que se iría articulando, diversificando y organizando contra no sólo su gobierno sino contra la clase política completa.

#YoSoy132 tuvo una vida breve y compleja que no puede aislarse del contexto internacional en el que nació: en los últimos estertores de la “Primavera árabe”, en medio de #OccupyWallStreet y en diálogo directo con los indignados del #15M y los estudiantes chilenos que exigían educación pública gratuita. 2012 fue un año en el que la juventud no sólo se organizó para protestar contra lo que vivían y contra lo que se enfrentaban todos los días, sino que, también, tuvo que encontrar, justamente, las formas para confrontar algo para lo que las herramientas de protestas anteriores no servían: frente a lo invisible de la homogeneidad económica (frente a la amenaza constante de cooptación), tuvieron que encontrar formas de organización discursivas y de acción que, viendo hacia la “tradición de la protesta”, rearticularan el poder de la frustración, el enojo y la impotencia.

A pesar y gracias a esos mismos procesos de protesta y resistencia, ese año fue uno lleno de esperanza para miles, porque, como con #YoSoy132, parecía que frente a la maquinaria del Estado, frente a los aparatos legales, ideológico y culturales del mercado, se iban encontrando formas de oponerse: enfrentar los cuerpos, los rostros, desacreditar las jerarquías y horizontalizar los procesos de decisión, “jugar” el mismo juego simbólico y metafórico que esa misma “oposición” (ahora sin un núcleo fijo al que atacar). Sin duda, quienes vivimos ese año en medio de protestas, manifestaciones, asambleas y reuniones -y el miedo constante a que el movimiento se frenara, se olvidara o fuera cooptado-, lo hicimos, también, con una idea vaga: la esperanza.

YoSoy132 OccupyWallStreet

No, la esperanza no como un ideal vacío, ni como la “certeza” de que solo basta la superioridad moral o “tener la razón” para que todo mejore; sino como algo que se tiene que construir, que se tiene que vigilar y proteger, algo por lo que se tiene que trabajar en cada momento, como señala Terry Eagleton en Esperanza sin optimismo. El problema para todas las organizaciones de protesta social, desde México hasta Chile, Estados Unidos y Europa fue que, en buena medida, nos descuidamos.

Repito: había esperanza, construimos, entre todos esperanza y han habido ecos constantes desde esas marchas del 2012 en la toma de protesta de EPN, en las manifestaciones contra la reforma energética, en la exigencia de la aparición con vida de los 43 de Ayotzinapa… Y son esos ecos, aquí en México, los que permiten decir, al menos en parte, que algo sí ha quedado de #YoSoy132: los oficinistas que salían por primera vez a marchar, las madres indignadas, las familias completas, las amistades que se hicieron en plena calle superan por mucho a los Atolinis y Lozanos, a los “dirigentes” que, autonombrados, tomaron asambleas, contingentes, atrajeron la atención de cámaras o las páginas de periódicos.

YoSoy132 protesta

Hoy es imposible no hacer la relación de todo lo ocurrido en 2012 con lo que está pasando en Estados Unidos con la presidencia de Donald Trump, con el caos en el que se han convertido los países árabes que, entre 2010 y 2012 “guiaban” las revoluciones… Hasta cierto punto es fácil tomar las calles, convocar a miles que están igual de indignados, igual de cansados, igual de molestos, igual de hartos y ser noticia y encerrar al que (todos lo sabíamos pero nos negábamos a aceptarlo) sería el presidente de México en los baños de una universidad privada…

Lo difícil, lo verdaderamente complejo es construir una resistencia política coherente y efectiva, que supere el ensuciarse las manos con elecciones o que decida otros caminos, que supere el momento y deje de ser destello; encontrar la forma de, colectivamente, administrar nuestro pesimismo y convertirlo en un agente político.

Hace seis años, 132 jóvenes fueron vetado de su auditorio por ser considerados agentes peligrosos, y las redes se convirtieron en un megáfono que organizó una protesta. Sin embargo, es fácil hacer conclusiones simplistas: el enojo, la indignación y el hartazgo ya estaban ahí, esos 132 fueron una chispa en un cuarto lleno de gas, y es del gas del que siempre tenemos que estar pendientes.

 

Raúl Cruz V. ⎢@rcteseida

 

Por: Redacción PA.