AMLO y la austeridad

AMLO

Prácticamente desde hace una década las propuestas de gobierno de Andrés Manuel López Obrador giran, sobre todo, en torno a tres ejes, el primero es el combate a la corrupción; el segundo es el plan de austeridad gubernamental y el tercero es un cambio en la política económica que tienda hacia una mayor incidencia del estado en la economía, es decir, AMLO busca aumentar el volumen de estado, tendiendo hacia modelos cercanos al estado benefactor. Dejando de lado el tema de la corrupción, que es un problema que ha llegado a niveles anómicos en nuestra sociedad y que es de celebrar que un candidato lo tenga como prioridad en su posible programa de gobierno; hay sin duda una serie de contradicciones entre su plan de austeridad y su proyecto de política económica.

Para el candidato presidencial de Morena, la austeridad gubernamental se reduce a cuestiones muy simples de recortes al gasto corriente, tales como la reducción de salarios, viáticos y demás prestaciones, que si bien son excesivas e incongruentes, no representan una proporción alta en términos del gasto público. Es decir, reducir el gasto corriente es importante pero tampoco es la solución a nuestros problemas tal y como nos quiere hacer creer López Obrador, ya que esa medida tiene que ver mucho más con un temas de responsabilidad y congruencia con políticas más fuertes de austeridad, en donde se recortan de manera más drástica los presupuestos públicos con el fin de controlar la deuda.

Pero, resulta incongruente hablar de austeridad y al mismo tiempo tener propuestas que implican aumentar de manera exponencial el gasto público, ahí están sus planes que van desde la construcción de refinerías, la inyección de recursos públicos a Pemex y CFE, la construcción de vías ferroviarias que irían de la capital hacia el norte del país; hasta la ampliación de pensiones, becas y apoyos sociales y el aumento de los subsidios a las gasolinas con el fin de vender gasolina más barata. Todos estos planes implicarían gasto y endeudamiento público, no queda claro de dónde saldrían los recursos para llevar a cabo estos proyectos, sin duda no será en conjunto con la iniciativa privada ya que la política económica gira al rededor de una mayor intervención estatal en la economía.

En ese sentido, solo podemos pensar en dos vías para la aplicación de dichas propuestas económicas, la primera es la más peligrosa ya que implica que se aumente el gasto público con el sistema recaudatorio actual, el cual aunque ha ido en aumento no alcanzaría para llevar a cabo los gastos que busca llevar a cabo AMLO, en ese escenario, el país entraría en una crisis de endeudamiento que resultaría en una quiebra de las finanzas públicas derivando en una crisis económica. La segunda vía sería mediante una reforma fiscal que lleve a un fuerte aumento de impuestos que le permitiría recaudar más dinero para así poder aumentar el gasto, pero dichas medidas mermarían el poder adquisitivo de las familias mexicanas, además de que generarían tensiones fuertes en lo social.

Es decir, resulta demagógico afirmar que la solución a los problemas sea aplicando medidas de austeridad que apunten a la reducción del gasto corriente de todos los poderes y todos los niveles de gobierno del país, y que además el ahorro producido de eses recortes, que sería de aproximadamente unos 30 mil millones de pesos, pensando en el hipotético de que se le quitaría todo el dinero a los partidos, al INE y a los diputados y senadores, además de que se vendería el dichoso avión presidencial, nos permitiría llevar a cabo todas sus propuestas. Esos recortes propuestos en gasto corriente no igualan la recaudación dada por el impopular impuesto a las gasolinas (IEPS), que es de unos 258 mil millones de pesos, ni siquiera alcanzarían para construir una sola refinería cuyo costo es de aproximadamente 10 mil millones de dólares, que con el tipo de cambio tomado a un margen de 21 pesos, tendría un costo de 210 mil millones de pesos, pero el plan de AMLO es construir tres ¿De dónde va a sacar 620 mil millones de pesos?

Pero lo mismo sucede con las propuestas de aumentar el gasto público en CFE y Pemex, así como unos 220 mil millones de pesos adicionales a lo que actualmente se tiene presupuestado a los programas de vivienda, a mejorar salarios, servicios públicos, mejorar el consumo y a inyectar recursos para apoyar a las Pequeñas y Medianas Empresas (PyMES), etc. De primera mano todo suena fantástico, el problema es que en ningún momento explica de dónde saldrán esos recursos y, más importante, cómo va a controlar el problema de deuda pública respecto al PIB.

Según algunos cálculos, el plan de gobierno de AMLO nos costaría aproximadamente 1 billón de pesos más del presupuesto que se tiene actualmente, hasta el momento no hay una propuesta de reforma fiscal de su parte que explique las formas en que recaudarán ese billón de pesos extra, que incluye también la penalización por la cancelación del nuevo aeropuerto y la construcción de las pistas en el aeropuerto militar de Santa Lucía; la construcción de nuevas carreteras, puentes y ferrocarriles, entre otras muchas cosas. En realidad sus propuestas económicas en realidad son un compilado de políticas que en la letra y el discurso suenan muy bien, pero que en los hechos resultan inaplicables y altamente riesgosas para la salud macroeconómica del país, fuera de su propuesta de “capitales semilla”, en la cual no ha profundizado del todo y resulta altamente ambigua, no queda claro cuál será el papel de la iniciativa privada en su política económica. (Vía: Animal Político) (El Financiero)

 

 

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