La rebelión del godín: amistades en el trabajo

Los días en la oficina no son sencillos, el trabajo te vuelve monótono. Cada empleado está sujeto a un pequeño mundo construido de entregas, cifras, metas, errores, regaños, ascensos y despidos. Pero en el flujo de intercambio entre la fuerza laboral por unos cuantos pesos, me pregunto: ¿hay formas de romper las dinámicas laborales y jerárquicas de una oficina?

Sí, la amistad.

Al caminar por Avenida Insurgentes fácilmente puedes encontrarte cara a cara con un grupo de oficinistas sonrientes. Todos con un claro indicio de mal del puerco y platicando felices sobre algún detalle nimio de la vida. ¿Has deseado estar en sus zapatos? Yo sí.

La respuesta a mi anhelo llegó pronto y pude experimentar ese mal del puerco comunitario. Hace unos meses tuve mi primer empleo godín y también tuve mi primer viernes de quincena y con él, tuve el tiempo para compartir la vida en uno de esos restaurantes de alitas y cervezas. Contar un par de secretos a un grupo de desconocidos que por una hora se convirtieron en mis mejores amigos.

Pero de lunes a jueves te das cuenta de que el comportamiento en la oficina está regulado por estructuras de poder, las normas dentro del trabajo pueden ir, desde guardar silencio a no tener permitido relacionarse afectivamente con tus compañeros. Las reglas permiten la eficiencia en la producción, un error, una fisura a esas dinámicas, puede poner en riesgo la productividad de los empleados.

Pero hay algo peor que un error ortográfico en tu informe, algo peor que haber llegado 10 min tarde a la oficina o haber perdido ese archivo importante en la desorganización de tu computadora, eso peor, es quebrantar las normas desde los afectos. Hacerte de amigos en la oficina y saber que el tiempo laboral puede ser organizado de otra manera, que ese tiempo no sólo se ocupa para trabajar.

Hace poco leí una entrevista que realizaron a un filósofo italiano, llamado Franco Berardi, mejor conocido como “Bifo“. En algún momento de la entrevista le preguntan sobre las formas actuales del trabajo, sobre cómo se han modificado las condiciones laborales en las que, según Bifo, la producción laboral ya no sólo te consume fuerza física, si no que ahora inviertes tus deseos, tus emociones y tu fuerza física además, de que no te das cuenta en qué momento dejas de trabajar.

En fin, en medio de esta entrevista, ante la pregunta de si existe una manera de contrarrestar esté fenómeno que él llama trabajo congnitivo, Bifo responde que es a través de redes solidaridad o de amistad.

“La amistad es la manera de salir de la condición de explotación actual. Pero amistad, es sólo una palabra… La política del tiempo que viene es la de la amistad; no es siquiera una política, es un psicoanálisis, es una terapia. (…) La amistad es el placer de la relación con el cuerpo del otro.”

Quizá envalentonada con lo que acababa de leer con poca conciencia de las intenciones del filósofo italiano, fue que comprendí que los espacios en los que lográbamos crear contacto con otro compañero o compañera, no sólo en la comida, sino al llegar y saludarnos con un abrazo, compartir el gusto por un cómic o una banda de rock; tejíamos, de alguna manera, esas redes de solidaridad en las que el trabajo sin perder la conciencia de que era el trabajo, se volvía menos asfixiante.

Pero fue una situación que visibilizó las redes de amistad que ya se habían construido. A los pocos meses, ocho personas fueron despedidas y pronto, el ambiente entristeció. Pero no sólo quedó la tristeza, el despido de las ocho personas comprobó que la amistad había rebasado las horas de alitas y cerveza, que la amistad había infringido al propio tiempo. Que esas personas envueltas en  un mundillo de entregas, cifras, metas y errores, son efectivamente y afectivamente, personas.

La ausencia de los ocho compañeros afirmó que no sólo estamos en el trabajo para trabajar, si no para desobedecer desde la felicidad, desde compartir lo íntimo en un espacio que está limitado por lo impersonal. Desde reconocernos no como compañeros de trabajo, si no como compañeros de vida que se reúnen por el deseo de estar juntos y no por la obligación de compartir una oficina.

 

Hebzoariba Hernández G.

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