Universidad de Nuevo México introduce programa de medicina tradicional

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Para aquellos que asumen a la ciencia desde una perspectiva ortodoxa y purista y, que además, a ven a su principal espacio social que es la universidad, entendido como un lugar sagrado, el programa práctico de medicina tradicional que integró la Universidad de Nuevo México les parecerá una aberración, una profanación, ya que retoma conocimientos que no cumplen con los criterios de validación propios del sistema científico.

Sin embargo, a esa ortodoxia cientificista podríamos recomendarle el gran texto de Peter Winch “Comprender una sociedad primitiva” en donde entre otras cosas propone, siguiendo los postulados del llamado “segundo Wittgenstein”, que la ciencia es un juego de lenguaje que responde a una forma de vida particular. De tal forma, la ciencia es entendida como una forma de conocimiento social y cultural propio de occidente, que coexiste con otros conocimientos que son producidos en formas de vida distinta.

En ese sentido, para el autor la ciencia es una extensión de las formas de dominación política y cultural que ha impuesto occidente, en este caso se manifiesta en el terreno de lo cognoscitivo, en términos de que dicta a otras formas de vida lo que es verdadero o falso. Esto refleja en el fondo  los procesos de dominación cultural de occidente, que llevan consigo la imposición de formas particulares de observar, comprender y explicar el mundo.

Esto trae consigo una asimetría entre conocimientos que puede observarse en la atribución que toma la ciencia como sistema de validación distintos tipos de saberes, que incluyen a los que provienen de otras culturas. Esa asimetría, para Winch impide paradójicamente que el conocimiento científico logre comprender otros juegos de lenguaje y otras formas de vida radicalmente distintas, o dicho de otra forma, otras formas de epistemología.

La solución que propone Winch es bastante compleja, el observador (antropólogo, sociólogo, filósofo o etnólogo) tiene que partir de un principio de simetría epistémica, esto quiere decir que debe de flexibilizar no solo los criterios de verdad y validación, sino también las formas de significación y generación de conocimiento.

Todo esto nos da la posibilidad de acercarnos un poco más a la realidad construida lingüística y socialmente por la forma de vida observada, es decir a las significaciones que producen juegos de lenguaje radicalmente distintos.

Partiendo de este relativismo operativo podemos comprender de otra forma el sentido del programa de medicina tradicional de la Universidad de Nuevo México, ya que fuera de las consecuencias no deseadas que pueda tener, como por ejemplo la folklorización, es un buen ejercicio de simetría entre formas diferenciadas de conocimiento.

De tal forma, la inclusión de un programa que incluya otras formas de terapéutica más allá de la alópata es importante no solo en términos políticos, sino también en términos cognoscitivos ya que permite a su vez comprender de mejor manera los criterios de realidad, operatividad y validación de esa forma de conocimiento.

El titular Eliseo Torres produjo desde ese curso una investigación llamada “Curanderismo: El arte de la medicina tradicional sin fronteras”, ahí  expone el contacto que han tenido curanderos de distintas culturas y estudiante en Albuquerque durante un lapso de más de veinte años. Además el texto incluye un manual de esas prácticas que tiene como objetivo que el lector se aproxime a los métodos y medios utilizados en este tipo de terapéuticas.

De tal manera, la investigación presenta también un catálogo sobre tipos de plantas medicinales y sobre su uso. Asimismo, describe una serie de prácticas terapéuticas que entremezclan tanto elementos pragmáticos, como simbólicos. Esto nos muestra elementos cosmogónicos que se manifiestan en la medicina, que tienen que ser interpretados de manera integral, es decir, tomando en cuenta elementos que van desde el terreno de lo práctico, hasta el de lo espiritual.

En ese sentido, tanto la investigación, como el curso universitario buscan no solo mostrar que cuestiones como el mal de ojo, el oráculo o el susto son una realidad fáctica para los miembros de esas formas de vida, sino que también nos revela las funciones manifiestas y latentes, en el sentido de Merton, que tienen estructuralmente esas terapéuticas, las cuales además han operado desde hace siglos.

Más allá de que la visibilización de estas prácticas culturales haya aumentado a raíz de la tendencia, cada vez más creciente en nuestras sociedades, de buscar “medicinas alternativas”, no deja de ser importante que se les de cabida en espacios universitarios dedicados a la generación de conocimiento científico. Lo relevante en este caso no es solo esa apertura, sino la forma en que se da, ya que está construida desde un principio de simetría epistémica y no desde la subordinación como mero objeto antropológico. (Vía: Sin Embargo)

 

 

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