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Tu experiencia no es una prueba científica… y menos tus creencias

Por paradójico que suene, es necesario creer en el proyecto de la ciencia para poder generar conocimiento científico. Es decir: como en cualquier forma de conocimiento, es necesario partir de un compromiso fundamental con las formas en que se construye y se constituye, esto se conoce como compromiso epistemológico. Dicho de forma más sencilla, no podemos conocer algo sino creemos en que podemos conocerlo a partir de ciertos criterios.

Creer y saber no son lo mismo

Para la ciencia, la creencia es simplemente un punto de partida, es decir, una condición de posibilidad, ya que operativamente, las creencias no son suficientes para generar conocimiento válido en sus términos. Es decir, a diferencia del conocimiento religioso o de sentido común, la ciencia no da por hecho que la idea de que el mundo es correspondiente con la idea que se tiene de él. Aristóteles lo dijo de la siguiente forma: la duda es el principio del conocimiento.

Por lo tanto, la creencias dejan atrás su carácter dogmático para volverse hipótesis que tienen que ser verificadas a través de observaciones y métodos que permiten contrastarlas con el referente empírico, entendido no como la realidad fáctica, sino como una construcción teórica y analítica que explica de cierta manera cómo está constituido el mundo.

La ciencia ha logrado demarcarse de otras formas de conocimiento, lo que le ha permitido establecer de manera diferenciada lo que es y no es científico. Esto por supuesto no quiere decir que lo que es considerado científico sea inamovible, de hecho es todo lo contrario, ya que se presupone que todo conocimiento es dinámico: la verdad es cambiante, o, dicho en términos del filósofo de la ciencia, Karl Popper, es un ideal regulativo.

Que te haya pasado a ti no es prueba de nada

Si toda verdad es temporal, podemos decir que entonces la crítica es el elemento fundamental que permite dicho dinamismo. Pero ,cuidado, el concepto de crítica no debe ser entendido en términos de evaluación moral, tal como lo entiende el sentido común, sino como un proceso teórico-metodológico que permite deconstruir y reconstruir las teorías consideradas como verdaderas, con el fin de evidenciar sus contradicciones y problemáticas, tanto analíticas, como explicativas.

La ciencia no parte de experiencias ni creencias: parte de hipótesis que serán puestas a prueba.

En ese sentido, y de manera muy sintética podemos decir que la ciencia se demarca de otras formas de conocimiento a partir de: teorías y métodos específicos que permiten observar de manera controlada el mundo; la crítica como motor de transformación; la verdad como ideal regulativo y no como un concepto alcanzable y la conformación de una comunidad científica, que es la que opera, produce y reproduce este tipo de conocimiento.

Una ‘teoría’ es una explicación no necesariamente probada pero sí admitida

Contrario al catecismo ilustrado que establece que la experimentación es un elemento indispensable del conocimiento científico, nosotros dejamos de lado este aspecto, ya que en la ciencia moderna, este mecanismo metodológico se encuentra limitado a los avances tecnológicos, es decir, las teorías científicas muchas veces sobrepasan los medios técnicos disponibles para probarlas vía experimentación u observación directa; piénsese en la física teórica por ejemplo.

Dicho todo esto, podemos decir entonces que ni las experiencias particulares ni las creencias en sí mismas pueden ser consideradas argumentos de carácter científico. A lo sumo podrían ser motivadores o disparadores para generar preguntas de investigación, pero, en sí no pueden ser consideradas como evidencias científicas.

La gravedad existe aunque no creas en ella

Cualquiera puede creer que la tierra es plana o negar la evolución, sin embargo, difícilmente esas opiniones podrían generar hipótesis que alcancen observaciones que logren falsear las teorías que sostienen que la tierra es esférica y que somos producto de la improbabilidad y el azar evolutivo.

Decimos que este tipo de aseveraciones ni siquiera podrían generar una hipótesis científica debido a que no están ancladas a ninguna tradición de investigación que se encuentre disputando la veracidad de ciertas observaciones con otras teorías científicas, dicho de otra forma, esas explicaciones no han generado la información necesaria para derribar la información disponible contenida en la ciencia.

Sucede lo mismo con las observaciones sobre los fenómenos sociales, aquí las experiencias particulares o la moral no pueden ser consideradas observaciones de carácter científico. Dicho de manera más específica, las consideraciones en términos de bueno/malo no sirven para explicar la operatividad de algo; igualmente con las afirmaciones que infieren que el mundo social, político o económico es de tal forma porque un sujeto en particular lo experimentó así.

La moral no puede establecer verdades científicas

Respecto a la moral podrían contrariarnos diciendo que hay una tradición crítica de la sociedad que ha evidenciado de manera científica las injusticias de la sociedad. Pues bien, hay que aclarar que la tradición crítica no observa a través de la diferencia bueno/malo, sino que utiliza un presupuesto de “deber ser” como punto de partida que permite comparar y evidenciar las contradicciones de esta sociedad, es decir, observan el “ser” del mundo, para de ahí generar evaluaciones y críticas normativas.

Pensemos en ejemplos concretos para observar estos problemas: decir que el sistema capitalista es injusto porque reproduce la pobreza no representa un argumento científico, ya que el valor de la justicia no es concepto que nos ayude a comprender el funcionamiento y la operatividad de ese sistema económico; paradójicamente eso lo tenía muy claro el mayor crítico del capitalismo, Karl Marx.

Lo que te pasó a ti no aplica para todos y, si no es repetible, nunca será un saber científico

Lo mismo sucede con la idea de meritocracia que llega al ridículo de afirmar que la pobreza es una condición psicológica de las personas. Las pruebas que aportan los que sostienen este tipo de cosas son experiencias particulares de personas que salieron adelante, sin embargo, esos casos no explican la operatividad estructural de los fenómenos de movilidad social y pobreza.

Como podemos ver, la ciencia va más allá de nuestras creencias y valoraciones del mundo, por tanto, si quisiéramos discutir o afirmar que una aseveración científica es falsa, tenemos que ir más allá de nuestra inmediatez y del conocimiento que damos por hecho. Finalmente, es también un error tomar el conocimiento científico como verdad absoluta e inamovible, tal como sucede con el catecismo ilustrado de la difusión científica y el sistema educativo, que vuelve a la ciencia una especie de dogma.

Si te interesa más el tema puedes consultar estos textos:

Karl Popper, Conjeturas y Refutaciones.

Thomas Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas.

Paul Feyerabend, Tratado contra el método.

Rudolf Carnap, La construcción lógica del mundo.

Barry Barnes y David Bloor, Relativismo, racionalismo y sociología del conocimiento.

Niklas Luhmann, La Ciencia de la sociedad.

Luis Villoro, Creer, saber, conocer.