Niñas son compradas y casadas de manera forzada en Guerrero

Bajo el pretexto de una ‘tradición’, en la región de la montaña de Guerrero los hombres o familiares de jóvenes compran y venden a mujeres adolescentes para contraer matrimonio de manera forzada.

Un reportaje de El Universal, a partir del trabajo del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, muestra la situación que atraviesan, probablemente desde hace décadas, niñas de 12 años a adolescente de entre 15 y 17 años que son compradas y obligadas a casarse. En los últimos 17 años Tlachinollan ha registrado a cerca de 300 mujeres que fueron casadas en contra de su voluntad. (Vía: El Universal)

“Es una vieja práctica que no podemos erradicar, aunque la ley dice que la práctica se configura como un delito, específicamente de trata de personas“, dijo el asesor del síndico de Metlatónoc, el abogado Serafín Nava Ortiz.

La práctica de pagar una dote por una futura ‘esposa’ es habitual en las poblaciones de origen tu ‘un savi la cual está ubicada en los municipios de Cochoapa el Grande y Metlatónoc. Las niñas se venden por cantidades que van de los 60 o 70 mil pesos hasta los 180 mil pesos. La adolescentes son amenazadas, incluso golpeadas, para aceptar los términos a los que llegan los padres de ella y del esposo.

La dote tradicional ha trastocado la integridad y seguridad de niñas, adolescentes y mujeres indígenas, porque la esencia de esta práctica ancestral se ha transformado en […] un intercambio comercial, que se da entre dos partes, lo que podría derivar en el delito de trata de personas“, detalla el informe anual del Centro de Derechos Humanos. 

Fue el caso de Juan Francisco Torija quien pasó siete años en la cárcel de Tlapa por trata de personas. Juan Francisco compró a Flora cuando ella tenía 14 años por 50 mil pesos, supuestamente para que su hijo Melquiades ‘tuviera mujer’.

Pero de acuerdo al caso seguido por Tlachinollan, Juan Francisco compró a la joven a un hombre que la había raptado y abusado sexualmente de ella desde hace medio año. Luego de que Juan comprara a Flora, la puso a trabajar. Ella estuvo secuestrada cerca de nueve meses hasta que sus padres dieron con su paradero y denunciaron el caso. 

Es el centro de derechos humanos el que ha mediado en las mayoría de estos casos en una problemática que lo único que tienen de usos y costumbre es el nombre “dote” pero que encubre el abandono de las autoridades en muchos aspectos: violencia de género.  

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