‘Justicia’ con comillas: las historias de mujeres trans en Veracruz

Claudia se dedicaba a la prostitución en Veracruz, había conocido de primera mano la hipocresía de una sociedad que la amedrentaba en público por ser transgénero pero la contrataba en privado justamente por ser transgénero.

Cuando amenazó con revelar los nombres de su clientes (muchos poderosos, algunos muy famosos) fue secuestrada y asesinada a golpes por uno de ellos. Su cadáver apareció en una playa de Antón Lizardo. Los periódicos que narraron el suceso no respetaron su nombre; dijeron que murió “un hombre vestido de mujer”.  (Vía: E-Consulta)

Un crimen de odio descrito como “crimen pasional”

“Darte un número exacto sería mentirte“, me dice la activista Jazz Bustamante por teléfono cuando le pregunto sobre el número de agresiones registradas contra la comunidad LGBT en el estado de Veracruz. Solamente hacia la comunidad trans, se han confirmado 15 agresiones en lo que va del año. 

“Pero las cifras, por supuesto, son mucho más altas”, me aclara Bustamante, quien actualmente se encuentra al frente de la Secretaría Estatal de Identidad Sexual del PRD en Veracruz.

Betina, sexoservidora trans del Puerto de Veracruz

En un estado marcado por la corrupción, las agresiones no se denuncian por desencanto del sistema de justicia o por temor a más agresiones derivadas de la denuncia. De las 15 agresiones confirmadas por Bustamante, solo en 2 casos se levantó una denuncia. Únicamente una denuncia sigue en pie.

15 agresiones confirmadas en 2017 hacia mujeres trans

Si bien en todo el país la comunidad trans es marginada y estigmatizada, en Veracruz el cinismo de la sociedad es criminal: según Bustamante hay al menos 10 puntos de la zona conurbada Veracruz Boda del Río donde mujeres trans se dedican a la prostitución. “La oferta de mujeres trans es mayor a la de mujeres cisgénero porque la demanda es mayor“.

“Solamente hace dos años”, recuerda Bustamante, “una chica fue correteada por la policía en playa; querían violarla“. Ese es uno de muchos casos en que la marginación económica y el estigma social deriva en injusticia.

Nunca se le decían ella y, ni por error, mujer

Quizás el caso más célebre sea el de Brigeth, trabajadora sexual famosa en Veracruz por su imagen estilizada, sus tacones transparentes y su Mini Cooper rojo. Ella trabajó mucho tiempo en la esquina de Costa Verde y Juan Pablo II. No era infrecuente que los coches con jóvenes embriagados pasaran frente a ella sólo para gritarle “¡Brigeth, te amo!”

Brigeth

Era tan famosa que al menos dos veces los medios esparcieron el rumor de su muerte. Pero la celebridad no otorga inmunidad: Brigeth fue reconocida como uno de los 35 cuerpos que arrojaron sobre el boulevard en boca del Río. Su caso quedó sepultado bajo los cientos de titulares que aseguraban que los 35 muertos eran delincuentes.  (Vía: Animal Político)

Al respecto Bustamante me aclara que durante el peor periodo de violencia con los Zetas, no era infrecuente que los narcotraficantes obligaran a las trabajadoras sexuales a ejercer como halcones del crimen organizado.

A su parecer, los casos de mujeres trans que halconeaban por la fuerza en Coatzacoalcos no son distintos del caso de Brigeth, de quien abundan fotos en internet que celebran su belleza pero siempre aclaran “el travesti jarocho”; nunca ella y, ni por error, mujer.

Si el prejuicio lleva a pensar que estas mujeres buscaron su muerte por “andar en malos pasos”, basta mirar el caso de una mujer trans de Medellín, que, según cuenta Bustamante, tenía una estética y murió asesinada en su propia casa.

El crimen sigue impune y es difícil encontrar el hecho en los periódicos pues, como siempre, se señala de forma criminalmente imprecisa: “hombre vestido de mujer muere asesinado”.

Hoy mismo El Dictamen, periódico que vive de viejas glorias y se jacta de ser “decano de la prensa nacional”, presentó un reportaje sobre la trabajadoras sexuales trans en el Puerto de Veracruz que intenta ser solidario pero termina siendo prejuicioso.

El periódico confundía términos: decía que se trataba de “prostitución masculina” cuando hablaba de mujeres transgénero. Todo el artículo usaba las comillas para señalar las dudas del autor: “chica”, “chica trans”, como si fuera una broma, como si fuese mentira.

Sin embargo, el artículo rescata una anécdota trascendente donde la hipocresía derivó en tragedia: activistas realizaron 150 exámenes gratuitos de detección de VIH en un parque del Puerto. 20 amas de casa, que aseguraban haber tenido relaciones solamente con su marido, fueron diagnosticadas con VIH. La hipocresía es de los maridos; la tragedia, de las esposas. (Vía: Dictamen)

Jazz Bustamante celebra que la discriminación por identidad de género se castigue hasta con tres años de cárcel en Veracruz. Sin embargo, aún falta que se termine de pulir la ley que al fin tipifique los crímenes de odio, para que crímenes como el de Claudia no sean abordados por los “medios” como crímenes “pasionales”.

“Hay ultraconservadores en todos los partidos”

Hay ultraconservadores en todos los partidos“, me aclara Bustamante hacia el final de nuestra conversación. Al final del día, el estado donde las mujeres trans que se dedican al trabajo sexual son obligadas a halconear, es el mismo estado que recibió a un autobús transfóbico con los brazos abiertos. (Vía: Lado B)

La discriminación está más allá de la filiación partidista en un estado donde los “periódicos” ponen en duda la identidad con comillas: escriben “chica”, “Claudia”, “mujer trans”. Pero sólo la palabra “justicia” debería llevar comillas en sus titulares.