El gobierno federal también le entra al tráfico (legal) de armas: se triplicó lo gastado en armamento en el sexenio de EPN

Que en México el negocio de las armas está, desde hace diez años, al alza no es novedad. Pistolas, rifles, granadas e incluso lanzamisiles cruzan todos los días la frontera norte y se distribuyen, vía traficantes, por todo el país: no sólo en las zonas “calientes”, donde los enfrentamientos entre células de los cárteles y las fuerzas armadas han dejado centenares de muertos y desplazados, sino también en zonas que, aparentemente, son “tranquilas”, como la Ciudad de México, Mérida o Nayarit. Sin embargo, en el tráfico de armas (la compra-venta, más allá de su condición de legalidad o ilegalidad) también participa el gobierno federal. (Vía: La Jornada)

Según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz (SIPRI, por sus siglas en inglés), México aumentó su presupuesto destinado a la compra de armamento y equipo militar, lo que lo diferencia de los países de la región, que, en medio de crisis económicas, se han visto forzados a reducir o cortar, incluso, esas transacciones. En los últimos tres años de la administración de Felipe Calderón, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) importó alrededor de 19 mil 538 millones de dólares de armamento, comparado con lo gastado en los primeros tres años del gobierno de Enrique Peña Nieto, 25 mil 472 millones de dólares, un incremento de 30%. Como ha ocurrido año con año, el principal vendedor de armas al gobierno mexicano es el gobierno estadounidense, 72% de las importaciones de defensa fueron al vecino del norte, y, en un muy lejano segundo lugar, Francia (9%), Holanda e Israel. (Vía: Proceso)


Las compras de las fuerzas armadas se han centrado en aeronaves artilladas, transportes aéreos y blindados, buques y fragatas. En medio de una crisis de legitimidad de las instituciones federales por la aplicación “a raja tabla” de medidas de austeridad, el incremento constante y creciente en gastos “de defensa” sería difícil de justificar, sin embargo, acciones espectaculares de la Marina Armada de México, como el operativo en Tepic contra “el H2” y el cártel de los Beltrán Leyva no sólo garantiza la aprobación de estos gastos, sino el margen de impunidad y poca transparencia con la que éstos son aplicados.

Según el mismo SIPRI, en todo el mundo en el 2016 se incrementó la compra-venta de armas en zonas de conflicto, a pesar de que ciertos elementos de “tensión”, como serían el precio del petróleo o tensiones internacionales, ese año, fueron a la baja: los países que rodean Siria, Libia y Pakistán, por ejemplo, incrementaron sus arsenales, y países, como México, que tienen cada vez más complejos conflictos internos están haciendo lo mismo. (Vía: La Jornada)

Si bien México está muy lejos de ser uno de los primeros países importadores de armas (de forma legal, al menos), este incremento resulta preocupante en un país donde el Ejército, la Marina y la Policía (cada vez más militarizada) están buscando formas de legalizar su presencia cotidiana en las calles.

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