Los más de 200 huesos humanos encontrados en una fosa clandestina en Tijuana no sólo son cráneos trozados, fémures, quijadas; también son restos de hijos, padres y amigos que durante años han sido buscados por sus familiares. ¿Eventualmente de esta fosa clandestina también saldrán respuestas?
Tras la declaración de una persona detenida hace un mes, activistas de la Asociación Unidos por los Desaparecidos en Baja California con la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO) y la Procuraduría General de la República (PGR), lograron ubicar la fosa clandestina. (Vía: El Universal)
De manera inmediata los fragmentos de los cuerpos fueron enviados a la Ciudad de México para que la PGR realice los análisis de ADN correspondientes y por lo tanto, saber la identidad de los restos. Mientras, un equipo de trabajo entre antropólogos forenses y peritos permanecerán en la zona.

“Los huesos no están desechos en ácido, hay la posibilidad de tomas ADN, se tomó la decisión de que se llevaran las bolsas a ala PGR”. Declaró a medios, Fernando Ocegueda Flores, quien forma parte de Unidos por los Desaparecidos y quien desde hace 11 toas busca a su hijo secuestrado por sicariso del crimen organizado. (Vía: Animal Político)
La fosa fue ubicada en un predio adjunto a La Gallera, en la colonia Maclovio Rojas. La Gallera fue el predio en donde entre 2008 y 2009 Santiago Meza López, “El Pozolero”, confesó haber deshecho a más de 300 cuerpos en sosa cáustica.
La Maclovio Rojas y un proyecto para reconciliar
La colonia Maclovio Rojas fue conocida a nivel internacional por el caso de “El Pozolero” pero, pocos conocen el esfuerzo de un grupo de vecinos, activistas, ONG’s y artistas por hacer del predio La Gallera, un lugar de reconciliación con la memoria.
Después de que las fosas fueran selladas y tras la imposibilidad de reconocer los restos que fueron disueltos en ácido, vecinos se unieron a la Asociación Unidos por los desaparecidos y comenzaron un proyecto bajo la coordinación de la UABC que nombraron RECO (Recordar, reconstruir, reconciliar).
Fue un trabajo de acompañamiento a personas quienes pensaban que los restos de sus familiares podían encontrarse en ese predio.
“Cuando la comunidad encuentra este predio, decide que debe desaparecer, pero los familiares de los desaparecidos dicen que no. Entonces, el proyecto RECO dice, vamos a mantener un memoria que incluya a todos, es decir, una memoria donde vana estar los familiares de los desaparecidos(…).” Afirma Alfonso Díaz, uno de los coordinadores del proyecto RECO.
RECO logró que ese lugar pasará sin olvidar el dolor y mantener una memoria que permitiera a los familiares reconciliarse con sus desaparecidos.
