¿En serio la UNAM debe volver a clases ya? Estudiantes responden que no

En un mensaje dirigido a la comunidad de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el rector, Enrique Graue informó que hoy se retomarían las actividades académicas, afirmó que ninguno de los edificios sufrió daños estructurales y después de expresar su admiración por los jóvenes universitarios ante su solidaridad, cerró su mensaje con: “México necesita de sus jóvenes, de sus académicos y de su Universidad”.

Pero jóvenes, e incluso académicos, no respaldaron del todo esta decisión pues, aparte del temor y el cansancio físico por el que atraviesan, no sólo los universitarios si no gran parte de la sociedad, el temor a la normalidad fue el mayor argumento para negarse a regresar a las aulas.

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“¿Cómo regresar a las aulas cuando aún tenemos la emergencia en las calles?”, “¿cómo tomar clases cuando el duelo sigue en nuestra memoria?”,  eran preguntas que podían verse en los muros de Facebook de los estudiantes universitarios.

Por su parte algunas facultades emitieron un comunicado; fue el caso de la Facultad de Filosofía y Letras que explicaba bajo qué criterios y medidas institucionales se retomarían las actividades en las aulas.

Pero la situación es mucho más compleja, pues existe una desconfianza en las instituciones ya que son vistas como los espacios idóneos para que el estado de la normalidad se instaure.

Pero ¿qué implica regresar a la normalidad?

En primer lugar, para algunos representaría una especie de proceso de negación u olvido ante quienes viven los efectos directos del sismo, es decir, olvidarse de quienes se quedaron sin hogar o patrimonios.

Regresar a la normalidad también significaría negar nuestro miedo, nuestra vulnerabilidad y no sólo eso, ocultar con frases adelantadas que “lo hemos superado”, lo cual a muchos podría llevarlos a la frustración, a pensar que la ayuda y el brigadeo, no sirvieron de nada.

Y algo más, regresar a la normalidad significaría regresar a nuestra forma cotidiana de responder ante la emergencia, es decir, desde nuestra apatía, desde nuestro silencio, desde nuestra complicidad.

Regresar a la normalidad es pensar que la emergencia y nuestra capacidad de respuesta sólo duran 8 días.

¿Cómo podríamos hacer de nuestra empatía en los últimos días, de nuestra forma de organizar un centro de acopio, de nuestra forma de comunicar la información más allá de los medios hegemónicos, una nueva ‘normalidad’?

Hasta este momento la comunidad de las facultades de Filosofía, Psicología, Economía y Ciencias decidieron comenzar un paro activo, en algunas escuelas el paro de actividades durará una semana, en otras, se sigue votando.

¿Es posible identificar otras catástrofes que son producidas, algunas por nosotros mismos, pero la mayoría por quienes nos gobiernan, como emergencias a las que necesitamos responder? ¿Es posible replicar nuestra capacidad de respuesta?

Mañana se cumplen 3 años de la desaparición de 43 estudiantes, ¿en medio de qué tragedia permitimos vivir con normalidad las demás catástrofes?