Se declara en quiebra Remington, fabricante de la AR-15

El día de ayer, Remington, la compañía de armas más antigua de Estados Unidos se declaró en quiebra. Esto resulta un poco irónico pues ocurre justo en el gobierno de Donald Trump, quien abiertamente apoya a la industria armamentista y defiende a ultranza las políticas laxas de posesión de armas.

La compañía, fundada en 1816, enfrentaba una deuda de 950 millones de dólares y, además, durante 2017 presentó una caída en sus ventas del 27%, lo cual se tradujo en pérdidas operativas por 28 millones de dólares.

La caída en sus ventas se dio después de un periodo de jauja en donde hubo compras compulsivas de armas por una posible victoria de Hillary Clinton en las elecciones de 2016, es decir, la llegada de Donald Trump perjudicó a la empresa ya que prácticamente desapareció el riesgo de aumentar los controles de armas.

Asimismo, las matanzas realizadas en distintas escuelas y espacios públicos de Estados Unidos desprestigiaron a la compañía y alejaron a los inversores, ya que muchas de estas masacres fueron perpetradas con el famoso rifle Bushmaster AR-15, fabricado por Remington, por ejemplo la de Sandy Hook en Connecticut, de 2012, así como la del mes pasado en Parkland, Florida.

Es decir, fenómenos como las masacres no benefician en lo más mínimo a las compañías de fabricación de armamento, ya que alejan inversiones por el desprestigio que trae consigo entrar a ese mercado. Esto nos lleva a preguntarnos sobre si en realidad marcos legales laxos en el control de armas, como el de Estados Unidos, benefician a esta industria.

De primera mano parecería que no, ya que un mercado abierto de armas implica mayores riesgos para los fabricantes, justo porque se encuentran expuestos a sucesos de desprestigio, así como a problemas jurídico por responsabilidades indirectas en sucesos como las masacres, tal como sucedió con Remington en la matanza de Sandy Hook en Connecticut.

De hecho, Cerberus Capital Management, quien había adquirido la compañía en 2007, intentó vender la compañía después de la masacre de Parkland, Florida, que cobró 17 vidas, pero nadie estuvo interesado.

Respecto a la quiebra como tal, la empresa presentó ante el tribunal de bancarrota en Delaware, un plan en donde se acordó que entregarían a sus acreedores el 82.5% de la compañía por el crédito de 500 millones de dólares; los acreedores secundarios se quedarán con el 17.5% de la empresa y, el 15% restante para los demás. (Vía: El Financiero)