¿Qué es el Patrimonio Cultural y por qué es importante?

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Mucho se ha hablado de la importancia de conservar el patrimonio cultural, tanto material -que se conforma de monumentos y cualquier sitio tangible que tenga significado por su pasado histórico- como inmaterial -constituido por toda tradición que se transmite de manera oral de generación en generación-. Pero, ¿qué es el Patrimonio Cultural y por qué es importante su conservación?

Siguiendo a Gilberto Giménez, podemos definir patrimonio como la “apropiación colectiva, en forma de legado o “bien común”, de un conjunto selecto de vestigios y productos del pasado que pueden ser tanto materiales como ideales e intangibles (inmateriales), tanto naturales como culturales”.

Dicha apropiación es inevitable debido a que todos lo grupos humanos y todas las sociedades tienden a privilegiar un pequeño sector del conjunto de bienes culturales y a presentarlo como el símbolo por excelencia de su cultura y de su identidad. Como sucede por ejemplo con los Voladores de Papantla que sustentan toda la cosmovisión de la cultura totonaca en este rito particular.

Por tanto, el patrimonio cultural es todo aquello que se carga de valor y que funciona como una especie de filtro de los valores más emblemáticos de un grupo humano, y este se encuentra siempre arraigado a un territorio determinado. Inevitablemente, el patrimonio se encuentra cimentado en la memoria colectiva de los grupos y contribuye a la construcción de una identidad.

Cuando una sociedad busca asegurar patrimonio, en realidad busca dar continuidad a sus orígenes y el recurso para hacerlo es la escenificación del pasado en el presente, echando mano de la memoria que es generadora de identidad.

Sin embargo, el problema al que se enfrenta el patrimonio en la época actual es la globalización que, desde la economía política, podemos entender como la “expansión, a escala planetaria, del orden capitalista bajo su modalidad neoliberal”; esto quiere decir que se crea fricción entre uno y otro, resultando en procesos complejos que podrían terminar en el olvido del patrimonio o en la reivindicación de este a través de distintos métodos. Un ejemplo de esto puede ser la fiesta de muertos, que con el paso de los años, ha transformado su significado prehispánico para insertarse en una cultura profundamente marcada por la globalización.

Entonces tenemos que la gran amenaza del patrimonio es la globalización que procura la devaluación de este porque le resulta inútil para una lógica que pretende homegeneizar y desterritorializar para privilegiar a los mercados globales porque el patrimonio sirve para diferenciar a un grupo particular de “otros” y no responde a un modelo único.

Los mercados globales necesitan de consumidores estandarizados, flexibles e intercambiables que no se limiten por lealtades a un grupo en particular; responden a una “cultura planetaria” llamada a superar “las culturas firmemente arraigadas, las religiones sólidamente atrincheradas y las identidades nacionales demasiado fuertes”, como señaló John Carter, fundador de la Comisión Trilateral Zbigniew Brzezinski (Vía: Cultura.gob).

Es por todo lo anterior que Giménez plantea solo 3 escenarios posibles para el futuro del Patrimonio Cultural:

  1. La depreciación paulatina como repertorio inerte y frío de un pasado cultural premoderno, incompatible con la dinámica de la globalización.
  2. Su recreación y revitalización a través de políticas de resistencia que se contrapongan a la ofensiva neoliberal de la globalización.
  3. Su transformación en mercancía de consumo a través de procesos de mercantilización que lo disocien de la memoria y la identidad.

La UNESCO y diversas organizaciones de conservación de patrimonio optaron por la segunda y en 1972 se crea la Convención para la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural tras la necesidad de identificar los bienes inestimables e irremplazables de las naciones (Vía: UNESCO).

La Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO comprende una serie de monumentos y sitios de gran riqueza natural y cultural que pertenecen a toda la humanidad. Actualmente existen 936 sitios inscritos, de los cuales 725 son bienes culturales y 183 bienes naturales. México, por su parte, tiene inscritos 27 bienes culturales y 4 naturales, siendo el país con más reconocimientos en América Latina y el sexto en el mundo, solo después de Italia, España, China, Francia y Alemania.

La Constitución de la UNESCO se compromete a la conservación, progreso y difusión del saber, velando por el patrimonio universal.

Existe también Patrimonio de tipo Inmaterial que fue reconocido por la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial en el año 2003 y que es entendido como “todo aquel patrimonio que debe salvaguardarse y consiste en el reconocimiento de los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas transmitidos de generación en generación y que infunden a los consumidores y a los grupos un sentimiento de identidad y continuidad, contribuyendo así a promover el respeto a la diversidad cultural y la creatividad humana” (Vía: UNESCO).

El Patrimonio Cultural Inmaterial se manifiesta en los siguientes ámbitos:

  1. Tradiciones y expresiones orales, incluido el idioma como vehículo del patrimonio cultural inmaterial.
  2. Las artes del espectáculo.
  3. Los usos rituales, sociales y actos festivos.
  4. Los conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo.
  5. Las técnicas ancestrales tradicionales.

La Convención incluye también instrumentos, objetos y artefactos culturales inherentes a las prácticas y expresiones culturales.

México ya cuenta con 7 expresiones culturales inscritas ante la UNESCO:

  1. Mariachis, música de cuerdas, canto y trompeta (2011).
  2. Tradición gastronómica de Michoacán, cultura comunitaria, ancestral y viva: El Paradigma de Michoacán (2010).
  3. La pirekua, canto tradicional de los p’urépechas (2010).
  4. Los parachicos en la fiesta tradicional de enero en Chiapa de Corzo (2010).
  5. Ceremonia ritual de los Voladores (2009).
  6. Lugares de memoria y tradiciones vivas de los otomí-chichimecas de Tolimán: la Peña de Bernal, guardiana de un territorio sagrado (2009).
  7. Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos (2008).

Giménez propone “contrarrestar estas políticas oponiéndoles una contra-política de identidad basada en la firme convicción de que el patrimonio es una cuestión de fidelidad y de memoria, y no de rentabilidad y de mercado”, pero pareciera que la mayoría buscan obtener un beneficio monetario del patrimonio y sobran los shows de luces en pirámides o las fotografías con habitantes zapatistas de las caracolas.