#PuroIris: Father John Misty busca a Dios en el súper

¿Qué pasa cuando un chico crecido en una familia fundamentalista pasa a ser una estrella de rock? Acaso mi ejemplo favorito de una espiritualidad atípica en la música sea el de Father John Misty, quien fuera brevemente baterista de los Fleet Foxes y vivió en una van antes de ser reconocido como uno de los cantautores insignia de su generación.

Sus canciones no se pueden bailar, casi vienen ecualizadas para oídos viejos que ya no perciben con la misma facilidad la frecuencias agudas, él mismo asegura que 9 de cada diez canciones suyas son sobre el fin del mundo y aún así Father John Misty ha logrado atraer tanto a los acólitos de Tom Waits como a raperos renegados. ¿Por qué es tan atractiva su música?

Hace unos meses escribí sobre la forma atípica en que los músicos de esta generación afrontan su espiritualidad. Josh Tillman, el hombre detrás de ese nombre artístico de tintes pachecos y católicos que es Father John Misty, había lanzado su tercer álbum, Pure Comedy, que brillaba por debatir la era Trump en los términos de una balada romántica y oscura.

El éxito que cosechó Pure Comedy, uno de los mejores discos de la década, se había cocinado a fuego muy, pero muy lento. Para cuando salió de los Fleet Foxes, Tillman ya era casi un veterano de los circuitos independientes, aun cuando no cumplía 30. Fue en esa época donde asistió a una ceremonia con ayahuasca donde tuvo una revelación profesional: debía lanzarse como solista bajo un nombre rídiculo.

Cuatro discos después, pareciera que la ayahuasca tenía razón. Aunque de temperamentos semejantes, en los Fleet Foxes difícilmente Tillman hubiera abordado con éxito los temores espirituales que reflejan sus letras, llenas de condenados y arrepentidos, de apóstatas y de peculiares formas de hacer las paces con el destino y Dios.

De forma menos velada que Sufjan Stevens, pero igual que constante, Misty ha hecho de lo espiritual el tema exlusivo de su obra. Es curioso que muchos vean en esa ceremonia con una hierba ancestral un acto vagamente hippie, pero no puedan ver el matiz completamente religioso, sobre todo tratándose de unos Estados Unidos donde incluso Jordan Peterson, autor de autoayuda aclamado por la derecha gringa, es leído en clave religiosa.

En su nuevo disco, God’s Favorite Customer, Father John Misty abandona la geopolítica, pero sigue adelante con alegatos que lo hacen parecer un rebelde en la estirpe de César Vallejo: ambos critican a Dios duramente, pero no reniegan de su existencia.

Mientras en “Mr. Tillman” aborda de forma irónica los desplantes psicóticos que tuvo en un hotel, en “Please Don’t Die” (por mucho, el mejor tema del álbum) escribe de forma desesperada sobre temores que solamente puede albergar alguien que teme de forma sincera que la vida acabe pronto. El hilo conductor en God’s Favorite Customer es la depresión con la que tuvo que lidiar apenas empezaba la gira alrededor de Pure Comedy.

La mayoría de los escritores de ciencia ficción del siglo pasado creían que un mundo ultratecnológico como el nuestro sería necesariamente ateo. Sin embargo, pareciera que los celulares solo abrieron más puertas para captar fantasmas y hablar con Dios, como lo demuestran nales evangélicos y los videos de Dross. Acaso esa es la llave detrás del extraño eco que generan las canciones de Father John Misty en sus escuchas actuales: nos reconforta hablar de cosas sobrenaturales a través de pantallas.

Misty es famoso por haber vivido en una van en California mientras intentaba escribir una novela. Pero es escuchado por la forma en la que relabora su educación ultrareligiosa. Aunque su música no sea precisamente novedosa y él mismo sea la novena reencarnación del mismo cantautor blanco semi intelectual (Dylan, Springsteen, Waits, Cave, etcétera), sus letras sobre temores ultraterrenales lo hacen un extraño evangelista pop de Philip K. Dick, no de Jack Kerouac.

“Teme del hombre que lo tiene todo”, dice en la canción que da título a God’s Favorite Customer en una reelaboración californiana del mito de Job, “ahora pongo a prueba esa máxima”. Si en su pasado disco, Tillman se deshacía en reclamos, ahora es menos cruel. Si en Pure Comedy imaginaba el mundo como una obra mal escrita, ahora Father John Misty imagina la redención como un pasillo más del supermercado.

Por @edegortari