¿Por qué se celebra la Toma de la Bastilla?

Desde 1880, el 14 julio en Francia se celebra el Día Nacional, en conmemoración de la Toma de la Bastilla. La Bastilla, una fortaleza utilizada mucho tiempo como prisión, era considerada uno de los símbolos de la tiranía del Rey.

Para que una persona fue encerrada allí, sólo se requería de una “letter de cachet”, es decir, de una carta sellada firmada por el rey o por algún otro alto funcionario. Cualquiera que no fuera del agrado del rey podía terminar en esa cárcel; representaba fielmente la arbitrariedad del antiguo régimen. Por ese motivo, el asalto a esta prisión se considera el inicio de la Revolución Francesa.

Sin embargo, la historia no es sólo una colección de acontecimientos, también es la construcción de un pasado en el que toda una nación pueda identificarse. Para crear este sentimiento de pertenencia muchos hechos suelen exagerarse.

Hubert Robert, Demolición de la Bastilla

Por ejemplo, el pintor revolucionario Hubert Robert, en su cuadro Demolición de La Bastilla, la retrata como un terrible castillo gótico lleno de sombras y secretos, como aquellos que nuestra mente sólo podría imaginar en pesadillas. En el imaginario colectivo dominaba la idea de que era un lugar destinado a la tortura, repleto de cadáveres y esqueletos. De hecho, los presos que fueron liberados, desfilaron por la ciudad como héroes.

La realidad era distinta. La Bastilla era una pequeña fortaleza que Carlos V mandó a construir en 1370 para defender París. Tenía 8 torres de 25 metros de altura, una fosa y un par de puentes levadizos. Al crecer la ciudad, perdió su importancia estratégica, por lo que fue convertida en prisión. En promedio, nunca tuvo más de 40 presos.

 

En 1789, cuando fue asaltada la Bastilla, había sólo 7 prisioneros, pero 131 oficiales. La razón de esta desproporción entre guardias y presos, era porque, en esos días, se usaba, sobre todo, como armería. En ese momento corría el rumor de que saldrían los soldados a las calles a masacrar a quienes protestaban por la situación económica en la que vivían. Por ello, decidieron ir a buscar a esta vieja construcción armas, balas y pólvora, para poder enfrentar a la Guardia Nacional.

La caída de la Bastilla representó, más que nada, un triunfo sobre el rey, Luis XVI. De hecho, se vio obligado a ordenar que los regimientos volvieran a sus cuarteles. De algún modo, a partir de este momento, perdió autoridad. Incluso, llegó a afirmar que su peor error fue no haber abandonado París después de ese día.

Un par de días después empezaron a demoler la estructura. Al finalizar el año, ya no quedaba en pie ni una sola piedra. Actualmente sólo quedan unos cuantas piedras de diferente color señalan el sitio donde se encontraba la antigua fortaleza. En su lugar, actualmente, se encuentra la Plaza de la Bastilla. Algunos de sus cimientos aún pueden verse en la estación del metro La Bastille.