Ayer, en un sólo día, dos periodistas fueron asesinados y una más está luchando por su vida en un hospital de Jalisco: Javier Valdés, Jonathan Córdova y Sonia Córdova. Ayer, cuando ni bien terminábamos de publicar (de procesar, de tratar de encontrarle un sentido) a la muerte de Javier, los diarios jalicienses informaron de la emboscada contra los Córdova, ella, directora del diario El Costeño, él, reportero para el mismo. Y llega un punto en el que ya no es posible seguir registrando muertes sin que algo dentro se quiebre en todxs, y llega un punto en el que sin saber bien qué hacer, sabemos que tenemos que hacer algo.
A Miroslava la mataron por lengua larga. Que nos maten a todos, si esa es la condena de muerte por reportear este infierno. No al silencio.
— Javier Valdez (@jvrvaldez) March 25, 2017
En la mesa de redacción de Plumas Atómicas nunca hemos recibido amenazas de muerte, no hemos perdido a uno solo de nuestrxs compañerxs por una bala, por una granada, por fuego cruzado, por una “advertencia”. No somos, en el sentido más estricto de la palabra, periodistas, recibimos, leemos, analizamos, comentamos y difundimos el trabajo de los que sí, por lo tanto, cada nota, cada video, cada contenido que publicamos se los debemos a cientos que salen todos los días seguros, como estaba Javier, de que eventualmente habrá una bala con su nombre y habrá una investigación que no llevará a nadie.
Diez años de guerra contra el narco, más de cien periodistas asesinados y el Estado sigue considerando cada una de sus muertes como eventos aislados, como si cada ataque no fuera parte de un “mensaje”, como si el silencio no fuera necesario para aparentar que no hay nada que ver, que no hay nada que reclamar, que no hay nada que dolernos, que no hay nada que nos permita condolernos. La muerte de Javier, de Jonathan, de Miroslava, de Filiberto, de Ricardo, de Maximino y de Cecilio son, en este año, la cuota que marca el silencio, y es una cuota que nadie puede, ya, normalizar, que nadie debe callar.
Tuits, mensajes “a la Nación”, investigaciones “para aplicar todo el peso de la ley” no han resultado efectivos. Ayer dos periodistas murieron. Ayer, dos periodistas fueron asesinados. Ayer, dos periodistas fueron silenciados. Hoy, los medios denunciamos. Hoy, los medios con nuestro silencio o con la voz hecha un nudo en la garganta, decimos que no puede haber ni uno más. Que no puede haber silencio.
Como equipo de redacción, Plumas Atómicas se suma a la condena de la muerte de Javier, de Jonathan, del atentado contra Sonia, del asalto a los periodistas en Guerrero, del asedio a los medios independientes, del ataque armado a las redacciones del Semanario Zeta, de Río Doce, del allanamiento y robo de ya no sabemos cuántas redacciones. Nos unimos a la condena y exigimos justicia para cada uno de sus casos, pero también nos unimos a la exigencia de reconocer esta violencia como un ataque directo contra todxs: nadie gana del silencio más que los cómplices.
Hemos decidido, como equipo, seguir publicando el día de hoy, pero hacerlo todo el día exigiendo justicia, exigiendo que haya ni uno menos, que no puede haber silencio.
