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‘Yo era un fanático, ahora soy libre’: ex mormón gay

Imagen: Especial

Para millones de creyentes, la fe que profesan es sinónimo de cariño, libertad y comprensión. ¿Pero qué pasa cuando la gente al interior de una institución religiosa le hace la vida imposible a otros feligreses? ¿Qué sucede cuando te rechaza la gente en la que buscaste aceptación? ¿Qué pasa cuando debes renunciar a una relación tóxica con una comunidad? Israel Flores Álvarez fue mormón durante 12 años, pero renunció para vivir libremente su homosexualidad.

Nacido y crecido en Puebla, se convirtió al mormonismo cuando tenía 20 años.

Cuando entre a la Iglesia yo ya sabía que era gay. Vivía en un proceso de confusión. Realmente entré a la iglesia esperando sanar, cambiar. La realidad es que no entré por fe; entré buscando aceptación y la encontré. Empecé a absorber los conceptos mormones.”

 

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Su entrega y conducta ejemplar le permitieron ascender en el organigrama de una organización religiosa que se jacta de tener 15 millones de integrantes alrededor del mundo. Y aunque disfrutaba pertenecer a esta comunidad, prefirió dejarla para vivir libremente.

Salí del clóset en el 2014, abandoné la fe y la institución. Conforme fui investigando la historia del mormonismo me fui dando cuenta de que no era lo que yo pensaba”.

Pero ni siquiera abandonar la institución es un camino terso:

Para salir de ella se convoca a un juicio. Se presentan cargos, tú como acusado puedes presentar pruebas y esas 15 personas deliberan si serás castigado o excomulgado. Yo no fui a juicio”.

Por fortuna, Israel pudo salir por medio de un trámite en Utah, Estados Unidos, el Vaticano del mormonismo. “Yo no deseaba ya que mi nombre figurara en los registros.” Renunció a la iglesia a mediados del 2017 por sus posturas ante la comunidad LGBT.

En el camino, Israel conoció de primera mano las actitudes de los mormones hacia la homosexualidad porque él mismo las profesó:

“Hubo un momento en que me convertí en un mormón muy fanático. Pero siempre me causó mella que se presione tanto en la condena a la homosexualidad y en que la gente se case y tenga hijos. En ese tiempo me negué a mi mismo. Conforme pasó el tiempo fui cayendo en depresión.”

Para el mormonismo, una persona puede ser gay siempre y cuando no tenga pareja y permanezca célibe. Según me explica, los documentos del mormonismo son fijados por “profetas vivientes”, que ellos consideran que hablan con Dios. En 1995 estos publicaron un documento en el que anunciaban que el único tipo de matrimonio aprobado por Dios era entre hombre y mujer.

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A diferencia del catolicismo donde lo dicho en el Evangelio tiene mayor peso que el relato de Sodoma y Gomorra, en el mormonismo pesa muchísimo lo que opine un profeta viviente desde el máximo órgano de gobierno de la iglesia. Este posicionamiento ha permitido que la institución participe activamente en marchas y organizaciones contra, por ejemplo, la adopción homoparental:

“En México la Iglesia Mormona participa activamente en el Frente Nacional por la Familia y en la Unión Nacional Cristiana, proporcionando apoyo logístico y monetario a fin de mantener a raya toda iniciativa que luche por el matrimonio igualitario y la adopción.”

Tras ser líder de varias organizaciones en Puebla, Israel tuvo acceso a información privilegiada:

“Puedo constatarte este apoyo. Además del dinero y la logística, la Iglesia repartió folletos en las congregaciones invitando a las marchas contra el matrimonio igualitario.”

Actualmente trabaja en Afirmación LGBT, una asociación que ayuda a mormones pertenecientes a la diversidad sexual, además de buscar un diálogo entre los líderes de la iglesia mormona y aquellos con una orientación sexual condenada por su iglesia.

Pero en el camino hay eventos de los cuales Israel se arrepiente personalmente: aunque llegó a tener parejas mientras aún seguía en la institución, con las que mantuvo noviazgos casi clandestinos, desde su lugar en la comunidad cedió en alguna vez al guión que se esperaba de él y ejerció la condena pública de la homosexualidad:

“Yo era de los que señalaba con dedo de escarnio, yo estuve en consejos disciplinarios donde se juzgó por homosexualidad y llegué a señalar a los sometidos a este consejo, cosa de la que me arrepiento profundamente hoy en día. No me quiero justificar, pero llegué a creer que Dios me iba a aceptar, pero ahora sé que Dios ve por encima de los prejuicios.”

Su conocimiento de la doctrina mormona es muy amplio y profundo, aún recuerda con beneplácito la belleza del templo mormón y extraña a gente de la comunidad que frecuentó por más de diez años.“Me dolió mucho en su momento ya no poder entrar al Templo, un Templo que me hacía sentir especial”. Pero nada de eso se compara con la libertad que conoció fuera de la institución. “Yo era un fanático, pero ahora soy libre”, admite mientras repasa una historia que incluye represión, pero también redención.

Por @edegortari