El 28 de junio, el Colectivo Chopeke, en colaboración con Ronald Rael y Virgina San Fratello, instaló tres sube y bajas en la frontera de México y Estados Unidos. Los juegos fueron instalados (por Taller Herrería de Ciudad Juárez) en El Paso, Texas, en una pared financiada de manera privada en Sunland Park.

El arquitecto Ronald Rael declaró que la idea surgió en 2009 y fue hasta ahora que pudieron llevarlo a cabo. Dijo que mediante el sube y baja gente de ambos lados de la frontera puede compartir y divertirse.

“Hay buenas relaciones entre los Estados Unidos y México y la gente de los dos lados. Usar un sube y baja muestra que somos iguales y podemos estar juntos jugando y divirtiéndonos. También el muro corta estas relaciones que tenemos. Mira, lo que hace uno en un lado tiene impacto en el otro, y eso es lo que es un sube y baja exactamente”. (Vía: CNN)

Muchos aplaudieron la iniciativa que “une a la gente que ha sido separada”. Esta instalación es una pequeña resistencia a las políticas de ambas naciones, en la que la diversión descoloca las relaciones violentas que se han instaurado entre ambos.

Sin embargo, esta instalación también parece suavizar la violencia que sucede en la frontera. A partir de convertirlo, literalmente, en un juego de niños, el impacto social y económico de la frontera también queda reducido a un juego.

Sube y baja en frontera
Comentario de la historiadora del arte Baby Solís, sobre las posibles lecturas de la instalación. (Imagen: Instagram)

Al decir que los sube y baja “desaparecieron la frontera” se borran las violencias que se ejercen día con día en ella. La frontera no se puede borrar; para cientos de mexicanos y centroamericanos está terriblemente presente.

Convertir esta división que cobra la vida de miles de migrantes en un “parque de juegos” también trivializa la crítica que se le puede hacer a las políticas internacionales de migración. A muchos latinos, este “juego” les cuesta la vida. 

Los comentarios que han aparecido en redes sociales también prueban que mientras unos resisten con la diversión, otros la politizan. Varios usuarios han comentado que si alguien empuja a otro suficientemente fuerte, podrá cruzar volando por la frontera. La imagen es graciosa, sus implicaciones no tanto. ¿La diversión que puedan experimentar mexicanos y estadounidenses siempre estará atravesada, literal y simbólicamente, por la frontera? 

La facilidad con la que se instalaron los juegos también ha llevado a varios estadounidenses a preguntarse qué es lo que evita que los migrantes coloquen una escalera y crucen la valla fronteriza. La frontera, las relaciones internacionales y hasta la vida de los migrantes se ve trivializada.

Colocan sube y baja en frontera
“Pensé que era para que los niños volaran sobre la frontera”
“Si un lado empuja fuerte, tal vez lance a alguien”
“Pregunta, ¿qué tan difícil es poner una escalera de ambos lados y sólo escalar, qué los está deteniendo físicamente?”
(Imagen: Comentarios en Instagram de Ronald Rael)

La implementación de juegos también puede desaparecer las situaciones de la misma. Un comentario en el comentario de Youtube dice que pueden aprovechar la arena para jugar volley-ball, desestimando todas las muertes que ha cobrado el desierto de Sonora. 

Colocan sube y baja en frontera
“Cercas altas hacen buenos vecinos”. (Imagen: comentario de Youtube)

Así como los sube y bajas permiten a distintas familias divertirse en la frontera, recordemos que en esa misma frontera se separaron a 1,995 niños de sus familias entre 2017 y 2018. (Vía: Vox)

Todo arte tiene implicaciones políticas, ¿cuáles serán las de esta instalación?