Un año ha pasado… ¿qué es lo que sabemos sobre el caso Ayotzinapa?

A punto de que se cumpla un año de la desaparición de los 43 normalistas de la Escuela Normal Rural, Raúl Isidro Burgos, las investigaciones no han concluido. Nos encontramos ante información contradictoria, acusaciones, descalificaciones y un informe de más de 500 páginas que ha incomodado a los encargados oficiales de la investigación. Pero no se preocupen, aquí les presentamos un resumen sobre el estado actual de las investigaciones, para que podamos todos hacer las preguntas correctas y los reclamos pertinentes.

No te conformes con la verdad histórica, ni con las visiones exageradas. Para entender nuestro México actual y por qué este caso es tan indignante, hay que hacer un recuento de lo que este año nos ha dejado en cuanto a investigaciones. Antes de condenar o alabar, es importante hacer recaudo de hechos y argumentos.

Hasta el momento, se han detenido 111 personas supuestamente relacionadas con este caso, entre funcionarios municipales de Iguala y Cocula y presuntos miembros de “Guerreros Unidos“. Destaca el presunto responsable de la desaparición de los 43 normalistas, Gildardo López Astudillo, alias “El Gil”.

Por otra parte, el Grupo Internacional de Expertos Independientes (GIEI) publicó recientemente el #InformeAyotzinapa. Aunque la mayoría de la atención se ha dirigido a su postura entorno al supuesto incendio en Cocula, el Informe toca muchos otros temas relevantes para la investigación. Es fácil perderse en toda esta maraña de datos, por eso te la presentamos de la manera más clara que pudimos.

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Verdades y suposiciones de lo que ocurrió la noche del 26 de septiembre

Todavía no queda muy claro que es lo que ocurrió la noche entre el 26 y el 27 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero. No obstante, tenemos una idea general de lo que pudo haber ocurrido, y algunas evidencias y testimonios más o menos certeros.

Certeza: El 26 de septiembre de 2014, un grupo de estudiante de la Escuela Normal “Raúl Isidro Burgos“ realizaron actividades de toma de autobuses y “boteo“, y se encaminaron a Iguala, Guerrero. Desde antes de llegar (aproximadamente desde las 17:59 hrs. de ese día) la policía estatal, la policía federal y el Ejército se encontraban vigilándolos y sabían que eran estudiantes provenientes de Ayotzinapa.

Suposición: El primer culpable señalado, fue el expresidente municipal de Iguala, José Luis Abarca. Su esposa, María de los Ángeles Pineda, presidenta del DIF hasta ese momento, llevaba a cabo su informe de labores. Según la versión oficial, se cuenta con grabaciones en las que Abarca ordena a la policía municipal proceder contra los normalistas con el fin de que no interrumpieran a Pineda. No obstante, información reciente demuestra que los autobuses en los que viajaban los estudiantes llegaron a Iguala después de que el evento hubiera terminado, por lo que no queda claro el móvil de Abarca y Pineda, ni su posible participación.

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Certeza: El nivel de violencia ejecutado en contra de los estudiantes claramente estuvo fuera de proporción. Los normalistas no portaban armas, no boicotearon ningún acto político y no atacaron a la población. Según el #InformeAyotzinapa, las agresiones se encuadran entre las 21:40 y las 00:30 hrs. en nueve escenarios diferentes:

  1. Calle Galeana: Disparos al aire y contra autobuses y normalistas tras salir de la central.
  2. Cruce Juan N. Álvarez y Periférico norte: Concentración de 3 autobuses y unos 70 normalistas entre dos fuegos. Al menos 10 patrullas de policía de Iguala y Cocula. Ataque indiscriminado a normalistas hiriendo de extrema gravedad a uno y a otros dos de forma grave. Un autobús con al menos 25 normalistas detenidos y luego desaparecidos. Disparos dirigidos al autobús con pasajeros dentro.
  3. Frente al Palacio de Justicia: un autobús con entre 15 y 20 normalistas es detenido y destrozado por los policías de Iguala. Los ocupantes son golpeados, forzados a bajar, detenidos y luego desaparecidos.
  4. Salida de Iguala antes del Palacio de Justicia: Un autobús tomado por 14 normalistas es detenido y sus ocupantes amenazados con armas de fuego y perseguidos, se escondieron más tarde en un cerro.
  5. Crucero Santa Teresa: Ataque contra autobús de Los Avispones, que habría sido confundido con un autobús de normalistas y varios autos más. Se produjeron tres muertos y cuatro heridos muy graves y varios heridos graves.
  6. Mismo lugar, momentos después un segundo ataque: otro taxi y otro autobús fueron baleados, varios heridos por arma de fuego.
  7. Carretera de entrada a Iguala y Periférico. Persecución y disparos contra un grupo de 14 normalistas, que no fueron heridos y sobrevivieron.
  8. Juan N. Álvarez y Periférico: rueda de prensa de normalistas. Patrullaje de policía municipal y protección civil. Dos normalistas fueron asesinados con disparos a quemarropa, uno es herido de gravedad y hay varios heridos más.
  9. Camino al Andariego. Homicidio de un normalista que previamente fue brutalmente torturado

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Todos estos hechos produjeron confusión miedo en la población local, que perdura hasta ahora. Las víctimas directas suman  cerca de 180: 6 ejecutados extrajudicialmente, más de 40 heridos, 80 víctimas de persecución y atentados, más de 30 sufrieron ataques contra la vida, y 43 normalistas fueron detenidos y desaparecidos forzosamente.

Suposición: La escala del ataque sugiere una coordinación difícil de lograr si se tratara de eventos fortuitos o improvisados. El C-4 (un sistema de coordinación para las diferentes policías municipales, estatales, federales y el Ejército) estuvo en funcionamiento todo el tiempo, todas las instancias estaban al tanto de lo que ocurría y de quiénes eran los estudiantes en los autobuses. De tal manera, que la tragedia se pudo prevenir si las fuerzas de seguridad federales hubieran actuado. Tampoco hay certeza de la participación del Ejército y la Policía Federal, ¿fueron simples espectadores?, ¿son responsables por omisión?, ¿o tuvieron un papel activo que todavía no se ha esclarecido?

¿Por qué se habla de un quinto camión?

Independientemente de las razones por las que fueron atacados los normalistas, el objetivo de los atacantes claramente se decanta por evitar que los autobuses salieran, que llegaran a su destino o que huyeran. El primer informe de la Procuraduría General de Justicia (confirmado por testigos) habla de cinco camiones con normalistas, pero el expediente posterior de la Procuraduría General de la República solo menciona cuatro.

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La presencia del quinto autobús ya había sido reconocida por la PGR antes de que saliera el #InformeAyotzinapa, pero la información relativa a ello continúa siendo confusa y contradictoria. Por ejemplo, en el expediente se consigna un autobús de Estrella Roja tomado por los normalistas, pero evidencia videograbada sugiere que se trata de un camión distinto al que se ubica en los hechos de Iguala.

Hipótesis: La presencia y confusión sobre el quinto autobús podría parecer un hecho menor en el contexto de toda la investigación. Pero también podría tratarse de una pieza clave para entender por qué sucedió todo esto. Según una investigación del GIEI el tráfico de drogas en autobuses desde Iguala hasta Chicago está plenamente documentado por organizaciones estadounidenses. Algunos autobuses de distintas compañías viajan “cargados“ con drogas, y salen precisamente de Iguala. Existe la posibilidad de que uno de estos autobuses fuera tomado circunstancialmente por los normalistas de Ayotzinapa, y esto desatara la ola de violencia que cayó sobre ellos.

El incendio de Cocula y la “verdad histórica“

Uno de los puntos más cuestionados de la llamada “verdad histórica“ de la PGR es el destino de los 43 estudiantes desaparecidos. Según declaró Jesús Murillo Karam (exprocurador) en una conferencia de prensa, presumiblemente los restos de los 43 fueron encontrados en un basurero en el municipio vecino de Cocula, calcinados y desmembrados. De acuerdo a testimonios de dos personas apresadas y pertenecientes al grupo “Guerreros Unidos“, los jóvenes fueron quemados en el lugar.

No obstante, el grado de calcinamiento, la potencia del fuego necesario para lograrlo y la posición en la que supuestamente se encontraban los cuerpos generaron severos cuestionamientos de diferentes voces en todo el mundo. Adicionalmente, la información pericial hasta ahora no cancela la posibilidad de que los cuerpos hubieran sido “sembrados“. Los testimonios de los supuestos responsables, por otro lado, son contradictorios en muchos niveles. No sólo en lo que se refiere a la quema de los cuerpos y a la manera en que se llevó a cabo; sino también en cuanto a los móviles, la identificación y el manejo de los desaparecidos. Lo mismo ocurre con el testimonio del recientemente apresado Gildardo López Astudillo, quien aseguró que él mandó a quemarlos en ese mismo basurero.

Versiones encontradasEl GIEI pidió un peritaje a un experto reconocido mundialmente sobre la posibilidad de que un incendio se hubiera llevado a cabo  bajo las circunstancias del basurero. José Luis Torero concluyó que el incendio en Cocula es “científicamente imposible“; pero de inmediato muchos detractores asegurando que de acuerdo a las condiciones del lugar, “pudo haber pasado“. No sólo eso, también han condenado a Torero y cuestionado su profesionalidad.

¿Por qué la versión de la quema de los cuerpos ha generado tantas dudas, si se supone que se apoya en pruebas científicas? En primer lugar, porque en muchos momentos el Gobierno de México ha fallado en juzgarse a sí mismo, baste con mencionar a Echeverría y la matanza del 68, a Zedillo y Acteal o a Eduardo Bours y el incendio en la guardería ABC.

Y en segundo lugar, porque las pruebas no son concluyentes y los peritajes realizados por la PGR se hicieron en condiciones sospechosas y con pocos mecanismos de vigilancia o regulación. Recientemente, se confirmó la identidad de uno de los normalistas entre los restos de Cocula, y se sugirió la de Jhosivani Guerrero de la Cruz. Aunque las pruebas tienen bastante confiabilidad (aquí puedes ver en qué consistieron), los resultados se cuestionan porque no hay seguridad siquiera de que los restos enviados al laboratorio fueran los mismos que se encontraron en Cocula. Como decíamos líneas arriba, hay buenas razones para la desconfianza.

Los culpables de la desaparición, 111 detenidos

Animal Político realizó recientemente un trabajo periodístico en el que enumeran a todos los detenidos por este caso. Como sabemos, incluyen a José Luis Abarca y María de los Ángeles Pineda; pero también a Noemí Berumen, joven que supuestamente los ocultaba en la Ciudad de México. El resto se reparten entre la Policía Municipal de Iguala, la Policía Municipal de Cocula y miembros del cártel Guerreros Unidos.

Actualmente, 43 efectivos de la Policía de Iguala se encuentran en la cárcel, incluyendo al subdirector Francisco Salgado Valladares. También hay 15 elementos de Cocula, y también se incluye al pasado subdirector de la dependencia, César Nava González. Por parte de los Guerreros Unidos, se han capturado 50 personas, de las cuales sólo 17 han sido dadas a conocer.

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Ninguno de los personajes que presuntamente forman parte de Guerreros Unidos forma parte de los “90 más buscados“ por el Gobierno de México. El de más alta jerarquía es Sidronio Casarrubias Salgado, líder regional que solía ser parte de la organización de los Beltrán Leyva. Por lo revelado por la PGR, Casarrubias no tuvo participación directa en el ataque ni en la desaparición, pero dio la orden a Gildardo López Astudillo para que la llevara a cabo.

Los más destacado de todo esto, es que solo se han procesado autoridades locales y supuestos criminales en el caso. Como dijimos más atrás, tanto la Policía Estatal, como la Federal y el Ejército tuvieron conocimiento de todo lo que estaba ocurriendo por medio del sistema C-4. Adicionalmente, las Fuerzas Armadas acordonaron áreas relevantes para la investigación e impidieron el acceso a otras instancias de investigación.

Agujero  en la investigación: Aunque tenemos certeza de que autoridades estatales y federales estuvieron presentes en la noche entre el 26 y el 27 de septiembre en Iguala, no sabemos qué es lo que estaban haciendo ahí. Sabemos que estuvieron enterados de los hechos, pero no sabemos por qué no brindaron protección para que los ataques contra civiles se detuvieran. Así hubiera sido solo la Policía Municipal o hubieran participado criminales, tenían la obligación de hacerlo. ¿Por qué se quedaron como espectadores?, ¿acaso no tenían la obligación legal de detener los ataques y proteger a los estudiantes?

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A pesar de todo esto, la investigación de la PGR ha insistido en quedarse solo en lo local. No hay explicación para las acciones y las omisiones de las policías estatales y federales o el Ejército. Más aún, no hay señalamientos de que se esté investigando al respecto. ¿Por qué? La sociedad civil, el GIEI y los familiares de las víctimas han señalado con insistencia que se necesita indagar en la culpabilidad de todo el Estado, mientras que las investigaciones oficiales pretenden dejarlo todo en el Gobierno Municipal.

El rostro imprescindible de las víctimas

Más allá de las intrigas políticas y las investigaciones irregulares, no podemos olvidar que el caso Ayotzinapa no solo es archivo y crisis política. Hay 180 víctimas directas y cerca de 700 familiares directos de las víctimas que han tenido que padecer malos tratos, miedo y consecuencias negativas en general. La tragedia ha cimbrado nuestras consciencias por la brutalidad de los ataques y por los rostros de los que lo sufrieron.

“Yo lo que puedo decir ahorita, donde quiera que esté mi hermano, que tenga fuerza y que tenga la esperanza de que pronto lo vamos a encontrar. Y si regresa mi hermano con vida, seré muy feliz, con mi hijo, con mi esposa, toda mi familia. Lo agradeceré a Dios y a todas las personas que nos han apoyado. Aunque si perdió la vida, igual agradecerle a toda la gente. Pero debo ser positivo mientras no haya pruebas. Y aquí debo estar con los padres y luchar, encontrarlos”. Citado por Informe Ayotzinapa

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Pase lo que pase, en la mente de quienes han marchado, se han pronunciado o han exigido respuestas siempre están las víctimas y la injusticia. Solo con la consciencia de la víctimas, la empatía y la indignación se hacen posibles. Hay 43 estudiantes involucrados en este caso, 43 historias de vida, familias, proyectos truncados, esperanzas y 43 mundos que al momento nos hacen falta. Un recuento de los hechos estará siempre incompleto sin la mención de todo lo que fue desaparecido esa noche en Iguala.

Por: Redacción PA.